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jueves 23 de noviembre de 2006

Entre rumanos (corregido y aumentado)

Camil_petrescu Acabo de regresar de Bucarest, adonde he ido invitada por el Instituto Cervantes. El director actual es “el” traductor del rumano por excelencia, Joaquín Garrigós. Gracias a su sabiduría, su devoción, su paciencia y su humildad (pues tales son las características que le definen) los hipanoleyentes –que no forzosamente hispanohablantes- han podido acceder a autores como Mircea Eliade, Norman Manea, Mihail Sebastian, Camil Petrescu y algunos más que me dejo por el camino. La gran literatura rumana pide a gritos ser conocida en España, en particular su época más brillante que es la de entreguerras como por otra parte la de la mayor parte de la de Europa del Este, incluida Alemania. En Bucarest me encontré con Marcos Ricardo Barnatán, y con Claudio Pérez Míguez y Raúl Manrique Girón, mexicanos que tienen una librería-centro de arte en Madrid (www.centrodeartemoderno.com), especializada en primeras ediciones de autores hispanoamericanos y de autores españoles que vivieron en Hispanoamérica. Ambos eran los comisarios de una exposición de fotografías de Borges y de primeras ediciones de este autor que se puede ver hasta enero en el Museo de Literatura de Bucarest, patrocinada también por el IC. 

Los borgianos se marchaban al día siguiente y tomábamos el relevo otro grupo de españoles, la mayor parte editores, que venían a participar en una Mesa redonda de la que yo tenía que ser la moderadora. Lo cierto es que aquello era más bien en un encuentro entre  editores de ambos países para entrar en contacto,  pero también se pusieron sobre el tapete aspectos  generales y muy conflictivos de la edición, como el dilema entre calidad y comercialidad que trae de cabeza a los (buenos) editores. En cuanto a las relaciones hispano rumanas, ellos  parten de otras premisas. En primer lugar, porque si para nosotros la traducción es una parte importante de la producción editorial, para ellos es la parte del león. Otra desproporción es la que existe entre el elevado interés que los rumanos tienen hacia la literatura en español y la casi absoluta indiferencia que se tiene en España hacia los escritores rumanos y, en general, hacia los escritores de lenguas minoritarias. El ejemplo que yo puse, cuando avancé esa explicación, fue el de la editorial Metáfora, cuya andadura, iniciada con grandes esperanzas en el 2002, se ha visto truncada hace unos meses. Desalentador.

Instituto_cervantes_bucarest Al día siguiente los editores volvieron a sus obligaciones y yo seguí haciendo patria, siempre bajo la amigable tutela del Instituto Cervantes. Primero estuve en la Universidad Cristiana Dimitrie Cantemir, una de las cada vez más numerosas universidades privadas que surgieron tras la caída del antiguo régimen y fue emocionante ver a tantos jóvenes interesados por la literatura y la lengua españolas, y sobre todo, saber que aunque estén pagando las consecuencias del nefasto régimen, ahora están siendo educados en libertad, por muy costoso que resulte para el resto de Europa. Es una deuda que los  países occidentales tenemos contraída con ellos por el apoyo indigno que tantos intelectuales y políticos europeos han dado a la peor catástrofe que ha conocido el siglo XX, junto al nazismo. Sería una injusticia que no pudieran beneficiarse de lo mismo que se beneficíaron España, Portugal y Grecia cuando nos incorporamos a la entonces Comisión Económica Europea, hoy UE. Por la tarde repetí charla en la antes mencionada Biblioteca de Literatura, bajo la atenta vigilancia del rostro de Borges, repetido en múltiples momentos de su vida por las fotografías ahi expuestas. El auditorio, como correspondía al tema (las relaciones culturales entre España e Hispanoamerica), estaba compuesto por hispanistas y traductores de Vargas Llosa, García Márquez o el propio Borges. A ningún español que vaya a Bucarest le faltará público y un público tan enterado como entregado.

