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lunes 25 de junio de 2007

Doña Realidad

Un buen amigo me aconsejó que para no desatender mi blog olvidara mis pretensiones de hacer de cada entrada un artículo porque sino, y visto lo visto, no volvería a escribir en él en la vida. Él blog me retiró del diario, al que era bastante más asidua por eso de la impunidad, pero a este paso el no poder responder a las expectativas que me he impuesto va a hacer que me retire de la propia escritura. Estas "virutas de carpintero", como llamaba Machado a las reflexiones al margen, o al pasar, son a veces una materia riquísima para el escritor y un excelente ejercicio de campo, como el bloc de dibujo para el pintor. Anotemos pues, y olvidemos el resultado; de lo que se trata es de ejercitar la memoria retratando el día a día.

Hoy, por ejemplo, cuando doña Realidad (como llamaba Galdós a esa matrona despeinada y autoritaria que nos impide soñar) nos ha golpeado con su razón cotidiana de ignominia, lo que me ha llamado la atención ha sido el detalle absurdo de un ministro dirigiéndose a la prensa en pijama ... mientras comunicaba la noticia tristísima de esas muertes que se podían haber evitado conque tan sólo hubiera cumplido -ese mismo ministro- las promesas que hizo en el parlamento, con traje y corbata, de que a ningún destacamento español en misión de paz, naturalmente, le pasaría nada grave ante un posible ataque terrorista porque se tomarían las medidas necesarias para impedirlo.  Por ejemplo, un inhibidor de frecuencia (coste 1.000 euros) que hubiera invalidado el ataque. Ambas imágenes, la del ministro en deshabillé (hoy) y el ministro trajeado (ayer), las he visto gracias a ese estupendo método que utiliza Telemadrid en sus informativos de echar mano de los archivos para que no olvidemos.

Ahora se abren unos cuantos interrogantes ¿Para cuando la manifestacion de los actores saltarines contra la desidia del gobierno? ¿Se abrirá una investigación para determinar la culpabilidad del gobierno, como ocurrió con el accidente del Yak-42 en Turquía? Creo que conocemos la respuesta.

Y ya que hablamos de manifestación, no se olviden de pasarse el miércoles 27 a las 19h  por la calle Jerez para defender libertad y todas esas cosas en las que nos obstinamos en creer, a pesar de los gestos desabridos de doña Realidad.  Es frente la Embajada de la República de Irán, esa misma ante la que se manifestaban las progres antaño, gritando aquello de "Jomeini, cabrito, ponte tú el velito". ¡Qué cosas! y ahora casi todas las que eso cantaban forman parte del coro de viudas de Sadam Hussein y son partidarias del burka , si es posible, afgano.

Otrosí, http://www.negocios.com/gaceta/articleview/65896  

domingo 3 de junio de 2007

El Círculo Sagrado de París

Portroyal1 ¡Que barbaridad! Hace dos meses no me asomo por la quimera y no por eso he medrado en otros ámbitos. Todo por culpa del tiempo. Con el tiempo pasa eso, que pasa… Ilusión es creer que porque dejemos de hacer algo será en beneficio de lo que tenemos que hacer de todos modos, como trabajar por ejemplo. Me ha pasado con mi quimera como con esos amigos muy queridos a los que por no hacerles una llamada o una visita que tememos corta acabamos por no llamarles nunca. Sin embargo tampoco he abandonado del todo a los que se dicen mis “huérfanos” (iojanan, M., vuestra orfandad me abruma y reconforta y vosotros, amigos que me habéis reprendido por otros medios, gracias por no olvidarme), pues cada lunes, he colgado escrupulosamente en silva de varia lección (la otra página que alberga la quimera) los artículos que iba publicando en “La Gaceta de los Negocios” con puntualidad mercenaria. Tal vez hubiera debido –y eso haré a partir de ahora- poner el enlace en mi página principal. Así no podré resistir la tentación de completar la entrada, aunque sea brevemente. ¡Como si no hubiera material fuera y dentro de nuestras fronteras para nutrir nuestro imaginario! Tal vez ese exceso de material haya supuesto también un problema a la hora de escoger tema… ¡Pero basta de excusas! Como decía John Ford en “La legión invencible”, disculparse es un signo de debilidad y no es precisamente el momento de aflojarse.   

Saintetiennedumont Empezaré por lo que no comenté en abril, mes que pasé casi por entero en Francia y en Bélgica y hace tiempo que no saqué tanto provecho de un viaje que fue mitad de vacaciones y mitad de trabajo. Eran los días anteriores a las elecciones francesas y pude palpar muy de cerca la repelente ñoñería de la izquierda y la vitalidad de la derecha. Vi cómo la que se pretendía Juana de Arco se convertía en la madrastra de Blancanieves y como el “lobito bueno” desdeñaba comérsela en persona para entregarla a las fauces de las urnas. Visité Port-Royal-des-Champs, sus desoladas aunque ordenadas ruinas. Paseando por La Solitude, me hice la ilusión de que captaba la « presencia real», el solitario desdén de esos señores y señoras jansenistas a los que tanto odiaba Luis XIV y pensé en José Jiménez Lozano, que los añora y que tanto ha hecho para contagiarnos a los demás esa admiración, esa añoranza. Por la tarde rematamos esa visita, realmente campestre (¡qué bien se portó la naturaleza aquel día transparente y lavado!) honrando la memoria de los alumnos más aventajados de ese interesante movimiento espiritual, los señores Pascal y Racine, cuyos restos reposan en la iglesia de Saint-Étienne-du-Mont, en español San Esteban del Monte, o montés, que me gusta más. Esa iglesia es sensacional y constituye el epicentro de lo que un personaje de la novela de Max Gallo que estoy traduciendo denomina “el Círculo Sagrado de París, que es como decir de Francia”, formado, además de por la citada iglesia, por Notre-Dame del Sena, las arenas de Lutecia, las murallas de Felipe Augusto, la Sorbona, el Panteón y la antigua vía romana que ahora es la rue Saint-Jacques (la de la torre vacilante del poema de André Breton). Para rematarlo en San Esteban están las reliquias de Santa Genoveva, la patrona de París que salvó a la ciudad de las hordas de Atila. Como creo que me estoy pasando (y hasta puede que cometiendo una indiscreción editorial) me callo por hoy y confío que por poco tiempo.