Durante estos días he recibido un importante número de mensajes de texto en mi móvil y me ha entristecido comprobar la distorsión de la ortografía y la simplificación, cuando no la ausencia, de los signos diacríticos y de puntuación. Escribir en un móvil es un latazo, pero yo siempre pienso en aquello que decía Eugenio d'Ors de que "contra el exabrupto, la gramática" y me paso horas buscando en mi móvil la exigua oferta de ese tipo de signos, con escaso éxito.
Recuerdo que Walter Benjamin, en un ensayo sobre la puntuación, analizaba con mucha lucidez la decadencia de sus signos más significativos, valga la redundancia. No encuentro ahora la fuente directa dónde lo leí pero más o menos venía a decir que si los signos de puntuación, exceptuando el punto y algunas veces la coma, van desapareciendo es porque también están desapareciendo lo que expresan. Y esto lo escribió hace ya muchos años cuando todavía se respetaba la gramática y había escritores con algo que decir.
En efecto, ¿para qué el signo de interrogación si ya no se dan aquellas largas frases retóricas sin el cual éstas carecerían casi de significado? Nosotros, en español, tenemos además la ultraprecisión de abrir y cerrar la interrogación con lo cual el efecto se duplica. Por otra parte, una prosa incisiva necesita guiones y paréntesis como los peces el agua en la que viven, pero ya no hay prosa incisiva. Una prosa irónica no podría sostenerse sin el precioso apoyo de los puntos suspensivos, eso que los portugueses con gran acierto llaman reticencias, o sin las comillas, pero ni por esas la entiende ya nadie.
El punto y la coma dejan en suspenso una frase que con el punto sería demasiado imperativa y con la coma demasiado vaga. Y la coma, es un delicado instrumento de precisión, una varita mágica que todo lo transforma. Una frase de admiración -aunque sea una admiración puramente retórica- necesita el apoyo de esas columnas, casi unos muros maestros, que la circundan, y dos mejor que una, como sabemos muy bien en nuestro idioma.
Los signos de puntuación son los puntales arquitectónicos de la frase. Sin ellos se derrumbaría y una vez reducida y simplificada, sólo bastará con un punto que la delimite y, para los más complicados, alguna coma que la determine. Lo demás es desastre o lenguaje para SMS, que es lo mismo.
Otrosí, la ortografía
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