Corría el año 1984, como diría un pedante, cuando durante un Festival de rock que se celebraba en el Palacio de los Deportes de Madrid, el Excelentísimo Señor Alcalde D. Enrique Tierno Galván lanzó el primer grito de la rebelión municipal, espesa y canalla: “¡El que no esté colocado, que se coloque... y al loro! Y a fe que los de su cuerda, camarilla o camada, han obedecido al pie de la letra la consigna, en su acepción de “encontrar un puesto para los suyos”. Pero aunque malo, eso no es lo peor. Lo peor es que a partir de ese momento se puede, a toro pasando, fechar la derrota absoluta de los endebles restos de autoridad paterna y administrativa que habían sobrevivido a los teóricos del Mayo del 68.
Los chavales “alucinaron en colores” al oír a ese señor tan serio, tan viejo y tan rancio soltar tamaña enormidad y pensaron que si él lo decía es porque era bueno, o que, al menos, si él lo promocionaba, a ver si se atrevían sus padres a desmentirle. Y no digamos ya la autoridad competente. Aquello dio lugar a uno de los más detestables, feos y abominables “momentos culturales”, conocido en la Historia Universal de la Infamia, y en la historia a secas, como “la movida madrileña”. Una historia plagada de muertos por sobredosis, padres aterrados que esperaban a sus hijos hasta el amanecer, familias rotas, gonorrea y sida, una historia sórdida como las películas de Almodóvar, buque insignia de esa nauseabunda estética del pelo cardado, la carrera en la media y las vomitonas.
Aquellos barros trajeron estos lodos y dieron lugar al segundo episodio de la concienzuda labor de destrucción total de cualquier forma de vida medianamente humana, ya que no humanista: el movimiento del 15M, también llamado de “los indignados”, aludiendo al ridículo panfleto de otro “venerable anciano” francés, titulado en su versión española “Indignaos”, coreado a su vez por otros “viejos profesores” marchosos, esta vez españoles, como José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza et alter…,
La historia se repite o simplemente se continúa; de nuevo una administración socialista que ha sabido utilizar su casi única competencia central (Ministerio del Interior) para, con su permisiva y complaciente pasividad, hundir los pecios de la escasa dignidad ciudadana, a duras penas salvada por una resistencia que se muestra impotente para solucionarlo; de nuevo un grito –el segundo- que muy bien hubiera podido suscribir Tierno Galván: “¡El que no esté indignado, qué se indigne... y a la Puerta del Sol!” y le hubiera faltado añadir, “que lo paga el alcalde”.
Otrosí, http://laquimera.typepad.com/laquimera/2006/04/el_movidn-1.html
En aquellos tiempos, estaba en Nueva York y mandé una carta al New York Times en la misma línea y no me la publicaron. Les mandé copia a unos queridos amigos de Londres, a quienes no les hizo ninguna gracia y me acusaron de ser mala persona.
Publicado por: Aquilino Duque Gimeno | 20/10/2011 en 19:48
No me extraña lo que me cuentas, Aquilino. Este tipo de movimientos -y eso es muy sospechoso- encanta a todo el mundo, principalmente a la prensa y a los mayorzotes. La nostalgia de la juventud perdida lleva a embellecer hasta las resacas de cuando supuestamente la disfrutabas (me refiero a la juventud). Muy pocos admiten aquello que creo dijo Yves Montand en sus memorias, espero que lamentándose de su militancia comunista: "éramos jóvenes y tontos" ¿o era peligrosos? Tanto da.
Un abrazo
Publicado por: julia escobar | 21/10/2011 en 09:36
Mucha razón tienes, Julia, en lo que apuntas. Y muy oportuno el traerlo a colación, ahora que se aproximan las elecciones generales en España. El PSOE ha sido desde su fundación muy hábil en moverse In & Out, dentro y fuera del sistema. Y es que está en su naturaleza...
Por lo demás, tu reflexión sobre la indignación canosa me invita a traerte un cita de Bruckner que cito en un texto sobre el estoy trabajando ahora. Dice así:
«Envejecer como anarquista de salón, hacer carrera en la intransigencia, transformarse con la edad en comediante de la indignación, farsa con la que salen adelante tantos viejos zorros, expertos en estallidos de cólera estratégicos, en polémicas cuidadosamente calibradas para conseguir aumentar su prestigio personal» (Pascal Bruckner, Miseria de la prosperidad, pág. 50).
Un cordial saludo
Publicado por: Fernando R. Genovés | 22/10/2011 en 19:26