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martes 23 de enero de 2007

Una temporada de cine

Para contribuir a las estadísticas, y sobre todo para distraerme e instruirme llegado el caso, la semana pasada he visto tres  películas, todas ellas magníficas, incluso las que me han disgustado.

Imagescaqd3vx4 La primera fue la de Clint Eastwood,  Las banderas de nuestros padres. Como todo el mundo sabe, va de héroes y ha dado mucho qué escribir sobre si es o no desmitificadora. Tal vez el hecho de que haya decepcionado a los seguidores de este gran cineasta (lo soy, pero sin pasarme) pueda sugerir lo primero, pero creo que es una impresión falsa, inherente a las necesidades del guión. Para empezar porque la historia real que cuenta estuvo bajo sospecha desde el principio. Al contrario de lo que he leído y oído a los detractores de la película, creo que con ella Eastwood ha ayudado a rehabilitar la memoria de esos muchachos, tanto como lo haya podido hacer el libro sobre el que está basada, Iwo Jima: Seis hombres y una bandera, escrito por James Bradley, hijo de uno de ellos. Es más, Eastwood devuelve su dimensión humana al heroísmo. ¡Que importa que “los seis” plantaran la bandera porque se lo mandaron sus superiores  y no motu proprio!  Que en el fragor de la batalla (¡y qué batalla!) no fueran conscientes del simbolismo de su acto, no resta un ápice a la importancia del mismo y, además, redefine la palabra “héroe”: ser humano lleno de imperfecciones que, un día, empujado por el automatismo de la supervivencia y de la disciplina se comporta como un dios y no se envanece por ello. Incluso puede que le avergüence su propia inconsciencia, su ignorancia.

2007010450antonietta Si los chicos de Iwo Jima me convencieron, no podría decir lo mismo de la María Antonieta de Sofía Coppola. La película estraga por su perfección estética como pueda hacerlo un menú compuesto por delicatessen desde los entrantes hasta las mignardises del café (sin puro). Imagino que se llevará todos los Oscares a fotografía, imagen, decorado, ambientación, caracterización, peluquería (sobre todo peluquería) vestuario, etc., de la temporada. Basada en nada, teje su argumento en torno al episodio más irrelevante de la vida de una de las figuras más trágicas de la Historia, el non consumatum est de los ocho primeros años del matrimonio formado por la princesa austriaca y el delfín de Francia, futuro Luis XVI, destinados ambos a una muerte injusta. Si algo nos recordara en la película que la desposada tenía apenas 15 años y el novio 17, quizás se habría podido entender mejor la supuesta torpeza del futuro guillotinado. Eso y que tenía fimosis. Pequeño detalle, al parecer, sin importancia.  Lo único que me gustó (aparte de la estética) fueron los anacronismos musicales. ¡Muy bueno el Carnaval al que acuden los delfines de incógnito! Y termino, porque no quiero que piensen que en el fondo me ha gustado, por eso de que no hay película tan mala (incluso española) que no tenga algo bueno por el que recordarla, sobre todo si además es irreprochable desde el punto de vista técnico.

Asesino_de_robert_kennedy La tercera, y por ahora última película, ha sido Bobby, de Emilio Estévez, el cachorro más hispanizante de los hijos de Martin Sheen, y todavía no salgo de mi asombro. Una serie de personajes confluyen en el mismo hotel (guiño a Robert Altman) donde será asesinado esa misma noche Robert Kennedy, que acude ahí a celebrar su triunfo, todavía relativo, en las Primarias. Tras un planteamiento realmente brillante viene la decepción. De forma asombrosa, yo diría que incomprensible, el director olvida referirse al asesino, el jordano Sirhan Sirhan, a quien no presta la menor atención ni siquiera en las notas que preceden a la lenta ficha técnica del final, donde la voz en off del senador asesinado desgrana una oratoria buenista e impracticable (no hubiera podido cumplir ni la décima parte de lo que dice), que recuerda inevitablemente al discurso que se larga Tolstoi como epílogo a Guerra y paz.  Ni una palabra sobre quien era ni lo que pasó con él. Sólo los que recordamos que el asesino de Bobby, afortunadamente todavía en chirona, era un musulmán fanático y que lo mató para vengarse del apoyo americano a Israel, identificamos al joven árabe que, en un momento dado, empuja la puerta giratoria del hotel, momentos antes del asesinato. Nada más. Y eso, perdonen, es muy grave porque la conclusión que se saca después de ver la película, es que la culpa de que muera ese hombre bonitísimo la tiene su propia perfección (en ese sentido le convierte en un personaje cristológico) que choca frontalmente con la maldad del sistema y de la sociedad americanas y así,  lo que sólo fue una acción de fanatismo islámico premoderno, se convierte, en esta película,  en una secuela más de la guerra de Vietnam y del racismo imperante en la sociedad blanca americana, que nadie niega que existiera, pero nada tiene que ver con este caso. Comprenderán que con la que está cayendo, esta película de propaganda aliancista (de las civilizaciones, se entiende) resulte sencillamente deletérea. Y sin embargo, es la consecuencia lógica de la mentalidad posmoderna, que considera más cómodo y menos peligroso negar la existencia de los verdugos y  culpabilizar a las víctimas que enfrentarse cara a cara con el problema.

