Alegría en Galicia, que comparto: ¡vade retro, Quintana!, ¡paga el coche, Touriño! Antes de que se vayan, miren debajo de los colchones… dicen por ahí las buenas gentes en las aldeas. Mientras tanto, los intelectuales subvencionados, que tanto han aportado al Tontario nacionalista, se rasgan las vestiduras: ¡qué malos son los periódicos!, se lamentan desde los periódicos (v. Suso de Toro). Ya les dejará alguna institución pública una plataforma a la que subirse para protestar por el Prestige o por la guerra de Irak. Lo del País Vasco es otra cosa. Y mucho más difícil porque no hay libertad y bajo algunos colchones además de dinero seguro que hay pistolas. La gente, salvo contadas excepciones, es cobarde a rabiar y los que no, son rabiosos. Hace unos años (era antes de Internet) participé en un jurado para la concesión de ayudas a la edición: se presentaba un libro de una editorial vasca cuyo nombre no recuerdo ahora pero sí que tenía que ver con la siniestra Eva Forest. El libro se titulaba algo así como “Hace frío ahí en España”, sí, sobre todo en la cornisa Cantábrica, cabe los Pirineos o, con suerte (para nosotros, claro), en la cárcel. En cuanto a lo del pacto PSOE/PP para acabar de una vez por todas con el gobierno del PNV, me recuerda al cuento de la rana y el escorpión, cuya fuente desconozco aunque me suena a fábula oriental, y ruego a quien sepa su origen, si esto lee, que me lo diga, por favor. Grosso modo se trata de lo siguiente:
Una honrada rana común se dispone a cruzar rutinariamente un río cuando se le acerca un escorpión pata negra y la pide que le deje subirse a su espalda para poder cruzar él también. La rana, prudente, se niega: tiene miedo de que la pique en pleno río. “Eres tonta, dice el escorpión. ¿No ves que si te pico me ahogaré yo también?” Esto da que pensar a la rana, que cree posible la aventura. “Crucemos, pues”. Y el escorpión se sube a sus espaldas. A la mitad del camino, el escorpión la pica y mientras se hunden ambos le pregunta la rana: “¿por qué lo has hecho?” Y el escorpión, antes de morir la contesta: “porque soy un escorpión”.
¿Quién es la rana y quién el escorpión en este caso? Parece evidente: la rana es la que de todos modos cruzará el río sin el escorpión y el escorpión quien necesita llegar a la otra orilla pero no puede hacerlo sin la rana.
Tristeza de las cosas inútiles cuando no son bellas, como ocurre tantas veces con la política.
Dicen que la fábula "La rana y el escorpión" es de Esopo. Aunque revisando a toda mecha un libro de éste que lleva el título de "Fábulas completas", no la localizo. También se le atribuye origen africano.
Publicado por: Javier | martes 3 de marzo de 2009 en 10:05
Siempre me ha gustado la fábula de la rana y el escorpión (no sé tampoco cual es su origen). Me parece a mí que la mayoría de nosotros, a lo largo de nuestra vida, hemos hecho mucho más de rana que de escorpión. Me refiero a que nuestra parte más humana es la que se ve afectada por el negro escorpión tentador. La rana de la fábula, obviamente, se ve tentada por la lógica. La tentación estará presente en nuestras vidas hasta el final, y nos llegará a través de muy distintos escorpiones. Los escorpiones asesinos nos tentaran para que comprendamos “sus razones”, los escorpiones cobardes nos tentarán con su silencio, los escorpiones relativistas nos tentarán con su término medio, y así hasta completar todas las siglas de lo que se viene llamando amplio espectro político Todas esas tentaciones son poderosas. De una de las más poderosas: la tentación de la carne (que, todo sea dicho, también circula por el ámbito político), decía un cartujo: “la tentación de la carne dura hasta 4 días después de la muerte”. De modo que no hay que descuidarse.
Publicado por: Enrique Pérez | martes 3 de marzo de 2009 en 13:14