El periodista Santiago González acaba de publicar “Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo”. No lo he leído pero título, subtítulo y algunas declaraciones que le he oído al autor en la radio, dejan claro que versa sobre la irrefrenable cursilería que aqueja a nuestros dirigentes socialistas. Supongo que amén de las confluencias planetarias, encontraremos ahí recogida la palabrería estomagante del tipo “la tierra pertenece al viento” que me hizo recordar aquellas palabas que Pétain, ecologista avant la lettre, dirigió a una Francia ocupada, estupefacta y horrorizada: “¡la tierra, la tierra no miente!”, recogidas en Des gens très bien (Grasset, 2011), libro que el novelista Alexandre Jardin dedica a desenmascarar a su abuelo, Jean Janin, jefe de gabinete de Pierre Laval, primer ministro de Pétain, el cual (Jean Janin) había salido de rositas de su flagrante e importante papel en el gobierno de Vichy gracias, entre otros, al ambiguo François Mitterrand, de infausta memoria.
Ayer, en las lágrimas derramadas por Rubalcaba, Patxi López y compañeros mártires ante esa drôle de paix que se han sacado de la manga preelectoral, me ha parecido ver una vívida ilustración de lo que se conoce como “lágrimas de cocodrilos”, esos gigantescos y voraces reptiles que lloran mientras devoran a sus víctimas…
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