En resumen, tres días completos. Es poco lo que se puede hacer en tan breve espacio de tiempo y con tantas obligaciones pero creo que lo aproveché ventajosamente. Además de callejear, bien acompañada, visité alguna de las numerosas librerías de viejo que hay por el centro y encontré, a un precio que al cambio produce sonrojo, la primera edición de Uruguay de Jules Supervielle y los tres libros de Paul Morand sobre ciudades, Londres, New York y Bucarest . No me podía venir este último más a propósito. A pesar de los destrozos del comunismo, con sus horrendos edificios levantados por la megalomanía de Ceacescu, Bucarest conserva muchos vestigios de ese pasado esplendor que la convirtió en el París de Transilvania. Los rastros franceses, visibles en su interesante arquitectura, son evidentes y vale la pena visitar la sala de pintura del siglo XIX del Museo Nacional de Arte (no sé si es exactamente esa su denominación, pero sí su función) para entender hasta qué punto la cultura rumana es una cultura europea de pleno derecho.

Intercontinental1 Como digo, tuve acompañantes de lujo. En primer lugar, el propio Joaquín Garrigós que nos dedicó a todos más tiempo del que le exigía el cumplimiento del deber, y en mi caso, encontré a algunos hispanistas que ya conocía por haber coincidido con ellos en tenidas europeas anteriores. Una de esas personas, al comentarme el desprecio de sus conciudadanos por la época comunista, que por edad ella había vivido en sus peores momentos, me contó que había tenido que servir de intérprete de los comunistas españoles y cubanos en sus visitas a Bucarest. Se alojaban en el Hotel Intercontinental –un engendro arquitectónico moderno del que estaba muy orgulloso el tirano- lugar en donde no podían entrar con facilidad los rumanos, pues hacerlo, era ya sospechoso. Por ahí pasaban todos los españoles que después fueron jaleados en la transición. A algunos de ellos –pienso en Santiago Carrillo- le siguen haciendo homenajes a pesar de las pruebas de su infamia y eso en plena época de “recuperación de la memoria histórica”. Para que no pudieran denunciarla, o quejarse de ella, mi amiga demostraba un celo muy especial a la hora de explicar los logros de la revolución proletaria y a veces creía ver chispas de discrepancia entre algunas personas que fueron las que mejor evolucionaron posteriormente. No lo dudo, pero si hubieran verbalizado su descontento en aquellos años, tal vez se hubiera podido atenuar, ya que no suprimir, mucho sufrimiento. Pero ser de izquierdas en un país democrático es muy fácil, y  poder ir a la clínica de la doctora Aslan (la creadora del “gerovital”, la crema más solicitada por los turistas en las farmacias actuales), un privilegio que no todos estaban dispuestos a rechazar. Tal vez eso explique por qué los hispanistas rumanos no quieren saber nada de los poetas y creadores comunistas españoles. Si no me creen, pregunten qué piensan de Rafael Alberti. Ya verán.

Otrosí,

Norman Manea, Mihail Sebastian, Camil Petrescu

Julia Escobar - Lo humano y lo divino

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Comentarios

Es una pena que nadie se ocupe de establecer el canon literario universal, indicando, o descubriendo, según el caso, a los autores de los diversos países y épocas a quienes deberíamos leer. Tengo entendido que se ha hecho algún intento en este sentido, pero insuficiente. Cuando hojeamos un libro en una biblioteca, ¿cómo saber si merece el esfuerzo de leerlo? Hace no tanto, salíamos en España a genio literario por minuto, por lo que las indicaciones de contraportada perdieron definitivamente su credibilidad. Personalmente, salvo excepciones, dejé de leer actualidad. y en cualquier caso, prácticamente sólo me fío de los que están muertos o andan por los ochenta años o así. ¿No deberían hacer un trabajo de la naturaleza indicada las universidades? Pero no, tampoco: se limitan a avalar escritores absolutamente infumables. Mi opinión personal es que no saben discernir. Y es que lo que natura no da...

Hemos acompañado tu paseo por Bucarest con tus amigos. Gracias.

¿ Lo que pensaban de Alberti es lo mismo que pensamos algunos que sin visitar Rumanía nos maliciamos...? ¿ Realmente Alberti es el poeta que nos quieren hacer tragar...? No ya sus aspectos políticos, que allá él, sino intelectualmente, es infumable. Todos tenemos algún buen día y se ve que este tuvo pocos, aunque alguno, pero no para llevarlo al pedestal de los semi dioses.

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