¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?
¡Por fin! Tenía muy abandonado este blog, no por falta de tela que cortar sino porque he tenido que cortarla de otro modo. Si yo escribiera aquí las reflexiones sugeridas por mi entorno inmediato, me vería en un compromiso; y no me refiero a las consecuencias políticas, pues no es ese el material que me interesa, sino el material literario. Así que no pienso seguir fingiendo que un blog es un diario, y haré como Tolstoi, que llevaba un diario íntimo que iba "olvidando" en todas partes para que lo leyera su mujer y otro íntimo-íntimo, que guardaba bajo llave. Ni qué decir tiene que en lo que a mí respecta, este blog hará las veces del primero y el segundo, ese diario “superíntimo”, que llevo desde hace más de veinte años, estará cada vez más oculto, y cada vez más gordo. El material literario al que me refiero es puramente humano, palpitante: está hecho de vida y carne. Y una vez más, la observación de que así como los individuos, en su mismidad más unívoca, son fundamentales para la literatura, por imprevisibles, en su comportamiento como grupo son bastante unánimes. Hay una suerte de fenotipos psicológicos que se repiten en cualquier agrupamiento, y no voy a detenerme en ello; es el material del que se nutren los cotilleos y la telebasura. Prosa fácil.
En otro orden de cosas, y para no perder la costumbre, ¿sabían que las adhesiones a Dinamarca por su valerosa defensa de la libertad alcanzan al día de hoy las 34.353 firmas, mientras que las surgidas para apoyar a quienes la pretenden sofocar a machetazos (a la libertad, me refiero), llevaban ya más de 209.000 a día 16 del presente? “¡Amargo caminar, porque el camino pesa en el corazón!... ¿qué buscas, poeta, en el ocaso? Y ya que estoy con Machado: ¿Cuál de las diecisiete Españas ha de helarte el corazón, españolito que-vienes-al mundo-te-guarde-Dios? Da miedo.

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