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miércoles 29 de noviembre de 2006

Setenta años

Carlos_semprn Ayer, a sólo 24 horas de que Jorge Semprún inaugurara en Madrid el Congreso sobre la Guerra Civil, diciendo tonterías de a puño, un grupo de amigos y admiradores homenajeábamos a su hermano Carlos en un restaurante madrileño, con motivo de la presentación de su libro, A orillas del Sena, un español… publicado por la editorial LibertadDigital/Hoja perenne. Se trata de la segunda parte, más bien continuación, de sus memorias, cuya primera entrega, El exilio era una fiesta, se publicó en Planeta hace ya unos cuantos años. Ahí, Carlos Semprún ya esbozaba lo que  es aquí la tesis principal: que su hermano Jorge, también conocido por “Le beau Georges”, ocultó ciertos hechos nada favorables a su imagen de magnífico en todos los sentidos, mientras estuvo en Buchenwald, experiencia que constituye el elemento principal de sus obras más exitosas y que le ha convertido en una figura legendaria. Muchas de las cosas que dice Carlos Semprún sobre su hermano en este libro, aunque también muy graves, no son tampoco nada nuevas, pues fueron objeto de una acerba polémica hace unos años, en Francia, entre Jorge Semprún y la viuda de Jacques Antelme. Pero todo esto ya lo había avanzado Carlos Semprún en muchos de sus artículos de Libertad Digital y lo cuenta por lo menudo en este libro así que no me voy a extender mucho más.

Por supuesto habla también de otras cosas, pero si destaco ésta es para explicar la razón por la cual considero que este libro debería armar mucho revuelo en la república de las letras. Otra cosa es que lo haga. Dependerá bastante de cómo se distribuya y de que los “medios” quieran hacerse eco de lo que en otro país, Francia sin ir más lejos, constituiría un escándalo. Inútil decir cuál será la recepción que tendrá el libro de Carlos en las páginas de los suplementos literarios de ABC y El País, por ejemplo. Más suerte puede tener –y espero que así sea- en El Mundo y La Razón. Y si no menciono la propia Libertad Digital es porque va de suyo.

Para que no me acusen nuevamente de pesimista, quiero destacar la asistencia al homenaje de un público joven y entregado, perteneciente a esa generación que ha llegado a donde estamos ahora nosotros, los del “68”, sin tener que pasar por la desagradable experiencia de ser primero de izquierdas. Eso les convierte en personas mucho más seguras de sí mismas, y en las que confío plenamente para que levanten lo que quede de España cuando se retiren los vándalos, y se pase esta absurda manía de quererles implicar en la Guerra Civil. ¿Por cierto, se han dado cuenta de que los setenta años que separan a los jóvenes del 2006 de los "luctuosos" acontecimientos del 36 son los mismos setenta años que nos separaban a los jóvenes de 1968 del desastre de 1898? ¿A que da vértigo pensarlo? Para esos chicos "el pasado inmediato" no es la guerra civil y Franco, sino la Transición y tal vez el dichoso mayo del 68 y, por supuesto, la caída del muro de Berlín. La guerra civil hay que seguir estudiándola, cierto, pero como, mutatis mutandis, estudiábamos (es un suponer) nosotros el desastre del 98, sine ira et studio

Otrosí,

Julia Escobar - Le beau Georges

Julia Escobar - Veinte años y un día

Julia Escobar - Las aventuras prodigiosas de Carlos Semprún

Carlos Semprún Maura - Duras, Anteleme y otras víctimas de Sp ...