domingo 14 de enero de 2007

Cordón sanitario

Por_la_paz Tras la manifestación-trampa de ayer leo muchas columnas catastrofistas, que lloran la derrota definitiva del liberalismo y de la democracia: que si no hay nada que hacer, que ganarán siempre, que se llevan a la gente de calle, etc. etc. ¡Menos lobos!  La demostración sindical del otro día contaba con un público demasiado heterogéneo como para conseguir el grado necesario de adhesión inquebrantable al régimen zapateril.  Después de haber sido barridos de la calle por la derecha -la única tendencia política que por el momento apoya realmente a las víctimas en este país- los progres, que en el fondo admiran a ETA, han visto el cielo abierto ante la posibilidad de repetir sus estrofas de siempre. Y sobre todo de dar saltitos pues, por alguna razón que se me escapa,  consideran ese gesto muy de izquierdas y que no me digan que es porque son jóvenes, porque me da la risa. Pero no ha sido tan bonito como hubieran querido: mucha gente no les seguía el juego. Esto se podía ver muy bien en Telemadrid (bravo por ellos) que según se dice fue atacada en algún tramo del recorrido, como era de esperar de esa tropa. Rodeada por un cordón sanitario (Luppi dixit) de corte nazi, compuesto por presuntos lectores de El País y presuntos actores (lectores de nada) que coreaban vaciedades, una heroica corresponsal, esgrimía su micrófono, como los héroes de Iwo Yima la bandera en la cima de la arriscada montaña, y entrevistaba a unos cuantos ecuatorianos, cuyo discurso era muy diferente del que podían desear los organizadores del evento.

Esa gente, ni parecía contenta, ni tenía motivos para estarlo. Encima de haber perdido a sus conciudadanos, estaban ahí aguantando que los españolitos (ya sabemos cuánto nos quieren) les utilizaran para librar sus batallitas políticas. Hablé con varias personas que habían asistido, movidas por diferentes anhelos. Algunos, de buena fe, porque creían que era su deber, ya que  estuvieron siempre en todas las manifestaciones contra la ETA desde el principio. Estaban indignados.  Ecuatorianos (mi asistenta finalmente acudió y lo entiendo) que creían que se iba a pedir justicia y mano dura contra los asesinos y vieron que no era así, ni era ese el camino. Estaban indignados. Y un par de familiares progres que habían ido lisa y llanamente a apoyar a Zapatero. Estaban encantados. Ya conocen su razonamiento: la culpa la tiene el PP que no apoya las negociaciones y enfurecen, con razón, a los pobres etarras. Son como la mujer del inefable Ubu, de Alfred Jarry, la cual, tras dar a  luz a un niño negro le dice a su blanco esposo, que la mira con desconcierto: ¡Pero con quién habrás estado, tarambaina!

viernes 12 de enero de 2007

¿Pero voy o no voy?

Cuando, con la democracia, la delincuencia creció exponencialmente en las grandes ciudades españolas–algún precio había que pagar en nombre de los derechos humanos- y atracos, robos y otras cuquerías se pusieron al orden del día, muchos pensaban, pero pocos lo decían, que al haber menos miramientos y más mano dura, con Franco eso no pasaba. ¿Nadie se atrevía a relacionar ambas cosas? Mentira, una señora de izquierdas (roja, corregía ella con mucho orgullo) de mi familia lo admitía cuando se jactaba de que los ladrones habían visitado todas las casas de su calle menos la suya. ¿Y por qué?, preguntarán ustedes, ¿acaso la conocían? No andan descaminados pues, según ella, los ladrones, liberados al fin de yugo de Franco, no la atacaban ¡porque sabían que era de izquierdas!  La interpretación es ambigua: ¿Lo decía porque consideraba a los ladrones de izquierdas o porque consideraba a los de izquierdas ladrones? Jamás lo supe y si la decía: “Pero tía, ¿no ves que cuando cuentas esto estás dando la razón a Franco de que os persiguiera?, ella replicaba: “calla, calla, que yo me entiendo” y se sumía en un obstinado silencio. Lo cierto es que a ella no la perseguía nadie desde que la amnistiaron en el 49 e incluso se enriqueció gracias al comercio que pudo instalar con una licencia concedida por el abominable régimen.

Pues bien, tras el 30D, tras el asesinato deliberado (¿pero quién se cree que con esa carga no pretendían hacer sangre?) en Barajas de dos ciudadanos ecuatorianos que tuvieron la mala suerte de venir a España a ganarse el pan, Zapatero y sus sicarios reaccionan con el mismo asombro con el que habría reaccionado mi tía si los ladrones la hubieran atracado: “¡Hacernos eso a nosotros, que somos de izquierdas! ¡Imposible! ¡Tienen que haberse equivocado! ¡Ha sido un desgraciado accidente!”. Nueve meses de tregua unilateral (del lado de la policía que les ayudaba a escapar cuando había problemas) les han bastado para rearmarse hasta los dientes y ponerse aún más chulitos. “¡Pero la culpa la tiene la derecha, que no nos deja negociar en paz!”, diría mi tía si aún viviera. Y se hubiera ido a la manifestación de mañana a dar saltitos con los campeones de la paz, reactivados hoy por la ilusión de volverse a meter con el PP.

