Sacar la lengua
Sacar la lengua es el título de un libro de Günter Grass sobre la India, creo recordar, pero también es lo que ha estado haciendo toda su vida con sus admiradores y sus lectores. Siempre me reventó ese aire de dómine cabra, dando lecciones de moral y ejerciendo de vigilante de la playa progre, que esgrime en todo momento ese cazador cazado. En algún lugar he leído que incluso se permitió en su día calificar a Adenauer de pestilente católico y pequeño burgués, lo cual en su caso, y visto lo visto, más que progresista es un postura bastante coherente con su pasado nazi. No sé si a alguien de “perfil público” que oculta un dato tan fundamental en su vida como haber pertenecido a las SS a los 17 años se le puede calificar de mitómano, pero por ahí se anda. Entre Enric Marco que se inventa un trágico episodio de su vida para hacerse el interesante y Günter Grass que omite una realidad desagradable de su propia historia no hay tanta diferencia.
Ninguno de los dos es exactamente un mentiroso aunque lo parezcan. Pero modificar la realidad, u ocultarla, no es en puridad una mentira. Si a Marco le hubieran preguntado si estuvo en Mauthausen y él hubiera dicho que sí, o si a Grass le hubieran dicho: ¿Perteneció usted a las SS en algún momento de su vida?, y él hubiera contestado: no, entonces se les podría llamar mentirosos, pero no hicieron eso, sino que el uno inventó y el otro ocultó con el mismo motivo: hacerse una biografía distinta a la que les correspondía. Marco recibió todo tipo de atenciones y subvenciones por haber sido una víctima de la Shoah, y Grass abanderó las causas más neciamente progresistas del mundo, se fabricó una reputación de incorruptible y recibió el premio Nobel y el Príncipe de Asturias por cosas como no haber sido nazi, por ejemplo. Lo peor no es que se hubiera apuntado a los 17 años a las SS, cosa harto frecuente en su generación y tal vez explicable en el contexto histórico (y aquí conviene recordar que el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, puesto en esa tesitura, se negó), lo más intolerable es que lo haya ocultado para ser "el sin tacha". Sin duda, el ostracismo del que fue objeto Ernst Jünger en la Academia sueca le asustó y eso acentúa aún más su mezquindad.



Últimos comentarios