domingo 26 de noviembre de 2006

De nuevo, la calle

Manifestacionavt3 Cada vez que acudo a una manifestación convocada por las víctimas del terrorismo  en Madrid –y creo que  sólo he faltado a una- siento crecer la impotencia y el desaliento. Reconforta ver a la multitud entregada a la causa de la libertad, sin duda, y no dejaré de asistir al llamado cuantas veces sea, por desgracia, necesario, ¿pero de qué sirve si apenas tiene reflejo en el conjunto de la sociedad?  O peor aún, ¿de qué sirve si desde el poder establecido, que es donde se decreta que algo ha tenido lugar, se trata a ese fenómeno de masas como una ilusión de los sentidos, como una alucinación colectiva de determinado sector que creyera haber asistido a una demostración de fuerza sin precedentes en unas calles que según los que mandan están vacías?  Cualquiera diría que en vez de pancartas y pegatinas se hubiera repartido cornezuelo por las esquinas y que con ese alimento alucinógeno los cuatro gatos que según ellos asistimos a la manifestación nos multiplicáramos hasta el infinito, de forma totalmente ilusoria, por supuesto. Una droga muy poderosa que también actuara sobre las cosas inanimadas, como las cámaras de las televisiones amigas y se extendiera a sus espectadores, contagiados por ese brote psicótico surgido de un grupo de víctimas de ETA, amargadas y descontentas y que se propaga, como una epidemia virtual, entre una población de fantasmas y replicantes. 

Una amiga que espera el juicio de los asesinos de su marido en breve, me dice no sentirse contenta con esos eslóganes en los que tiene más protagonismo Zapatero que las víctimas. Tiene razón, en el sentido de que puede parecer que se olvida el objetivo principal de estas convocatorias, pero resulta inevitable: Zapatero es el que negocia, su gobierno es el que claudica. ETA gana, pierden las víctimas y con ellas perdemos todos. Zapatero y su gobierno nos hacen a todos peores por defecto; es lógico que se pida su dimisión. Lo cierto es que los eslóganes se corean con mayor entusiasmo cuando aparece su nombre. Un espontáneo a mi lado gritaba: “¡Zapatero, con Sadam!”, sin conseguir que lo secundaran a pesar de ser tan sugestivo. Le fallaba la rima. El eslogan es un asunto muy serio que merecería un mejor tratamiento, una elaboración más cuidada.  El contenido del mensaje tiene que encontrar la forma adecuada para ser expresado con entusiasmo y eficacia.  Se trata de convencer y de vencer, al mismo tiempo. Los deberían idear los poetas, no los políticos y mucho menos los profetas.

jueves 23 de noviembre de 2006

Entre rumanos (corregido y aumentado)

Camil_petrescu Acabo de regresar de Bucarest, adonde he ido invitada por el Instituto Cervantes. El director actual es “el” traductor del rumano por excelencia, Joaquín Garrigós. Gracias a su sabiduría, su devoción, su paciencia y su humildad (pues tales son las características que le definen) los hipanoleyentes –que no forzosamente hispanohablantes- han podido acceder a autores como Mircea Eliade, Norman Manea, Mihail Sebastian, Camil Petrescu y algunos más que me dejo por el camino. La gran literatura rumana pide a gritos ser conocida en España, en particular su época más brillante que es la de entreguerras como por otra parte la de la mayor parte de la de Europa del Este, incluida Alemania. En Bucarest me encontré con Marcos Ricardo Barnatán, y con Claudio Pérez Míguez y Raúl Manrique Girón, mexicanos que tienen una librería-centro de arte en Madrid (www.centrodeartemoderno.com), especializada en primeras ediciones de autores hispanoamericanos y de autores españoles que vivieron en Hispanoamérica. Ambos eran los comisarios de una exposición de fotografías de Borges y de primeras ediciones de este autor que se puede ver hasta enero en el Museo de Literatura de Bucarest, patrocinada también por el IC. 

