(14/01/2008) Cuestiones palpitantes
A mi entender, y sobre todo en España, hay dos, mejor dicho tres cuestiones que, parafraseando un famoso libro de Emilia Pardo Bazán, merecen ser calificadas de palpitantes. Son el exilio cubano, las víctimas del terrorismo etarra y la “cuestión” judía. Julia Escobar. ECONOMIA. 14/01/2008
¿Qué tienen en común los tres temas? Sin duda alguna el silencio obstinado con el que la izquierda envuelve cualquier iniciativa que les ayude a escapar del geto ideológico en que se les ha metido.
Excepto si es para denigrarlos o descubrir en ellos, o en quienes les ayudan, oscuras intenciones que nuestras autoridades gubernativas están a un milímetro de calificar de subversivas, como por otra parte ya hacen con una cuarta “cuestión palpitante”: la de la Iglesia Católica y su derecho a manifestarse como les venga en gana.
Dada la siniestra e histórica connivencia de la izquierda europea con todas las causas “revolucionarias” de izquierdas que en el mundo han sido y que han utilizado, y utilizan, unos métodos policíacos y represivos que ellos nunca concebirían (que lo deseen es harina de otro costal) en sus propios países, ni siquiera cuando gobiernan, tal silencio o desprecio, sería como la prueba del nueve de que esas tres o ya cuatro causas merecen todo el apoyo que las personas e instituciones defensoras de la libertad puedan darles.
Es lo que ha ocurrido con las jornadas sobre la revolución y la homosexualidad en Cuba, apoyadas y patrocinadas por la Comunidad de Madrid. A través de testimonios, de documentales y de películas como la célebre Conducta impropia de Néstor Almendros se ha demostrado fehacientemente que enla Cuba de Fidel a los homosexuales, con independencia de su ardor revolucionario, se les ha tratado con una crueldad, propia de nazis y totalmente inimaginable en ningún otro país de la misma época y no digamos de la de actual. La ausencia de colectivos homosexuales como los representados por Zerolo y Beatriz Gimeno, tan activos cuando se trata de disfrazarse y de desfilar por las calles, ha dejado patente su desprecio por la libertad, incluso cuando la amenazan en aquello mismo que ellos pretenden reivindicar.
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