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sábado 24 de febrero de 2007

San Policarpo y Flaubert

El 23 de febrero no sólo se recuerda el infausto y felizmente fallido golpe militar que lleva su nombre, también se conmemora la fiesta de San Policarpo, obispo de Esmirna y padre de la iglesia primitiva. Policarpo nació hacia el año 60, siendo emperador Vespasiano y fue cristianado bajo Tito. Es un testigo de segunda generación, para entendernos, pues conoció a muchos de los que trataron a Jesús en la intimidad.  Fue discípulo de San Juan Evangelista, como también San Ignacio y precisamente fue el Apóstol quien les nombró obispos de Esmirna y Antioquía, respectivamente. Cuando Ignacio pasó por Esmirna, camino de Roma y del martirio, Policarpo tuvo ocasión de abrazar a su antiguo condiscípulo, el cual se apresuró a encargarle que escribiera en su nombre a los fieles de Oriente, para mantener viva y unida a la Iglesia. El resultado fue una famosa carta de Policarpo a los Filipenses, de cuyas excelencias se hacen eco, entre otros, San Ireneo y San Jerónimo y que fue muy leída en las iglesias en tiempos de este último. A los ochenta años, Policarpo viajó a Roma para visitar al papa Aniceto y conseguir unificar la fecha de la Pascua en Oriente y Occidente, acuerdo que no llegó a fraguarse a pesar de la coincidencia de objetivos. En tiempos de Marco Aurelio, Policarpo, ya muy anciano, fue condenado a morir en la hoguera, lo que hizo en olor de santidad pues, según los testigos, las llamas se apartaron de su cuerpo, que despedía un fuerte olor a incienso, de forma que los sicarios del procónsul tuvieron que alancearle para terminar con su vida.

San Policarpo no sólo ha llamado la atención de eruditos e historiadores; algunos rasgos de su carácter, como por ejemplo la sencillez y frescura de sus prédicas, unidas a la indignación que le producía cualquier herejía –y había muchas–, fueron transmitidos por su discípulo Ireneo (Herejías) y recogidos con entusiasmo por Flaubert.  Es conocido el interés de este gran novelista por la hagiografía –ahí están Las tentaciones de San Antonio y La leyenda de San Julián el Hospitalario para demostrarlo–, así como el desdén que sentía por su propia época, hasta el punto de que (creo que lo he comentado ya muchas veces) clasificaba la Historia en tres etapas: “Paganismo, Cristianismo y Estupidismo” y emprendió la ingente labor de recoger toda suerte de estupideces en un "tontario". Por tanto, no es de extrañar que repitiera constantemente las palabras que profería San Policarpo cuando le poseía esa “santa indignación” mencionada por San Ireneo: “¡Dios mío, Dios mío! ¡En qué época me has hecho nacer!”. Los amigos del escritor, contagiados por esa admiración, celebraban con él, cada 23 de febrero, “la san Policarpo”, durante un banquete algo rabelesiano donde despotricaban contra las costumbres de la tan denostada época que les había tocado soportar a su vez. El amado discípulo de Flaubert, Guy de Maupasant, llegó incluso a imprimir un papel de cartas para las invitaciones, con una imagen del santo, rareza de la que encontré un ejemplar por pura chiripa y que he intentado escanear para reproducirlo aquí. En él se puede ver al santo, cuya ingenuidad ha sido perfectamente captada por el artista,  en actitud de alarmada perplejidad, y en torno a su imagen la famosa admonición: "Mon Dieu, mon Dieu, dans quel temps m'avez vous  fait naître!"

Otrosí,

El tontario, más

El Tontario, propiamente dicho

sábado 10 de febrero de 2007

Sefarad Israel

M_flag Empecé la semana con asuntos judíos y con ellos la terminé, aunque en este caso para conmemorar algo alegre y positivo, ya que el jueves 8 se inauguraba en el Palacio de Santa Cruz –o sea al Ministerio de Exteriores- la Casa Sefarad Israel, que todavía no tiene sede pero sí sedimento. Y aquí una digresión sobre las Casas. Esta fórmula, que existe en el mundo entero, surgió en España con la Casa de América de Madrid, para poner al servicio de los países americanos (se incluye también Estados Unidos y Canadá, mal que les pese a algunos) un espacio cultural –en el más amplio sentido de la palabra- donde la ciudad y, por extensión, el país que la alberga, pueda acoger todas las manifestaciones culturales, sociales y de cualquier índole que procedan de los países contemplados o que estén relacionadas con ellos. Años después, le tocó el turno a Asia y, fue Barcelona quien  se ocupó de ella, aunque ya hay una sucursal en Madrid que, como algunas codas, puede llegar a cobrar más importancia que el cuerpo principal.