Los borgianos se marchaban al día siguiente y tomábamos el relevo otro grupo de españoles, la mayor parte editores, que venían a participar en una Mesa redonda de la que yo tenía que ser la moderadora. Lo cierto es que aquello era más bien en un encuentro entre  editores de ambos países para entrar en contacto,  pero también se pusieron sobre el tapete aspectos  generales y muy conflictivos de la edición, como el dilema entre calidad y comercialidad que trae de cabeza a los (buenos) editores. En cuanto a las relaciones hispano rumanas, ellos  parten de otras premisas. En primer lugar, porque si para nosotros la traducción es una parte importante de la producción editorial, para ellos es la parte del león. Otra desproporción es la que existe entre el elevado interés que los rumanos tienen hacia la literatura en español y la casi absoluta indiferencia que se tiene en España hacia los escritores rumanos y, en general, hacia los escritores de lenguas minoritarias. El ejemplo que yo puse, cuando avancé esa explicación, fue el de la editorial Metáfora, cuya andadura, iniciada con grandes esperanzas en el 2002, se ha visto truncada hace unos meses. Desalentador.

Instituto_cervantes_bucarest Al día siguiente los editores volvieron a sus obligaciones y yo seguí haciendo patria, siempre bajo la amigable tutela del Instituto Cervantes. Primero estuve en la Universidad Cristiana Dimitrie Cantemir, una de las cada vez más numerosas universidades privadas que surgieron tras la caída del antiguo régimen y fue emocionante ver a tantos jóvenes interesados por la literatura y la lengua españolas, y sobre todo, saber que aunque estén pagando las consecuencias del nefasto régimen, ahora están siendo educados en libertad, por muy costoso que resulte para el resto de Europa. Es una deuda que los  países occidentales tenemos contraída con ellos por el apoyo indigno que tantos intelectuales y políticos europeos han dado a la peor catástrofe que ha conocido el siglo XX, junto al nazismo. Sería una injusticia que no pudieran beneficiarse de lo mismo que se beneficíaron España, Portugal y Grecia cuando nos incorporamos a la entonces Comisión Económica Europea, hoy UE. Por la tarde repetí charla en la antes mencionada Biblioteca de Literatura, bajo la atenta vigilancia del rostro de Borges, repetido en múltiples momentos de su vida por las fotografías ahi expuestas. El auditorio, como correspondía al tema (las relaciones culturales entre España e Hispanoamerica), estaba compuesto por hispanistas y traductores de Vargas Llosa, García Márquez o el propio Borges. A ningún español que vaya a Bucarest le faltará público y un público tan enterado como entregado.

En resumen, tres días completos. Es poco lo que se puede hacer en tan breve espacio de tiempo y con tantas obligaciones pero creo que lo aproveché ventajosamente. Además de callejear, bien acompañada, visité alguna de las numerosas librerías de viejo que hay por el centro y encontré, a un precio que al cambio produce sonrojo, la primera edición de Uruguay de Jules Supervielle y los tres libros de Paul Morand sobre ciudades, Londres, New York y Bucarest . No me podía venir este último más a propósito. A pesar de los destrozos del comunismo, con sus horrendos edificios levantados por la megalomanía de Ceacescu, Bucarest conserva muchos vestigios de ese pasado esplendor que la convirtió en el París de Transilvania. Los rastros franceses, visibles en su interesante arquitectura, son evidentes y vale la pena visitar la sala de pintura del siglo XIX del Museo Nacional de Arte (no sé si es exactamente esa su denominación, pero sí su función) para entender hasta qué punto la cultura rumana es una cultura europea de pleno derecho.

