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jueves 22 de marzo de 2007

El peso de la ley

Estuve esta mañana en el desayuno del Foro Nueva Economía, en el hotel Ritz. Hablaba Miguel Sanz, el presidente de Navarra.  Me cae muy bien este señor, no sólo porque esté de acuerdo en casi todo lo que dice (otros con los que me ocurre lo mismo me parecen insoportables y no digo nombres porque después todo se sabe), sino porque es valiente; le he oído decir verdades de a puño en muchas ocasiones sin complejos ni sonrojos. Es de la estirpe de Rosa Díez, de Esperanza Aguirre, de Teresa Jiménez Becerril, de María San Gil, y me pregunto por qué, a voz de pronto, sólo me salen nombres femeninos. Estas personas aquí nombradas difieren en estilos y tendencias y sin embargo tienen en común muchas cosas. La claridad con la que se expresan, la contundencia de sus opiniones, su estilo directo, ese no andarse por las ramas de la oratoria. También su pragmatismo: no se trata de quedar bien, sino de comunicar algo muy urgente, muy perentorio, que muchos piensan pero que pocos formulan y que es importante que llegue a su destino. Son momentos estos de mucho peligro, para Navarra, para España, para la Libertad.  No hay día que no nos reserve una sorpresa desagradable, que no sufra un revés el derecho y la justicia. 

Esto saca de quicio a la mayoría. A una amiga se le quemó la casa mientras estaba de viaje. Al parecer el fuego partió de su dormitorio. La instalación era vetusta y ahora las aseguradoras la acusan de neglicencia criminal. Nadie murió ni salió lesionado pero el edificio quedó prácticamente destruido. Me dice que corre el riesgo de ir a la cárcel. Lo entendería -comenta- en otras circunstancias, ¡pero ahora! ¡cuando de  Juana Chaos y Otegi se pasean impunemente por las calles! ¡Mucho ojo a quien crea que puede saltarse las leyes a la torera porque éstos anden sueltos! Para disfrutar de ese privilegio hay que haberse cargado a 25 personas, como poco. Pero si ha cometido el horrendo delito de no cambiar la instalación eléctrica en veinte años, rece para que no haya un incendio a sus espaldas. Caerá sobre usted toda la frustración y todo el peso de la ley.

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Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian El peso de la ley:

Comentarios

Ya tengo yo observado que cuando los hombres fallan, en situaciones críticas, toman su puesto las mujeres. ¿Dónde está, por poner un ejemplo, el afamado Redondo Terreros? Muy sencillo: asegurando su futuro político. Lo mismito que hace Rosa Díez, a quien no se le suponía esa valentía. Asquea tanto cálculo. La naturaleza tiene horror al vacío, y si la hombría no se sitúa donde debe, se traslada bonitamente a otro lugar.

Cayó por no callar, o por mojarse, Hermann Tertsch. Otros callan para no caer. Y para mojarse, es mucho mejor hacerlo en la "piscina". Qué vida ésta.

Y en cuanto a Savater, parece que lo suyo va en serio. Acaba de leer un manifiesto contra la política "antiterrorista" de R. Z., junto con Rosa Díez, Tertsch, Juaristi y otra gente de fiar. ¿Dónde estás, Redondo Terreros? ¿Y tú, Calleja?
(Nota.- Tres comentarios y yo solito. Estoy hecho un fiera.)

Hermann había hecho cosas muy malas, como apoyar las manifestaciones de la AVT, acudir a las convocatorias del maligno y asistir al premio que le dió la Fundación Gregorio Ordóñez a Aznar en enero pasado. Ah, y otros pecados abominables como apoyar a Israel y condenar a Castro. De ahí al "lado oscuro" hay un paso. Con su defenestración el lado "claro" se queda más clareado que nunca.

Ser persona de bien (valga esta ñoña expresión) se paga. Pero te quedas enormemente a gusto. Y puedes disfrutar de las cosas sencillas, como leer un libro, ver una película años 50, etcétera. Vamos a ganar. Buen fin de semana.

Jesús de Polanco, todos sabemos quien fue, todos sabemos quien es. Creo que debemos alegrarnos de que un hombre decente como Tertsch se aparte de tan pestilente compañía.

Tertsch fue de los pocos que no miraron hacia otro lado durante el genocidio de Bosnia-Herzegovina (ese que, aunque produjera 200.000 víctimas, no interesaba a los progres porque no había manera de endilgárselo a los americanos). Le descubrí entonces, y le he seguido la pista durante años. Aguanté unos años más comprando El País sobre todo por leer sus columnas. Culto, brillante, políticamente incorrecto (pro-Israel, pro-Occidente, pro-Iglesia Católica ... verdaderamente, su permanencia en PRISA era una "contradicción" insostenible). Afortunado quien le fiche.

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