Luego vino la Casa Árabe, situada en Madrid, y casi de seguido, esta Casa Sefarad-Israel, y aunque me alegro de que por fin se haya corregido el anacronismo de dejarlo sólo en Sefarad, como era en principio la idea, y aunque aplaudo la inclusión de Israel y su protagonismo en esta Institución, como país y como cultura, en puridad y justa reciprocidad hubiera debido llamarse la Casa Judía, huelga explicar por qué.

Pero lo importante es que ya está constituida y no puedo ocultar mi debilidad hacia ella. Esta Casa Sefarad Israel, esta Casa Judía, me llena de esperanza pues nada es más positivo para la España de hoy que explorar su parte judía. Nada más injusto que su segregación, nada más conmovedor que su posterior e hispanizante diáspora ni nada más interesante y desconocido que Israel, verdadero fanal de Occidente en Oriente, y tal vez en ello resida parte y media del odio que le tienen sus enemigos. La fórmula elegida, es la misma que rige para las otras Casa. Un Consorcio entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de la ciudad que las alberga, en este caso Madrid, cohabitación que debería garantizar la pluralidad y el equilibrio de sus contenidos. Durante la ceremonia hablaron los más altos representantes de dichas instituciones, así como la Ministra de Exteriores de Israel, que no desaprovechó la ocasión de recordar que la Casa no sólo se debe al Sefarad pasado, sino al Israel de ahora. Al parecer, según contó el ministro Moratinos en su discurso, el primer vestigio de presencia judía en la Península es una lápida del siglo II con la inscripción 'Annia Salomonula', y resulta que la Directora de la Casa se llama precisamente Ana Salomón, la cual, recordemos, ha sido durante estos años la Embajadora en misión especial ante las Comunidades y Organizaciones Judías. Un simpático guiño de la Historia.

miércoles 7 de febrero de 2007

Shoah (Revisado)

Finalmente el lunes 5 asistí al Acto por el que la Comunidad de Madrid conmemora todos los años -desde hace ocho- la infausta memoria del Holocausto, ese crimen por el que Europa nunca será perdonada del todo, como tampoco se le debería perdonar que haya permitido al comunismo cometer todo tipo de atropellos en tantas partes de su territorio y del mundo (y  siga haciéndolo). El embajador de Israel, Victor Harel, aprovechó su discurso para despedirse de nosotros (le echaremos de menos) y no pudo ser más esclarecedor al respecto. Insistió una y otra vez en la identificación entre Shoah e Israel.

Efectivamente, no se puede entender este país sin ese terrible crimen. Por eso cuando Marcel Cohen preguntó a Edmond Jabès, en una famosa entrevista, qué pensaba de Israel, y éste le contestó: “Israel es la vergüenza de Europa”, yo entendí perfectamente que el egipcio se refería a lo mismo que aludía hoy el embajador: a que fue ese hecho vergonzoso de la Shoah, protagonizado por Europa, lo que hizo más necesaria que nunca la existencia de Israel. La vergüenza es de Europa, no de Israel, por mucho que Valente y compañeros mártires interpreten que Jabès se refería a lo segundo.

El embajador también aludió a la desafortunada intervención de Shlomo Ben-Ami del día 26 de enero, en el Acto del Congreso de los Diputados, donde están especializados en meter la pata. El primer año fue con aquella intervención bochornosa del impostor Enric Marco, que se hizo pasar por superviviente de Mauthausen y que convirtió aquel primer recordatoria del gobierno de España a la Shoah en un sorprendente homenaje a los republicanos españoles. Ya ahora esto. Ben-Ami no es tonto;  debía saber que no se habla así ante un público mayoritariamente hostil al proyecto israelí.  Lean ustedes su discurso y saquen sus propias conclusiones.

domingo 4 de febrero de 2007

Contra el terrorismo

Aznar_y_ana_irbar El fin de semana (no éste, sino el anterior) estuve en San Sebastián para asistir a la entrega a José María Aznar del premio  anual de la Fundación Gregorio Ordóñez. Precisamente ese viernes  26 de enero yo iba ir al acto del Congreso de los Diputados en memoria de la Shoah, pero como tengo pensado acudir el 5 de febrero al que se celebra en la Asamblea de Madrid, decidí estar junto a Ana Iríbar, la viuda de Ordóñez, con la que tengo el privilegio de compartir lugar de trabajo y me embarqué en un viaje a esa región de España que algunos llaman “el frente”.