Intercontinental1 Como digo, tuve acompañantes de lujo. En primer lugar, el propio Joaquín Garrigós que nos dedicó a todos más tiempo del que le exigía el cumplimiento del deber, y en mi caso, encontré a algunos hispanistas que ya conocía por haber coincidido con ellos en tenidas europeas anteriores. Una de esas personas, al comentarme el desprecio de sus conciudadanos por la época comunista, que por edad ella había vivido en sus peores momentos, me contó que había tenido que servir de intérprete de los comunistas españoles y cubanos en sus visitas a Bucarest. Se alojaban en el Hotel Intercontinental –un engendro arquitectónico moderno del que estaba muy orgulloso el tirano- lugar en donde no podían entrar con facilidad los rumanos, pues hacerlo, era ya sospechoso. Por ahí pasaban todos los españoles que después fueron jaleados en la transición. A algunos de ellos –pienso en Santiago Carrillo- le siguen haciendo homenajes a pesar de las pruebas de su infamia y eso en plena época de “recuperación de la memoria histórica”. Para que no pudieran denunciarla, o quejarse de ella, mi amiga demostraba un celo muy especial a la hora de explicar los logros de la revolución proletaria y a veces creía ver chispas de discrepancia entre algunas personas que fueron las que mejor evolucionaron posteriormente. No lo dudo, pero si hubieran verbalizado su descontento en aquellos años, tal vez se hubiera podido atenuar, ya que no suprimir, mucho sufrimiento. Pero ser de izquierdas en un país democrático es muy fácil, y  poder ir a la clínica de la doctora Aslan (la creadora del “gerovital”, la crema más solicitada por los turistas en las farmacias actuales), un privilegio que no todos estaban dispuestos a rechazar. Tal vez eso explique por qué los hispanistas rumanos no quieren saber nada de los poetas y creadores comunistas españoles. Si no me creen, pregunten qué piensan de Rafael Alberti. Ya verán.

Otrosí,

Norman Manea, Mihail Sebastian, Camil Petrescu

Julia Escobar - Lo humano y lo divino

miércoles 15 de noviembre de 2006

Annus terribilis

Th3 Acabo de ver la película de Stephen Frears, The Queen Bien. Es evidente la simpatía del director por el personaje y lo cierto es que consigue transmitirla al espectador. Inútil referirse a la interpretación de Helen Mirren; es la que se podía esperar de una actriz de su talla. Inmensa. Siempre me gustó esta señora y me ha parecido una injusticia que puestos a utilizar una inglesa fetén, en Hollywood hayan preferido a Emma Thompson,  que no le llega al tobillo. Ni siquiera los doce años que las separan lo justifican. La primera vez que vi a Mirren fue en una serie de televisión en la que hacía de inspectora o comisaria, ya no recuerdo bien, porque ha llovido bastante desde entonces. Lo bordaba.

Volviendo a la película, supongo que el guionista de Frears se habrá documentado, por tanto puedo afirmar que me ha decepcionado ver que la reina y su marido duermen en la misma cama. Yo creía que al menos la realeza inglesa llevaría hasta el límite la ausencia total de sensualidad  en sus relaciones, tal como la imaginación plebeya espera (o al menos esperaba) de los monarcas. Es lo menos que pueden hacer a cambio de otros privilegios.  Nada reconforta más que pensar que padecen hemofilia, como poco, o que carecen de vida privada. Además, hay tantas habitaciones en los palacios que hasta parece obscena esa promiscuidad. Como decía Michaux en Un certain plume, los reyes no tocan los picaportes (cito de memoria).

Los hechos que se narran son muy recientes: la muerte, nada ejemplar, de la atolondrada (¡qué buena soy!) de la princesa Diana -Dios la tenga en su gloria-  en las borrascosas circunstancias que todos conocemos. Esa precursora de la decadencia que se ha adueñado ya por completo de la realeza europea, no merecía mejor trato a raíz de su muerte que el que le pretendía dar la Reina Isabel, con toda la razón del mundo, de no habérselo impedido su recientísimo primer Ministro, Tony Blair (muy buena también la caracterizacion del actor), que ejerce de alfil de la reina en el tablero. No así su mujer, Cherie que se presenta como la típica progre, vulgar y topiquera.

