El siglo XIX es considerado el gran siglo de la medicina y la farmacopea. Destaca la aspirina, nombre comercial "patentado" (como describe cuidadosamente el DRAE) del acetilsalicílico. Este medicamento se extrae de la corteza del sauce, cuyos poderes curativos se remontan a la antigüedad. Abandonado en la Edad Media, hubo que esperar al XVIII para que fuera nuevamente utilizado con fines curativos. En 1897, Hoffmann sintetiza el ácido acetilsalicílico que el laboratorio Bayer registró en Berlín con el nombre de Aspirina el 6 de marzo de 1999. Primero se presentó en forma de polvo blanco y luego en el comprimido.
Ortega y Gasset escribió: "La vida del hombre medio es hoy más fácil, cómoda y segura que la del más poderoso en otro tiempo. ¿Qué importa no ser más rico que otros si el mundo lo es y le proporciona magníficos caminos, ferrocarriles, telégrafos, hoteles, seguridad corporal y aspirina?'. Este juicio sigue estando vigente más de cien años después .
La acción terapéutica de este medicamento es muy amplia: analgésico, antiinflamatorio, antipirético y anticoagulante, y no hay año en el que no aparezcan nuevas aplicaciones. Como dijo Ángel Martínez Municio, historiador de la ciencia, "los continuos descubrimientos sobre las aplicaciones de la aspirina son un claro ejemplo de cómo viejos fármacos pueden prevenir y curar enfermedades muy nuevas."
La aspirina no sólo está en los botiquines, sino que ha sido incorporada a diferentes formas artística: obras de la literatura hispanoamericana; en el cine, Aspirina para dos (Woody Allen); y en los cómics. Para terminar con el anecdotario, una canción de Juan Luis Guerra dice "me sube la bilirrubina y no lo quita ni la aspirina". Reflejo de la popularidad de este fármaco.
Efemérides. 06/03/2007
Nada como un buen trancazo para aislarte del mundo, pensé cuando sentí los primeros síntomas. Me daré un atracón de lecturas atrasadas, me pondré al día con todas mis series favoritas y me daré una panzada de cine de los años cincuenta. No oiré ninguna tertulia radiofónica, ni miraré los telediarios.
No contestaré al teléfono. Atrancaré puertas y ventanas para que no se cuele la realidad política por los intersticios. Prohibiré que me traigan la prensa. Diré a los míos que no me den más noticia que la del florecimiento de los prunos y de las elecciones anticipadas.
Tal vez, destemple y tos mediante, pueda llegar a olvidarme de que son ya tres los años de "zapaterror", como llaman algunos franceses a la promesa electoral de Segolène Royale (líbrales, Señor).
Mis buenos propósitos duraron tres libros (Max Blecher, Acontecimientos de la irrealidad inmediata, José Jiménez Lozano, Advenimientos y Santiago Miralles, El círculo Liebniz), dos DVDS (Eva al desnudo y Carta a tres esposas) y cuatro series (Everwood, House, Mujeres Desesperadas y Camera Café) que disfruté en diferentes grados.
Hasta que recibí un SMS alarmante: "Los ciudadanos de bien apoyamos al Gobierno legítimo de España. Pásalo". Me pregunté si la banda terrorista ETA se habría levantado en armas, pero me dijeron que se trataba de la manifestación que era "facha".
El antibiótico me había dejado ya sin fiebre, y me sumé al vértigo de las multitudes del 10-M, que visioné por entero en Telemadrid. Luego comparé cifras. En efecto, aquel SMS me había devuelto bruscamente a la (i)rrealidad inmediata.
Gaceta de los Negocios 19/03/2007