¡Ojo!, dice el GCS (Gran Consejero en la Sombra) que susurra al oído de Zapatero: “Todo es una cuestión de semántica”, pues han aprendido de sus maestros fascistas y comunistas el poder corruptor del lenguaje:  “No digamos terrorismo, sino violencia, no digamos ruptura sino suspensión, no hablemos de libertad, sino de paz, y no dejemos de gritar que los únicos asesinos son los de la guerra de Irak”  “Pero bueno, señora, ¿voy o no voy?”, me pregunta, perpleja, mi asistenta ecuatoriana. “Usted verá, Edit, pero sepa que para los que convocan esta manifestación lo de menos son las víctimas de ETA, incluidas los ecuatorianos, como lo han estado demostrando durante estos dos últimos años. Sepa que esta es una manifestación-trampa para atrapar incautos y para utilizarles a ustedes de mala manera para sus propios fines que no son otros que apoyar a Zapatero y su suicidario "proceso de paz".  Sepa que difícilmente puede haber paz cuando no hay guerra. Sepa también que quienes convocan esta manifestación, jamás movieron un dedito en contra de ETA, ni aceptaron ponerse pegatinas en contra de ETA, y se han negado sistemáticamente a apoyar a las víctimas del terrorismo  desde que, gracias a un acto terrorista cometido por islamistas, los suyos llegaron al poder, ni se han manifestado contra nada ni nadie que no fuera el PP y la guerra de Irak”.  Me refería a los actores y a sus animadores culturales, porque los políticos sí lo hicieron. La prueba es la fotografía de portada que sacó ayer La Razón, donde se ve a Zapatero, acompañado de ilustres demócratas, en el año 2000, bajo una pancarta que casi les cubría, donde se lee la palabra borrada hoy del diccionario zapateril: la palabra prohibida, la palabra bajo sospecha, la palabra LIBERTAD, hoy más ansiada, más deseada y más importante que nunca.   

Otrosí,

Junto a la estratégica y trascendental “cuestión de semántica” está lo que ellos llaman “Impacto visual” (¿pero qué libros lee esta gente, Dios mío?). Un ejemplo de esto último es el siguiente modelo de pancarta ofertada, tras arduas discusiones con los diferentes grupos políticos y asociaciones de víctimas, para conseguir un mínimo (y verán cuán imposible) consenso:

POR LA PAZ

CONTRA EL TERRORISMO

por la libertad

Los nazis fueron derrotados por los aliados, y los comunistas (aunque no todos todavía), aniquilados por sus contradicciones internas, pero crearon escuela, vaya si la crearon.

lunes 8 de enero de 2007

Malas vibraciones

Mal terminó el año, pero no empieza mucho mejor. Ni en lo público ni en lo privado. La muerte, desafiando las estadísticas, me ha rozado muy de cerca llevándose a seis personas muy queridas en menos de dos meses, tres de ellas de mi familia y tres de mis amistades más próximas. No quiero despertar con ello la piedad de nadie, pero invita a la reflexión ese estrecho cerco de la enfermedad y la muerte que a veces nos rodea, confiriendo un tinte macabro al entorno. Y cuando el entorno, por añadidura, es sombrío, ¿qué puede mitigar nuestra melancolía? Sin duda, el trabajo, la acción. Sacudirse de encima la amargura y encarar con firmeza el futuro. Estos son, resumidos en dos puntos, mis propósitos para el año recién estrenado:

-Denunciar y divulgar, por tierra mar y aire, toda estupidez que llegue a mi conocimiento, aún a riesgo de parecer yo misma una estúpida (lo digo porque algunos no entendieron lo de Huitzilopchtli y creyeron que les invitaba a la abominable fiesta), por esa tendencia mía a la elipsis y la ironía.

-No permitir, en la medida de mis posibilidades, injusticias, arbitrariedades y excesos de poder que lleguen a mi conocimiento y sobre los que tenga alguna jurisdicción.

Creo que estas dos decisiones –no exentas de riesgos y propias de la caballería andante- son más que suficientes para ocupar lo que mucho o poco que me quede de vida. Si además utilizo para aplicarlas los medios de que dispongo habitualmente (prensa, radio, televisión y creación literaria) estoy definiendo los principales objetivos de mi profesión.

Dicho esto, añado un tercer propósito menos ambicioso, pero que ayudará a plasmar los anteriores: escribir más a menudo en este blog, sincerarme más, desabrocharme. En definitiva, se supone que esta página hace las veces de diario pero confieso que no es lo mismo escribir mirándose el ombligo que directamente al espejo. Y esto es Internet, un espejo muy particular en el que nosotros nos miramos, pero los que nos ven son los otros.