Los movimientos de masas suelen ser temerosos y si el motivo que los provoca es como el que nos ocupa, resultan sencillamente aterradores. También nosotros, los españoles, salimos a la calle en masa, en una manifestación sin precedentes.  Fue unos días antes, en julio de ese mismo año, 1997, cuando los que hoy están negociando con el gobierno asesinaron a Miguel Ángel Blanco de aquella manera. Pero hay jerarquías en las motivaciones. A nosotros nos movía la indignación, a ellos, la histeria. En lo único en que se parecieron ambas situaciones fue en su espontaneidad, surgida directamente del pueblo. Lo que pasó en Inglaterra fue otra vuelta de tuerca a la posmodernidad. Fue una epidemia, un síntoma colectivo de esa encefalopatía espongiforme bovina, que surgió precisamente por aquellos años y que se extendió muy pronto al resto de Europa. Un annus terribilis, ciertamente.

viernes 10 de noviembre de 2006

Cumpleaños

Quimera Hoy mi quimera cumple un año.  Como la efigie que la representa, también tiene dos caras  que, por otra parte, creo fiel reflejo de mi propio carácter. Una es "laquimera" propiamente dicha; la otra se llama "silva de varia lección" y en ella voy volcando todo lo que he publicado en mi vida (y que puede ser digitalizado): listado de los libros que he escrito; los que he traducido, los artículos y ensayos que he publicado aquí y allá, todo muy lento, muy laborioso. Que el lector adivine cuál es la parte del león, cuál la de la cabra; en cuanto a la cola de víbora... francamente, no entiendo qué tiene que ver conmigo pero ahí está para lo que haga falta.

Tal vez las cifras que ahora avanzo (sumando las dos) puedan producir risa en blogueros más avezados o más leídos pero a mí me resultan más que satisfactorias: 200 entradas;  216 comentarios (la mitad de los que tiene una sola entrada de blogueros famosos, pero no les envidio porque yo, al menos, puedo leerlos) ; 26.680 páginas vistas (eso pone el servicio  de Typepad, aunque a vece, de un día para otro, hay reducciones importantes que me dejan algo desconcertada), lo que, al parecer, supone una media diaria de 75,48.  Me basta.

Inicié este blog con el quimérico optimismo de quien lanza una botella al mar, pero al comprobar que el mensaje era recibido -y me hubiera dado igual que hubiera sido por una sola persona- me di cuenta de que había adquirido un compromiso tácito al que me ha resultado muy enojoso faltar cuando no he tenido más remedio. El eco conseguido justifica sobradamente el empeño. Así pues, ya lo saben, persisto y firmo.

jueves 9 de noviembre de 2006

Es justo y necesario

Cibeles Les supongo avisados de que el 25 de noviembre hay una manifestación en Madrid convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Personalmente, considero mi deber asistir, primero porque es justo y segundo porque es necesario, ya que este gobierno nos ha convertido a todos en víctimas. De paso me he enterado (gracias a Libertad Digital) de otros dos eventos relacionados con lo que nos (pre)ocupa, que son más bien citas mensuales, en el caso de los peonesnegros.es y semanales en el caso de la que se anuncia en el blog de Pío Moa.

Casa_de_amrica La primera consiste en las concentraciones que esa extraordinaria plataforma cívica (surgida en Internet) organiza todos los 11 de cada mes en más de 30 ciudades de toda España e incluso en Bruselas y Caracas. Están dispuestos a hacerlo hasta que el gobierno español se preocupe de una vez por todas en aclarar las verdaderas circunstancias de las matanzas del 11M, así que va para largo. La segunda, es más política, si quieren.

Banco_de_espaa Todos los miércoles, a las 20h un grupo, supongo que de voluntarios, se encarga de repartir manifiestos por la Constitución y denuncias en torno al 11M. Lo hacen en “Recoletos con Cibeles” sin especificar ¡ay! en cual de las cuatro esquinitas de la faraónica plaza, si en la de Casa de América, la del Palacio de Comunicaciones, la del Banco de España o la del Cuartel General del Ejército. Ahí es nada. Como descarto que la cita sea en alguno de los numerosos  y complicados accesos a cualquiera de los cuatro monumentales edificios citados, si alguno de los asiduos de la quimera (o del blog de Moa) sabe  exactamente en qué farola, quiosco, parada de autobús o paso de peatones es, se ruega que lo diga porque rodear toda la plaza no es moco de pavo. El riesgo que se corre al elegir un lugar tan populoso como ése es el de pasar completamente desapercibido, como saben todos los espías del mundo. Si quieres ocultar una cosa, llévala en la mano.

