Con su pan se lo coman
No pude ir a la manifestación del sábado por culpa de la gripe. Maldita sea. Yo, que soy una asidua de la rebelión cívica, tuve que limitarme a ver por televisión cómo avanzaban, en lucha denodada contra el viento, los apretados grupos de manifestantes hacia un objetivo común, la plaza de Colón y la reivindicación de esa amarga asignatura: la liberación del País Vasco de sus extorsionadores, chantajistas y matones. Aunque como vuelvan a ganar los zetapetistas pronto tendremos que reclamar esa libertad para Cataluña, Andalucía, Castilla La Mancha, Galicia y me quedo corta. La tarde era hermosa, pero fría. En Madrid el norte es malo para el peinado pero bueno para las banderas. ¡Cómo lucían éstas! ¡Qué prodigios malabares hacía el viento con ellas! ¡Qué gracioso revoleo de faldones! ¡Tal parecían veleros rojigualdos surcando ese mar que Madrid esconde al final de cada Avenida! ¡Cómo debían estar sufriendo los que respetan tanto a los símbolos que prefieren mantenerlos ocultos!
Algunos han llegado a acusar a esa rebelión cívica de apropiárselos, como si alguien les impidiera a ellos usarlos cuando les venga en gana. Pero si no lo hacen, por algo será. La ventaja de ver este tipo de eventos por televisión, al abrigo del hogar, es que puedes quedarte hasta el final, hasta los últimos compases del himno nacional, y además, oyes a la perfección las palabras de los oradores, percibes hasta el último gesto de sus caras, el movimiento de sus cejas, sus sonrisas. Lo de las víctimas es el cuento de nunca acabar. Hay un libro de cuentos de Fernando Aramburu, quien por cierto vive en Alemania, titulado Los peces de la amargura, que plasma perfectamente el calvario por el que pasan las víctimas en el País Vasco, como si el baldón lo fueran ellas y no los asesinos y los hampones y los silenciosos cómplices de los hampones, disfrazados de vecindario alegre y confiado. Ya era hora de que esto se reflejara –y de esa manera tan eficaz- en la literatura española donde, en general, los peces se prefieren de colores.
No obstante confío en que dentro de unos meses –ya muy pocos- sólo tengamos que volver a manifestarnos de alegría. Aunque siempre nos quedarán Cuba y Venezuela, países en los que supongo, habrán de asilarse pronto Zapatero y Pepiño Blanco. Y no lo digo porque piense que su Partido vaya a represaliarlos –no- ni el país que tan funestamente gobernaron a pedirles cuenta de nada–semos demócratas, qué caray- sino porque serán los únicos países del mundo no civilizado donde sabrán recompensarles los servicios prestados. Bueno, también les queda Marruecos, pero eso le va más a Moratinos, que les adora y les quiere regalar/devolver (para él no cabe duda) Ceuta y Melilla, o a Felipe González que tiene el "alma de nardo del árabe español" y ha trabado amistad con Tahar Ben Jelloun, residente en Francia. A ambos les gusta más "la tierra milenaria donde crecen las sabinas" para veranear que para vivir. ¡No somos tontos, que sabemos lo que queremos! Sin embargo a los de Galicia y a los de León (que lindan con Galicia) les ha tirado siempre más América, mira tú por donde. Por eso allí nos llaman a todos los españoles "gallegos".
Pues con su pan se lo coman. ¿O ya se lo estaban comiendo? porque mira que se han puesto nerviosos con el "Por qué no te callas" del Rey. Oficialmente le apoyan pero un pajarito generalmente bien informado me ha dicho que en el fondo le consideran un metepatas y que el desquite real les obliga a reiniciar peligrosas partidas de póquer que ya creían ganadas. ¡Los pobres! y todo lo hacen por el gobierno de España, no se equivoquen, que es marca registrada. A falta de banderas.


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