Fin de Año
Termina mal el año, como era previsible dado el panorama. Nos despertamos cada mañana creyendo que la pesadilla ha terminado y nos sale Rubalcaba, o José Blanco a recordarnos que nada es más (i)real. El “accidente” de ayer es otra vuelta de tuerca al gran plan de pacificación de España, envidia del mundo entero, como decía Franco de su régimen. No es paranoia, aunque tal vez haya leído yo muchas novelas de espionaje y de ciencia ficción. La cara de Rodríguez Zp, incluso ante esa prensa apesadumbrada y timorata (no parecía haberle costado mucho al gobierno pactar las preguntas), proclamaba a los cuatro vientos su miedo y su mentira. Le preguntaban, con muchos miramientos si consideraba roto el pacto y él contestaba que el Pisuerga pasa por Valladolid, no fuera a desvelar algún secreto de Estado y se le enfadaran los socios. “Todo es cuestión de semántica”, le ha debido decir algún astuto consejero en la sombra, por eso los zulos son “almacenes” y los atentados “accidentes mortales”. Luego no hay caso.
Antes de que la Terminal 4 se convirtiera en una sucursal de Atocha, estaba yo preparando mi última entrada de este año con un somero vistazo a sus resultados, y lo veía ensombrecido en su conjunto por muchas razones, impresión que acentúa su abrupto y trágico final. Como mis actuales circunstancias profesionales me han alejado temporalmente de mi labor de cronista cultural, he visto muy mermado mi dominio del tema, y así como el año pasado pude hacer un repaso bastante detallado de los hitos que marcaron el 2005, en esta ocasión sólo puedo trazar los rasgos más generales de lo que yo recuerdo como hechos más destacados del 2006:
Entra en vigor la Ley antitabaco con resultados sorprendentes: al dejar que decidan los establecimientos (bares, restaurantes, etc.), incluso en aquellos que antes lo prohibían, permiten ahora fumar, aumentando de paso el consumo de alcohol. Por otra parte, como la prohibición sólo rige en los lugares de trabajo, las calles ofrecen el espectáculo insólito de grupitos de fumadores compulsivos, de todo género y condición, junto a los portales, favoreciendo el hermanamiento de clase y el pasotismo laboral.
El nacionalismo autonómico hispano, o ibérico, según se vea, se ha lanzado por la pendiente de la estupidez destructiva a un ritmo atronador que yo he recogido en estas páginas:
1) los nacionalistas vascos rechazan un homenaje a Pío Baroja por el cincuenta aniversario de su muerte. A cambio exigen que se celebren figuras como Balendin Enbeita, Jokin Zaitegi y otros vascos universales por el estilo.
2) El Bloque Nacionalista Gallego protesta porque no hay suficientes lápidas en gallego y promueve la utilización de ese idioma para honrar a sus muertos. Los marmolistas se frotan las manos.
3) De nuevo el BNG lanza una brillante propuesta: su huso horario no es de uso en sus territorios y propone desmarcarse del que se usa en el resto de España.
Polémica por las caricaturas de Mahoma en una publicación danesa. Una de las facciones de "las dos guerras culturales de Europa" (título de un brillante artículo de George Weigel en el último número de Nueva Revista), concretamente la que ataca cualquier vestigio judeocristiano en Europa, apoya vilmente el fanatismo desatado en el Islam por esos dibujos. Los países europeos se achantan y algunos, aunque no tuvieran nada que ver con ese episodio, piden perdón. En Madrid se celebra una manifestación de apoyo a Dinamarca a la que acuden cuatro gatos.
Gunger Grass revela su "oscuro" pasado en un libro de memorias: en su juventud perteneció a las juventudes hitlerianas. Más que ese reprobable hecho, lo que algunos no le perdonan es su hipocresía progre.
El mal aparece este año como una garantía de longevidad: Fidel Castro enferma y pasa las armas de gobernar y doblegar a su hermano Raúl, pero no muere así le maten, valga la redundancia. El martirio de Cuba parece, pues, eternizarse. Muere Augusto Pinochet a una provecta edad, libre de toda condena por sus crímenes. Santiago Carrillo, que cumplió el año pasado los noventa, sigue vivo y se permite hablar de la memoria histórica, olvidando la suya propia, manchada de sangre. Pero hay una excepción, que está en el polo opuesto a todos esos angelitos: Francisco Ayala cumple cien años y consigue sobrevivir a los repetidos homenajes que le prodigan sus admiradores a lo largo de todo el año.
Durante el verano, los incendios causan en Galicia una verdadera catástrofe ecológica cuyas consecuencias superan a las del hundimiento del Prestige. Sin embargo la progresía consigue marcarse un tanto y la sociedad, que no olvida el petróleo, corre un tupido velo sobre el fuego.
En marzo el gobierno anuncia que la política aliancista y pacifista de Zp ha terminado con la lacra del terrorismo al haber proclamado la ETA un alto el fuego permanente, aunque no se sepa muy bien contra qué enemigo. Como si no fuera con ellos, los socialistas asisten impasibles durante todo el año a una escalada de la violencia callejera, que queda impune, así como al rearme en Francia de la banda "pacificada", que culmina con la bomba del 30D en Barajas. Ni siquiera las dos "presuntas" víctimas de este atentado consiguen quebrantar el ansia infinita de paz que posee al titular del Ejecutivo.
Hoy mismo, último día del año, se producen manifestaciones en toda España, como colofón de un año muy activo a este respecto por parte de la AVT y otras organizaciones de víctimas del terrorismo. Los socialistas ven asediada su sede de Madrid por un grupo de exaltados y sienten en sus carnes lo que llevan viviendo los populares y el gobierno del PP en las suyas no sólo durante los años de su mandato (y en particular en la jornada de reflexión del 13M) sino casi constantemente en distintos puntos de España, sin que el Partido Socialista pronuncie una palabra de condena al respecto.
¡Ah! en Bagdad ejecutan a Sadam, en la sede misma donde él torturaba a sus oponentes. Deja muchas viudas y viudos en España y en el resto de Europa que no tardarán en manifestarse.
Y colorín colorado este año se ha terminado. Mi ruego es el siguiente: "Virgencita de Lourdes, que no nos quedemos como estamos".






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