Cuartel_general_del_ejrcito_1 Volviendo a la AVT,  es la única asociación a la que me adheriría en este momento (sección Amigos)  si no fuera porque muchas del las asociaciones a las que he pertenecido hasta el momento han acabado de un modo u otro yéndose al garete (y, parafraseando a Groucho Marx,  me pregunto si no sería  porque yo formaba parte de ellas). Buena falta les hace que nos apuntemos  en masa, sobre todo ahora que les han retirado las subvenciones. Normal, no se las van a dar a cualquiera, hay mucho transexual por ahí suelto que necesita urgentemente operarse. 

martes 7 de noviembre de 2006

Viaje a Tarazona

Tarazona El otro día alguien me preguntó cómo una tía tan “enrollada” como yo, podía ser de derechas. “Precisamente por eso”, contesté, “No soy lo suficientemente reaccionaria, ni lo suficientemente antisemita, ni lo suficientemente clasista ni esnob como para ser de izquierdas”. Y es que el izquierdista actual suele ir vestido  a la última, comer en el Bulli o similar y viajar en gran clase para no tropezarse con esos emigrantes cuya felicidad tanto le preocupa. Son insaciables cuando mandan, y autoritarios por añadidura. Por si fuera poco, no aceptan las críticas y por ellos, mandarían a la cárcel a cualquiera que tuviera una “actitud vociferante”.

Desde luego, lo han intentado. Afortunadamente el sistema funciona; milagrosamente, pero funciona y nunca acaban de conseguir sus propósitos. Todo esto viene a cuento de lo que está pasando con Rosa Regás, ese regalo de despedida que CC y ZP han hecho a España. Esa mujer, que representa lo peor de su ideología (suponiendo que la tenga) está desmontando la institución que tan temerariamente han puesto bajo su mando. Estos días se ha orquestado una campaña multimedia (es decir, en muchos medios) en la que la ponen a caldo, cuál ella merece. ¿Han visto ustedes que alguno de los suyos –y haberlos, haylos- haya escrito alguna columna defendiéndola? Yo no y me gustaría que me pudieran dar bibliografía al respecto.

Yo conozco poco a Rosa Regás; sólo tuve ocasión de “dialogar” con ella una vez en mi vida. Fue en Tarazona, durante una de esas Jornadas en torno a la traducción literaria a las que no he faltado ni una vez desde que se crearon. RR dio una lección de intolerancia política que dejó escandalizadas a un grupo de jóvenes traductoras extranjeras (concretamente de los países del Este) que la escuchaban, anonadas, tacharme de facha sólo por sostener que en la España de Aznar –aún no habían actuado en su contra nuestros amigos moros- había democracia. “Esa señora no ha leído a Orwell”, me dijo una de ellas, como pidiéndome perdón, tal vez en nombre de la humanidad pensante. “Pudiera ser que sí, contesté, pero seguro que también le considera un facha”.  Me alegro de sacar esto a colación, porque lo omití en su día cuando escribí la crónica correspondiente (El intenso cromatismo otoñal) supongo que por las prisas.

