Querida Claude, no sabes cuánto te agradezco el material que me has proporcionado en París sobre el asunto DSK ; me lo he leído de cabo a rabo en el interminable viaje de vuelta a Madrid. Me ha servido para comprender, textos mediando, aquello que tantas veces decías en tus correos y en nuestras conversaciones desde que se produjo el para ti inconcebible evento. ¿Recuerdas? Estabas en Madrid cuando estalló la cosa, creo que fue precisamente el 15 de mayo (el mismo día en que estallaba la no menos patética “spanish revolution”) y tú no lo aceptabas. “Es imposible, imposible” decías, para añadir después que el aludido era un mujeriego. Luego fui yo la que estaba en París cuando hace pocos días se supo que el fiscal Vance había descubierto la impostura de la supuesta víctima, y que cabía la posibilidad de que hubiera sido utilizada como señuelo para comprometer al angelito. Porque eso es lo que en definitiva era y sigue siendo DSK para los votantes de izquierda: el San Miguel que os iba a librar de Satansarkozy y los ángeles, sobre todo si son arcángeles, qué menos, tienen sexo.
Ya sé que te cabrea muchísimo que diga esto, pero el sexo para vosotros es una obsesión. En esa materia no tenéis ni moral ni entendimiento y os habéis quedado en el siglo XIX, en la entronización del adulterio y lo “psicalítico” que impregna gran parte de vuestra literatura, lastra los mejores talentos, acaba con cualquier atisbo de profundidad y está reñido con la metafísica. Sólo algunos grandes escritores y poetas se han librado de esa maldición o han sabido canalizarla o sublimarla, como prefieras. Pero ¡basta! habíamos prometido no citar autores en esta discusión.
Vuelvo a Strauss-Kahn. Según vosotros es víctima de un complot: ha sido pillado en ese odiado país de puritanos que es Estados Unidos con la “main dans le pot de confiture” expresión que cobra aquí todo su crudo (y psicalítico) sentido literal. En una palabra ha caído en la trampa, y sólo os falta añadir: “como es natural en un hombre bien dotado”. Francia, que no le perdona ser “asquerosamente rico”, afortunada circunstancia de la que no pueden surgir más que bienes para todo el mundo, le absuelve sin embargo de ese puterío innato a la cultura francesa, sin darse cuenta de que ese señor sesentón que se tira encima de la primera camarera que entra en su habitación, consentidora o no, pretende ser el futuro presidente de la República Francesa y no el dueño de un burdel en Marsella con derecho de pernada. Sí, ya sé que no sería el primer presidente francés “obsexionado” por las mujeres, pero los tiempos han cambiado, qué le vamos a hacer, y conforme se atienden más los derechos de la mujer, se es más duro con el derecho de los hombres poderosos a tirarse a todas las hembras de su entorno y a degradar todo lo que les rodea.
Lo siento, Claude, pero aún a riesgo de que no vuelvas a dirigirme la palabra voy a decirte lo me parece tu DSK, inocente o culpable: un viejo y patético mandril, lo cual no importaría si se postulara para reinar en el planeta de los simios. Pero Francia, es decir, Europa no se merece una persona así.
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