Fui en tren. El paisaje se imponía sobre cualquier intento de concentración en la lectura, pues desde Burgos, y hasta el límite mismo de las tierras vascongadas, el blanco meteoro (como llaman los del tiempo a la nieve) daba a los parajes que atravesábamos un aspecto fantasmal más propio de los cuentos de hadas que de la sórdida realidad de la que eran pórtico. Una vez en San Sebastián, frente a la playa de la Concha, la impresión casi dolorosa que produce el espectáculo de la belleza, se veía acentuada por la certidumbre de que la mayor parte de las personas que te encontrabas por la calle eran, en cierto modo, los silenciosos cómplices del verdugo. La falta de libertad era palpable en el hecho mismo de que quienes nos alojábamos en el hotel nos guardáramos muy mucho de expresar cuál era el acontecimiento que nos había reunido o el destino al que nos dirigíamos aquella tarde. Donde hay temor, o simplemente cautela, no hay libertad, eso no tiene vuelta de hoja.

Y sin embargo, no había demasiado revuelo en la entrada del Kursaal. Los indispensables reporteros con sus cámaras y demás aparejos, y, por supuesto, los numerosos escoltas. La sala no estaba abarrotada, pero el lleno era importante y supuse que ahí estaban, además de los pocos foráneos, lo más granado, lo más valiente y lo más heroico de la nada heroica ciudad. Cuando empezaron los discursos no me cupo la menor duda. El agradecimiento de esa gente, a la que no puedo más que calificar de infortunada, ante determinadas palabras se expresó en continuas salvas de aplausos, en los que daban rienda suelta a toda la tensión acumulada, día a día. Aplausos a Carlos Herrera, que conducía el acto, a María San Gil, a Teresa Jiménez Becerril, la hermana del concejal del PP asesinado en Sevilla el 28 de enero, junto a su mujer. Aplausos cuando se referían a España, a la unidad de los españoles, cuando condenaban a los terroristas, cuando rechazaban la negociación con estos, cuando recordaban a las víctimas, cuando criticaban al actual gobierno, en particular a Zapatero. Aplausos a Aznar y a Ana Iríbar, ambos con discursos muy estructurados, de los que se ha hecho eco la prensa. Alguien, no sé si la propia Ana, se refirió también al acto de la mañana, en el cementerio de Polloe, al que asistieron Mayor Oreja y Esperanza Aguirre, que regresaron después a Madrid. No sabíamos todavía, aunque era previsible, que esas flores que colocaron con el respeto debido a los muertos serían pateadas al día siguiente por unos aprendices de terroristas, algunos de sólo 14 años, la misma edad que la del hijo de Gregorio Ordóñez y Ana Iríbar, y esa profanación reafirma mi idea de que con las víctimas del terrorismo ocurre como con los judíos en época nazi (y en otras), que sus vecinos no se atreven a dirigirles la palabra, ni a admitir que les estiman o que les conocen. Hay otro “colectivo” con el que ocurre algo parecido, me refiero a los exiliados cubanos. Pero no quiero apartarme de mi crónica.

Teresa_jimnez_becerril Con ser todos los discursos irreprochables, la revelación de la noche fue indiscutiblemente Teresa Jiménez Becerril quien estremeció a todos al explicar hasta qué punto, desde el asesinato de su hermano y de su cuñada, llegó a aborrecer todo lo que hiciera alusión a los vascos. Cuando veía en un restaurante “merluza a la bilbaína”, le daba asco, la mención de las ciudades y excelencias turísticas de la zona, le daban asco. Sin embargo todos parecían comprender perfectamente estos términos tan duros, como también su explicación de que ese crimen ejecutado en Sevilla, contra unas personas que nada tenían que ver con el País Vasco, ratificaba la indudable e indiscutible españolidad de esta autonomía.

Esta mujer joven, con marcado acento sevillano, tiene madera de líder. Lo demostró en San Sebastián y lo confirmó este último sábado durante la manifestación contra el terrorismo, la libertad y el rechazo a la negociación con ETA que reunió en Madrid a más de un millón de personas, poniendo en evidencia la débil capacidad de convocatoria del gobierno, que el 13 de enero se escudó en las organizaciones sindicales y en las asociaciones de ecuatorianos para manifestarse contra el PP y “por la paz”. Teresa Jiménez Becerril habla alto, claro y directo, no tiene problemas de semántica ni se muerde la lengua, ni sus palabras son, como dicen los franceses del lenguaje apañado de los políticos, “de madera”, sino de verdad: sangre, sudor y hierro. No sé si estará entre sus prioridades, pero ¡qué gran presidenta de la AVT se perfila en lontananza!