El movidón
Asistí el otro día a una reunión donde se habló mucho de la movida madrileña, ocasión para la cual el Ayuntamiento y la Comunidad preparan grandes fastos. Este año hace 25 que el alcalde Tierno Galván, de ingrata memoria, decretó mediante bando municipal que todos tenían que colocarse; los adolescentes de la época le obedecieron tan al pie de la letra, que muchos no llegaron a los treinta. A ver quién indemniza a sus familias ahora. Cuando se produjo aquel movimiento que asombró a Europa, la mayor parte de los tertulianos superábamos ya esa edad y en vez de protagonizarlo nos tocó padecerlo: los más precoces teníamos hijos que empezaron a pasar la noche fuera de casa, en contra de nuestros deseos, pero con permiso de la municipalidad lo que, de golpe, pulverizó para siempre la ingrata, aunque necesaria autoridad paterna, al menos en materia de regulación horaria. La moda era horrorosa, la música inane y los principales protagonistas, más que de famosos, habría que calificarlos de infames. Pero claro, hay que hacer una lectura positiva de las cosas, sobre todo cuando se es de derechas y quieres que no se te note.
Alguien apuntó que gracias a la movida cambiaron los estereotipos de la España cañí. Y es cierto, en vez fantasear con Carmen la cigarrera y su navaja en la liga, los extranjeros empezaron a fantasear con Carmen Maura, atiborrándose de orfidal en las películas de Almodóvar. Tal vez aquellas películas, el desfase horario y un puñado de canciones bobaliconas, sea lo único que realmente quede de ese patético movimiento que recibió las bendiciones de la autoridad competente y que también se demostraba andando, sólo que de bar en bar. Eso y la litrona.
En otro orden de cosas, el otro día se presentó en Madrid el "libro" de Ignacio Ramonet sobre Castro. Había unas 400 personas, no sé si atraídas por el deber o por el escándalo. Para más detalles les remito al blog de Arcadi Espada y a esta otra dirección que me manda un asiduo: http://opticalibre.blogspot.com/2006/04/ana-rosa-ramonet.html
A guisa de alegoría del vicio y la virtud, dos pisos más arriba de esa misma Casa, un grupo de escritores de verdad debatía sobre la literatura y la vida ante unas 40- 50 personas
Otrosí, a) cita del día:
La Generalitat hacía una política que sólo era útil a la prensa. Era un delirio de exhibicionismo, de vanidad y de demagogia. Josep Plá, Notas dispersas, traducción de Xavier Pericay, Espasa Calpe, Madrid, 2001, pág. 725.
a) no se pierdan la última entrada de Martinito







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