Casa_traductorA propósito de Tarazona, ayer regresé de la XIV edición de esos Encuentros a los que no quiero faltar para no faltarme a mí misma, porque muchas veces esas citas anuales son una manera de revalidar tu inteligencia (en la primera acepción del término), una suerte de ITV del intelecto. La fórmula permanece casi inalterable y sigue siendo eficaz, a pesar de las numerosas críticas: un escritor español es confrontado a dos o tres traductores de sus obras a distintos idiomas. Luego hay unas cuantas conferencias sobre aspectos concretos de la traducción literaria, mesas redondas sobre la profesión (esas sí que son un peñazo) y talleres de lengua o temáticos, simultáneos. Como se desarrolla en una ciudad pequeña y con nula oferta cultural, los asistentes se pegan unos a otros como lapas, de lo cual surgen amistades que pueden llegar a ser imperecederas o se consolidan vínculos. Hay intercambio de libros, separatas y comunicaciones, discusiones apasionadas sobre cómo arreglar el mundo (de la traducción, por supuesto) y ágapes conciliadores que suelen poner a todos de buen humor. Tarazona es, además, una ciudad bellísima, y el viaje desde Madrid, en esta época del año, es de una variedad cromática totalmente impresionista. Mas, ¡ay! llovía y nubes y niebla convertían esa belleza casi subversiva en un paisaje fantasmal y exasperadamente romántico.

Este año el escritor fue Eduardo Mendoza. Hombre simpático cuyas columnas de opinión son un envidiable ejemplo de equilibrismo político. Sus novelas no son de lo peor pero cuesta trabajo comprender en qué pueden enriquecer la cultura de otras lenguas, pues esa es la función primordial de la traducción. Me niego a creer que en Alemania, Finlandia, e incluso Egipto (de ahí procedían los tres traductores elegidos para el coloquio) no haya escritores contemporáneos que puedan saciar la sed de lectura de sus respectivos ciudadanos. Por eso cuando EM comentó que en Inglaterra no se traducía prácticamente nada, me vi en la obligación de intervenir para precisar que eso no era cierto del todo, pues se había traducido todo, pero todo, lo  que verdaderamente hay que traducir de los clásicos griegos, latinos, y de otras culturas. EM lo admitió pero dijo referirse a los contemporáneos. Me detuve ahí para no herir susceptibilidades. Tanto más cuanto que yo también soy una escritora contemporánea y no desdeñaría que me tradujeran,¡ni qué fuera tonta! En general todo discurrió por los cauces previstos y la lluvia favreció la asistencia a los actos que fueron, por eso mismo, más brillantes que en pasadas ediciones. De los talleres, poco puedo decir, pues sólo asistí a uno, pero no me arrepentí en absoluto. Trataba de los diccionarios, su uso, su elaboración, su metodología.  Estamos acostumbrados a esperar de los diccionarios soluciones radicales a nuestros problemas y muchas veces no encontramos más que perplejidades. Como muestra, un botón: las animadoras del talle, Belén Santana y María Teresa Cifuentes, ambas lexicógrafas, nos propusieron intentar tres definiciones: mesa, azul y madre. Prueben y verán cuán desesperante puede llegar a ser exhaustivo.  Es como lo del café. Sí, pero ¿sólo, con leche, manchado, largo, cortado,  americano, expreso, con azúcar o con sacarina? Ah, ¿y en vaso o en taza?

Otrosí,

Traduce que algo queda

Melancolía otoñal

Los negros del traductor

Paseo por el amor y la muerte

Oda al diccionario

jueves 2 de noviembre de 2006

Mis difuntos

Lamparillas No voy a entrar en el significado de estos dos días (Todos los Santos y Difuntos)  ni en la polémica de si el HALLOWEEN que pretenden vendernos como una tradición milenaria (que sin duda lo es en otros lugares) es o no, una fiesta satánica. Tal vez sí, pero lo han convertido en un satanismo laico, de plexiglás.  Cuando yo era pequeña teníamos mucho respeto a la noche de difuntos. Mi abuela nos contaba unas cosas terribles que conectan bastante con lo que dicen los de shalomsefarad. Según mi abuela –mujer pagana(lo he contado en mi libro La asamblea de los muertos ) en esa noche se daba suelta a los muertos para que pudieran vengarse de los vivos y ¡ay de quien se atreviera a dejar la puerta abierta o no pusiera unas lamparillas de aceite para calmar el ansia de sus “queridos difuntos”! Estas advertencias preludiaban una velada de cuentos a cuál más terrorífico, donde unas madres insaciables volvían de sus tumbas la noche de difuntos a devorar el hígado de sus hijitos. Y otros aún más sofisticados. Una infancia como esa te hace muy receptiva. Por eso quiero hoy rendir un homenaje a mis difuntos y encender algunas lamparillas que les consuelen y a mí con ellos.

