El tontario de Flaubert
Me dicen que tengo que alimentar este blog, pues para eso lo he abierto. Bien. Pero cuesta lanzarse. Sobre todo porque no tengo un objetivo muy definido; por un lado, he empezado a utilizarlo como banco de pruebas de mi literatura, o como lugar donde colocar el sobrante de la misma y no creo que sea buena idea; también puedo concebirlo como un sucedáneo de ese diario que he llevado durante treinta años y al que recurro cada vez con menor asiduidad. Escribir un diario es una especie de perversión moral, es como escribir para un agujero en el que se van echando y perdiendo las palabras, pues nadie las comenta ni puede comentarlas (excepto que los publiques periódicamente, como hacen algunos), es una labor inútil pero de una inutilidad creativa, si se quiere, o mejor dicho, recreativa, en suma, un ejercicio literario. Hay algo de orgullo fatal o de orgullo desmedido en ese ocultamiento de las propias palabras, y la seguridad que da la impunidad del crimen. Es fácil ser valiente ante un agujero. Pienso que acabo de justificar esta bitácora: lanzar al mundo mis palabras sin otro objetivo que encontrar un eco de acuerdo a una cronología arbitraria y una narración espontánea que escapa a cualquier proyecto literario medianamente coherente. ¿Pero no son demasiadas cosas? Escribir para uno, escribir para los demás, escribir para ganarse la vida, escribir para vivir la vida, escribir para seguir escribiendo, para no olvidarse.
Podría tal vez empezar por recoger material que he ido cosechando –y utilizando–, citas, frases, proverbios. Una especie de diccionario de uso personal, o “librillo de maestrillo” que, si fuera una escritora famosa, ya habría publicado con todo el morro. Un blog no es un lugar impune, pero tampoco definitivo. Me gusta esa maleabilidad y sólo mi torpeza tecnológica me ha impedido lanzarme antes a esta enorme piscina que tiene la gran ventaja de ser la única en la que se puede nadar y guardar la ropa. O al menos, intentarlo. Así pues, empezaré con mi contribución a la obra inacabada e inacabable de Flaubert: Diccionario de lugares comunes o “Tontario”. Lo inicié en 1982 con la pretensión de formar un colectivo literario, bajo la advocación de San Policarpo, el patrono de Gustave Flaubert. En aquella época yo acababa de recibir un premio de poesía (el Francisco de Quevedo) pero todavía no había publicado ningún libro y frecuentaba mucho la tertulia del Lyon, en la calle de Alcalá, a la que iba un Ferlosio no maduro, pero ya achacoso, una Soledad Puértolas que acababa de ganar el premio Sésamo y con la que, para desesperación de Ferlosio, hacía yo “bande à part”; un Trapiello y un Juan Manuel Bonet, jovencísimos, y donde a veces se descolgaban visitantes como Luis Alberto de Cuenca, José Miguel Ullán y Federico Jiménez Losantos, todos con veintitantos años menos. Era la época de la revista Diwan, donde muchos publicamos algún poema, y recuerdo que Federico también me pidió el primer artículo que publiqué en un periódico, concretamente en Diario16. Fue tan sólo el preludio de posteriores colaboraciones, cuando todos, o casi todos, daríamos un giro a nuestras ideologías que nos hubiera resultado inconcebible en aquellos momentos. También por aquella época, Carlos García Gual, que era un asiduo, nos propuso a Soledad y a mí que colaboráramos en la UNED haciendo crítica literaria en la radio. Aquello a mí, me duró más de tres cursos y fue también el precedente de mi posterior vocación radiofónica. Pero bueno, esto debería reservarlo para mis memorias; ahora de lo que se trata es de proseguir con aquella labor interrumpida hace años. Al resucitarla, no descarto incorporar todo tipo de aportaciones, para darle mayor encarnadura. El material no escasea. Veo que no he explicado nada de Flaubert y su debilidad por las tonterías. Merece un capítulo aparte, pero será mañana.

Enhorabuena por la flamante sección. La iremos leyendo, cómo no, según vaya apareciendo. En cuanto al artículo sobre los lectores, los verdaderos, éstos están tan confundidos y aperreados que me temo que sólo se sienten a gusto en librerías de viejo. En fin, un saludo.
Publicado por: Javier Rey de Sola | lunes 14 de noviembre de 2005 a las 9:15
Invito a visitar Expoescritores,
Portal de literatura y cultura,
Exposición de escritores y poetas:
http://www.expoescritores.com
Publicado por: Mercedes Cortázar | jueves 2 de noviembre de 2006 a las 23:24
Gracias Mercedes, tomo nota.
Publicado por: julia | jueves 2 de noviembre de 2006 a las 23:41