Acontecimientos de la irrealidad inmediata
Ayer, día que el gobierno convirtió en "el día de la Bestia", mientras la gente se dirigía indignada hacia el Ministerio del Interior para protestar por la infamia, yo asistía, a unos pocos metros de ahí, a la presentación del libro de José María Calleja, Castro, la mentira barbuda. La transición de Cuba a la democracia. La sala no estaba ni la mitad de llena que si el libro hubiera tratado de lo que se le supone “lo suyo”, es decir, el País Vasco, pero tampoco estaba vacía. Calleja narra en el libro lo que él ha visto en sus viajes a Cuba, la pegajosa realidad de un país bajo vigilancia intensiva, donde hay todavía 24 periodistas encarcelados, como mencionó Raúl Rivero, que le servía de presentador y que, como recordarán, escapó de esas mismas cárceles, entre otras cosas por la presión española. Una operación de salvamento que inició el PP y que remató el PSOE en la graciosa personita de Trinidad Jiménez, ingerencia que no sé si le habrán perdonado todavía, pero recuerdo con qué alegría presentaba ella al poeta, recién llegado a España, al “todo Madrid”, acompañada de Carmen Calvo y ninguneando, como suelen hacer los políticos, en particular, los de izquierdas, a quienes les precedieron en esa misión salvadora, como si la idea fuera enteramente suya. Fue, recuerdo, un acto semiclandestino, en el que no hubo convocatoria pública, y las invitaciones se hicieron por teléfono, lo que no impidió que hubiera un importante despliegue de "medios amigos". ¡Y los organizadores pretendían que aquel acto no fuera "político" sino "literario"!, como si tal cosa fuera posible estando esas señoras, y Fidel Castro, en juego. Ellas de cuerpo presente y él por alusiones.
Volviendo al libro de Calleja, basta con mirar el índice para comprender que no hay llaga en la que no hurgue, ni realidad, por poco comprometida que sea, que se le escape. Particularmente atractivo es el último capítulo, titulado “La fascinación de Castro. Los mariachis españoles del dictador”, en el que arremete de manera muy especial contra Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique), uno de los periodistas más glamourosos de la izquierda tonta y mala, el cual, unos meses antes había presentado su apología del dictador cubano con un lleno absoluto en esa misma sala. Lean y saboreen este extracto:
“Como un cura casposo del régimen nacionalcatólico del franquismo, Ramonet lleva viviendo años del cuento de amenazarnos con el fin del mundo por culpa del pecado del capitalismo y sigue defendiendo, a fecha de hoy, el paraíso de Fidel. Ese reducto exótico, esa dictadura con barba que ha plantado cara al enemigo principal: Estados Unidos.
Ramonet defiende a Castro como quien acaricia un bob tail con una copa de bourbon en la mano y la chimenea encendida al fondo del salón del chalé.”
Magnífica de veras esta cala que augura lo mejor sobre el libro. Y si hicieran falta más argumentos, baste el hecho de que aquellos mismos que en su momento aplaudieron la biografía “a dos voces” de Castro/Ramonet, califican con mucho desprecio al libro de Calleja de “flojito”. Calleja no se muerde la lengua, ni cuando habla del País Vasco, ni cuando habla de Cuba. Para plasmar su poco aprecio al régimen cubano llegó a afirmar prefería morirse de aburrimiento tomándose un café con leche en Suiza que “divertirse” de lo lindo bebiéndose un daiquiri en la Isla desafortunada, lo cual me recordó aquella frase de González cuando dijo –antes de la caída del Muro- que prefería morir de un navajazo en una esquina de Nueva York que vivir un día en la Unión Soviética (o algo parecido). Calleja , que trabaja donde trabaja (CNN plus) y que sigue considerándose de izquierdas (enfermedad de la que acaban siempre por “curarte”), mencionó los penosos acontecimientos del día, es decir, la victoria de ETA, quejándose de que le habían hundido ese acto de presentación y que estaba visto que no podía quitarse la chapela ni un segundo de su vida desde hacía veintitantos años. Acto seguido, muchos de los que ahí estaban se fueron al Ministerio del Interior, menos yo que me fui a la radio, porque tenía que hablar de un libro de un escritor rumano, Max Blecher, el cual, a pesar de estar a años luz de todo lo que pueda tener que ver con la política y la prosa de la vida (lírica pura), sin embargo tiene un título que le hacía disparatadamente oportuno respecto a lo que estaba ocurriendo ese día en nuestro país y en el mundo: Acontecimientos de la irrealidad inmediata
Otrosí,

Buena reseña.
Soy de Juventudes Liberales, nos conocimos el año pasado en el acto de apoyo a Dinamarca y no he vuelto a tener la ocasión de agradecerle su asistencia.
Un saludo, no conocía su blog. Muy bueno.
Publicado por: Libertas | viernes 2 de marzo de 2007 a las 23:27
Sí, no dudo de que estará bien el libro de José María Calleja, pero no deja de tener gracia el pánico que experimenta, él y tantas personas honradas de la izquierda, a que se les tome por "gente-de-la-derecha". De ahí, creo yo, viene la costumbre de poner el sellito, el cuño que diga,: "¡cuidado, un respeto, que seré crítico, pero soy de izquierdas!". Es como un conjuro. Y si no, ¿qué es lo de "cura casposo del régimen del nacionalcatolicismo franquista"? Puede que me equivoque, pero creo que aún les queda ese prejuicio, ese miedo.
Publicado por: Enrique | sábado 3 de marzo de 2007 a las 14:47
No te equivocas, Enrique. Ni un pelo. José María Calleja es el típico caso de "entrismo" de la izquierda en las mantecosas filas de derechas. Éstas le animan y jalean, mientras el antiguo comunista medra y medra y medra a costa suya... Lo que dice de Castro es cierto, aunque a estas alturas tenga poco mérito. De todas formas, su "revisionismo" es incompleto y, por ello mismo, inválido. ¿Qué es eso de que "sigo siendo de izquierdas"? ¿Mayor sensibilidad social? ¿Más apego al aparato? No recuerdo haberle visto, ni siquiera de perfil, en ninguna de las manifestaciones de apoyo a las víctimas del terrorismo. Tendrá miedo de que le quiten su "piscina". Pasma y admira ese equilibrio funambúlico.
Publicado por: javier | lunes 5 de marzo de 2007 a las 9:37