El mundo entero aplaude la epidemia de revueltas populares en los países árabes y la consideran un rayo de luz en el difícil proceso de democratización de la región (y yo me pregunto por qué están obligados a ser "democráticos", bastaría con que fueran simplemente tolerantes y un poco más libres, que la libertad ya existía en el mundo antes que la democracia y eso es seguramente lo que muchos de ellos, y sobre todo de ellas, anhelan). Algunos comentaristas cursis hablan de "la revolución de la luz" y en China la apoyan como la "revolución de los jazmines" y es reprimida como tal a pesar de las mil y una flores que deseaba Mao que florecieran por doquier. El imaginario occidental, seriamente dañado por las Mil y una noches, ha decidido que lo que está ocurriendo, de esa manera desproporcionada y extraña con la que ocurren siempre las cosas en esos países de cuento, es lo mejor que podía pasar en este momento.
Es casi imposible pensar que un movimiento verdaderamente democrático pueda surgir en pueblos donde más que las ideas de libertad lo que prima son las ideas contrarias a la misma, aunque tampoco hay por qué negarles esa posibilidad. Pero es "la masa", esa entidad que Canetti estudió con todo detalle, lo que parece haberse puesto en movimiento en este caso, sin que se sepa muy bien quien o qué la mueve, pero el que luzcan enseñas de la internacional progresista como las camisetas de Ché Guevara no augura nada bueno. Por otra parte, el hecho de que los atacados sean unos tiranos no quiere decir tampoco gran cosa, por mucho que nos alegre que caigan. Nadie nos garantiza que los revoltosos quieran algo mejor de lo que ya tienen, ni tan siquiera que quieran nada en concreto.
Cuando todo esto empezó, un amigo arabista me comentó que si la prensa internacional no les hubieran jaleado tanto, los disturbios se habrían apagado por sí solos; al parecer, ese tipo de "movidas" ocurren con mucha frecuencia en el mundo árabe. Pero los periodistas occidentales de hoy, envidiosos del mayo del 68, añoran "cubrir" algo parecido. Da risa que alguien pueda comparar aquella pseudo revolución burguesa y lúdica, de señoritos bien alimentados, con lo que está pasando en Libia o en Egipto, como no sea por lo de la efigie del Ché. Espero que no lo digan por el caso Lara Logan, la corresponsal de la CBS a la que violaron salvajemente el martes pasado en Egipto, durante la "celebración" de la expulsión de Mubarak. Me parece asombroso que nadie lo haya comentado; me parece asombroso que no se hayan eco de eso los columnistas, ni de izquierdas ni de derechas; me parece asombroso que los mismos que quieren defenestrar a Berlusconi porque les gusta las putitas, se encargaron en su día de disculpar a John Kennedy, a Clinton y a Polanski (éste sí que es un pederasta) por lo mismo. Tampoco los periódicos nacionales, que yo sepa, han sacado ni un mero suelto. Esa atrocidad sólo se ha reflejado -y muy poco- en los periódicos digitales y en los blogs, algunos de cuyos comentaristas lo niegan, precisamente por la falta de fuentes. Pero aquí van dos: la noticia que publicó la propia cadena (cbsnews.com) y la que apareció en Le Monde. Según la CBS, Lara Logan cubría la jubilosa fiesta de despedida al presidente egipcio, cuando unos doscientos tipos "exaltados hasta el frenesí" la separaron de su equipo y la violaron una y otra vez hasta que fue rescatada por un grupo de mujeres y unos veinte soldados egipcios. La agresión tuvo lugar en la plaza Tahrir en El Cairo, el viernes 11 y la periodista fue repatriada a Estados Unidos e ingresada en un hospital.
¡Larga vida a la revolución de la luz! A ver qué sale.
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