Una lamparilla para cada uno de mis familiares muertos, mis abuelas a la cabeza y mi sobrina Eva Romero de Solís, tan joven, en el corazón del recuerdo adonde acaba de reunirse mi cuñado Juan Carlos Fernández Caparrós, editor culto y paciente que trabajó en Espasa Calpe y últimamente en Anaya, y a quien todos lloramos.

Una lamparilla para cada uno de los amigos que murieron antes de tiempo: Gustavo Fabra, crítico literario y galleguista “avant la lettre”, víctima de un infarto antes de cumplir 30 años. José Antonio Llardent, editor, Jesús de la Sota, pintor que murió en Alemania en un  quirófano, Eugenio Domingo, gastrónomo, muerto en acto de servicio; era de contextura frágil y comía demasiado. Diego Lara, diseñador gráfico y pintor, su mujer María Noya, a quien traté mucho menos pero era adorable, Isabel Cardona, traductora; murió en su casa de Barbate, completamente sola, de un ataque al corazón. Adolfo Vázquez, psiquiatra; Santiago González Noriega, filósofo, José Antonio “Chicho” Sánchez Ferlosio, cantautor, Teresa Gracia, poeta, dramaturga y filósofa, Christine Zérilli, que tuvo la paciencia de ser mi secretaria en la APETI, Roger Utt, hispanista, especialista en Clarín y compañero de la Asociación de Amigos de Galdós (la AAG); se refugió  en España para poder fumar en donde quisiera y murió de un cáncer de pulmón en California. Philippe Ménélas, director de Liceo y padre de mi hija mayor; Mercedes Carranza, poeta colombiana y condiscípula durante los años que su padre estuvo de embajador en España; decidió suicidarse, como también mi amiga Ana Díaz-Caneja, dueña de la librería Cal y Canto en la que trabajé muchos años; compartimos muchas cosas; Violeta Pérez Gil, filóloga, cuya hija apenas tenía 10 años cuando ella murió; Eduardo Naval, traductor y lusista, enfermo crónico del pulmón, murió también solo en su casa. A este cortejo acaban de unirse, hace apenas un mes, Gonzalo Armero, diseñador gráfico y poeta de todas las maneras y Joséphine Bregazzi, profesora de inglés de la Complutense y excelente traductora al inglés, con la que alternaba la tarea de llevar a nuestros respectivos hijos al colegio mientras fuimos vecinas y ellos pequeños.

Una lamparilla para cada uno de los amigos que murieron, más o menos tarde, pero a su hora: Ricardo Muñoz Suay, cineasta, Rosa Chacel, escritora; a los dos los conocí ancianos. Edmond Jabès, poeta, Henri Michaux, poeta; sólo les vi una vez, pero les conozco más que a muchos amigos íntimos, gracias a sus textos que nunca me cansaré de traducir. José Ángel Valente, poeta y traductor; nos distanció una traducción de Jabès; Carmen Bravo Villasante, biógrafa y miembro también de la AAG, Rafael Carrera, médico y violinista aficionado, Gloria Fernández Montenegro "Magoya", periodista, Ramón Gaya, pintor.

Una lamparilla para cada uno de los amigos difuntos que ahora, por lo que sea, he olvidado, para que no se queden fuera de este homenaje. 

Todos ellos iluminaron mi vida en algún momento, ahora estas humildes lamparillas flotando en mi página iluminarán su noche. Que descansen en paz, ellos y nosotros.