Adios diario, hola blog
Coincido en un programa de televisión con Arcadi Espada. Se trata de una grabación, pues se emite de madrugada. Las noches blancas, se llama, y lo dirige Sanchez-Dragó, supongo que ya lo conocen. No se va a emitir ni hoy ni mañana, así que no avanzo lo que dijimos ante las cámaras, pero nada me impide hablar de lo que comentamos en la antesala y en los entreactos, que suele ser mucho más interesante que lo que decimos bajo los focos. Conforme se van iluminando estos últimos, nuestro ingenio disminuye. Es la famosa entropía. Para muestra un botón: en un momento dado se habló de que "el tamaño sí importa" (no desvelaré a cuento de qué) y yo me abstuve de comentar algo que después, cuando lo conté off de record fue todo un éxito. Resulta que el marido de Rosalía de Castro, Manuel Martínez de Murguía, el patriarca del galleguismo, tenía hipertrofia del pene, y cuando venía a Madrid, en los burdeles, que frecuentaba con asiduidad, las chicas se rifaban a quién le tocaría "aguantarle". Mi teoría es que el famoso dolor de Rosalía tenía tal vez una explicación bien real, y su poema más místico ("Negra sombra que me asombra") una inspiración más que metafísica. Me alegró que les gustara porque la primera vez que lo avancé, en un congreso de poesía galaico portuguesa, casi me linchan. Pero a lo que voy, esa conversación entrecortada con Arcadi, entre toma y toma, me ha decidido tirarme de cabeza a este blog, aunque nadie me lo financie. En definitiva, tampoco me financian los diarios y bien que los escribo en cuanto puedo. Quien sabe, a lo mejor, al lanzarlos al mundo, encuentro un mecenas. De todos modos, no es lo mismo (lo sabe Arcadi, lo sé yo) y al exponer los adentros a la vista de todos, mi diario dejará de ser lo que siempre ha sido, esto es, un diario íntimo. Sólo una vez extraje algunas de las miles de páginas que llevo escritas de esa manera tan tonta para publicarlas en Revista de Occidente (Nº 182-183, El diario íntimo. Fragmentos de diarios españoles (1995-1996) y me costó un dolor. Fue como si me arrancaran una víscera o un trozo de carne. Pero está decidido, a partir de ahora mi diario no será íntimo sino público, aparatosa y vergonzosamente público. A ver si consigo mantenerme tan valiente conmigo misma y con los demás como demuestro ser en los de tinta; a ver si soy capaz también, aquí en abierto, de escribir esas cosas. Veremos.





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