Pasada la Navidad y sus secuelas, y ya en plena temporada de rebajas, hay que enfrentarse a la rutina del día a día y abandonar esa alucinación colectiva de paz y amor de la que parecen excluidos los terroristas, los psicópatas, los banqueros sin escrúpulos y los políticos corruptos (a veces coinciden o al menos se conocen), los Castro y los demás regímenes comunistas y filocomunistas. ¡Ojalá bastara el desprecio para combatirlos como dicen que basta para combatir el miedo a la oscuridad y a los fantasmas!
Así pues, dejo de lado la ficción redentora (la loca de la casa) y, decidida a encarar a esa a quien Galdós llamaba doña Realidad, vuelvo al tema de este año recién nacido: el tabaco, que parece acaparar todas las columnas y tertulias. Habida cuenta el consenso que parece haber entre personas cuya opinión aprecio en torno a la libertad que ha de concederse al fumador, o al menos al dueño de los establecimientos públicos, creo necesario reforzar mi postura con nuevos argumentos, surgidos al socaire de dichas opiniones.
Por ejemplo, rojobilbao manda el siguiente comentario a mi entrada ("Contra el tabaco") que reproduzco en su integridad para que no haya equívocos: "No debiera ser cuestión legal lo que por educación se presupone, no fumar en un ambiente cerrado (coche, despacho, ascensor) aunque si hace falta se legisla y se termina el asunto. Cosa distinta es un bar. Los bares deben ser para fumadores o no, con libertad para el dueño para decidirlo. La gente, el mercado, determinará qué se desea y en consecuencia veremos la proliferación de unos o de otros o un porcentaje equilibrado de ambos. Es la libertad."
Discrepo. Para empezar, "lo que por educación se presupone" es con mucha frecuencia cuestión legal y la legislación vigente es una buena prueba de ellas: secuestro, injurias, maltrato, abandono, fraude y un largo etcétera, que demuestran que la educación no es suficiente para garantizar la "libertad" de cualquier ser humano de ir por el mundo sin ser secuestrado, injuriado, maltratado, abandonado ni engañado. La libertad, en sociedad, no es algo que se de por sí solo sino que hay que cumplir una serie de requisitos para merecerla; tampoco es algo ilimitado ni infinito... y sé que rojobilbao lo sabe.
Quién dijo aquello de que "tu libertad termina donde empieza la mía" lo formuló perfectamente y tal parece que pensara el acto de fumar, cuya libertad está realmente muy reducida pues el humo se expande y se mete en los bronquios ajenos muy pronto. Por tanto los establecimientos públicos tendrán que fastidiarse y pensar en estos últimos. Además, si no he entendido mal, quien se quiera lucrar con el tabaco no tiene más que abrir un club de fumadores y allá se las apañen entre ellos. Parecería que la tan cacareada la libertad de fumar es de la misma índole que la libertad de tirarse por la ventana: hazlo si quieres pero cuidando que no haya nadie debajo. No por otra cosa han puesto en Madrid una mampara en el viaducto y nadie ha protestado, que yo sepa.
Aunque no me convenza ni esté de acuerdo, soy consciente de que el razonamiento de rojobilbao está bien formulado. No ocurre lo mismo con lo que le oí decir en tertulia radiofónica a cierto periodista, orgulloso de ser de derechas, el cual sostenía que si se prohibe fumar en público porque produce cáncer no entiende por qué no se prohíbe también comer carne roja, ya que produce colesterol e infartos. Pues mire usted, señor, no es lo mismo. Cuando alguien come carne roja no le obliga a comerla a su vecino de mesa, y volvemos aquí al símil del suicidio. Coma norabuena el que quiera carne roja, en público y en privado, fume en su casa si le pete, o en un fumadero si puede, córtese las venas en su cuarto de baño o atibórrese de pastillas en su dormitorio... porque es usted muy libre de hacer todo eso y si alguna vez hay una ley que lo impida que me digan dónde hay que firmar para protestar, que me opongo.
Aunque tarde te contesto: ¿Puede un bar normal cambiar su estatus a "club de fumadores" de la noche a la mañana y no perder así sus clientes? NO.por lo que 1º todos aquellos que efectuaron unas reformas por la ley que lo exigía y que les garantizaba estar fuera de problemas se ven perjudicados. 2º Cunado uno entra en un establecimiento que pone FUMADERO, bien sabe a lo que se expone. Baste con entrar en el local cercano que pone ¡FUMADORES VETADOS! Es la diferencia entre la libertad y el totalitarismo.
¡Que nadie fume cerca de unos columpios que hay niños! aunque callen que al lado de los columpios está la M-30 en pleno atasco monumental desde el que nos llegan todos los sonidos y lo que es peor, SUS HUMOS. Pero no es lo mismo. No, pero el supuesto cáncer te lo otorga sin quererlo ni beberlo el uso y disfrute del otro de su vicio (porque coger el coche para TODO, es un vicio, y de los peores)
Publicado por: rojobilbao | 26/01/2011 en 17:03
¡Ay, rojobilbao! No digo que esas contradicciones que denuncias no sean irritantes, pero no vuelven inocuo al tabaco. Es cierto que si yo me hubiera gastado un dineral en acondicionar un local para que pudiera haber fumadores en mi establecimiento estaría trinando, pero eso tapoco hace inocuo al tabaco. La M.30 es un horror, los niños están expuestos a miles de peligros físicos y psíquicos, pero eso sigue sin hacer inocuo al tabaco... y podría seguir así indefinidamente... Me temo que hemos encontrado, al fin, un tema de disensión y eso hace más interesante el trato.
Un abrazo
Julia
Publicado por: julia escobar | 26/01/2011 en 18:21