Han pasado ya siete años y los atentados del 11 de marzo de 2004 siguen siendo un misterio. En la Historia Universal de la Infamia figuran como un crimen espantoso y lo que sucedió inmediatamente después como ejemplo escalofriante de maldad política de la izquierda y de estupidez y torpeza gubernamental de la derecha. Asombra todavía pensar cómo fue posible que el gobierno más fuerte y más próspero de la democracia española se dejara manipular de esa manera y permitiera que tres días después de un acontecimiento de esa envergadura, que fue inmediatamente utilizado por la oposición para crear un clima de golpismo y pre guerra civil, no se interrumpieran las elecciones convocadas para tres días después, por lo menos hasta que se hubiera podido enterrar a los muertos. Porque hubo muchos muertos, y muchos heridos y mucho mangoneo por parte de los medios, y mucha permisividad por parte, repito, de un gobierno tan fuerte, como si en el fondo se sintieran en cierto modo culpables de algo, que es lo que - a tenor de lo que ha dicho la incalificable Pilar Manjón durante un acto de insolidaridad con las víctimas- los izquierdistas querían que creyeran los españoles y lo que, horresco referens! ellos mismos siguen creyendo.
Es muy fácil reírse de los "conspiranoicos", pero así como todo paranoico ha sido perseguido en algún momento de su vida, en todo "conspiranoico" subyace el pálpito de una conspiración que en este caso es casi evidente. Pero ¿para qué seguir?, las cosas han cambiado tan poco en lo que se refiere al esclarecimiento de los hechos que suscribo, palabra por palabra, lo que escribí en su momento. Por tanto, a lo escrito me remito y para aquellos a los que no les gusta andar "clikando" aquí van unos extractos:
Columna publicada el 16-03-2004 en Libertad Digital
Durante estos días mucha gente se encuentra desorientada, confusa. No sólo hay que bregar con el dolor de los atentados, de cuyo alcance emocional en la población ya nos estamos haciendo cargo, sino con la jactancia, la petulancia y la desfachatez de las “buenas gentes de izquierda” que se pavonean estos días como si hubieran ganado una guerra y no unas elecciones. Es muy fácil dar la vuelta a las situaciones y a los argumentos y especular sobre lo que hubieran hecho ellos si ciertas cosas que han preparado su “triunfo” hubieran sucedido al revés.
Si las sedes del PSOE e IU hubieran sido asediadas por militantes de derechas, vociferando e insultando a miembros de un gobierno, democráticamente elegido, la víspera misma de las elecciones, como ha ocurrido con las sedes del PP. Si los medios de comunicación de derechas (¿pero los hay?) hubieran incitado a ello, como han hecho en este caso El País, la cadena SER y la CNN y sus sucursales en el extranjero.
Si no hubieran dejado hablar en las Universidades, por ejemplo, a Juan Luis Cebrián, como no se le ha permitido hablar a Fernando Savater; si algunos de los que se expresaron en las decenas de plataformas “cívicas” con sede en el Ateneo y el Círculo de Bellas Artes –pongamos por caso, Vicente Aranda, o Julio Meden– hubieran tenido el viernes pasado, durante las manifestación de los dos millones, que refugiarse en cafeterías y hoteles, huyendo de las amenazas y los empellones de una hipotética y enfurecida derecha madrileña, como tuvieron que hacer ese viernes ciertas personas que a lo largo de estos años han apoyado al PP o a Aznar y que fueron empujadas e insultadas por una izquierda ya definitivamente abertzale además de Atapuerca.
Si los dirigentes del PSOE e IU, hubieran sido agredidos, como lo fueron los del PP, en Barcelona, por una multitud engreída y vociferante durante las manifestaciones contra los atentados;. En fin, podríamos especular muy bien sobre lo que hubieran dicho ante todos esos avatares. Pero ¿para qué? Es demasiado fácil. Afortunadamente no todo el mundo está contaminado por la agitación y propaganda me(r)diática (que diría Georges Perec). Una lectora de LD me manda una intervención en un foro de Internet que ella misma ha traducido del inglés, claramente fechada antes de las elecciones, de la que les extraigo lo siguiente:
“Al Qaeda ha hecho una operación de reconocimiento muy inteligente, de las de ganar de todas todas, con su ataque a España (o incluso solamente con una reivindicación del ataque, si en eso consiste toda su participación). Al perpetrar (o reivindicar) una iniquidad de bulto en un país con un gobierno “proguerra” y una población dubitativa en vísperas de unas elecciones generales, consiguen averiguar si es probable que las masas de Europa planten cara y combatan, o se acobarden y echen a correr. Sea lo uno o lo otro, se informan a la vez que hacen una demostración de fuerza para sus potenciales seguidores.
“Si España vota a un gobierno izquierdista, antiguerra, como resultado de estos ataques (y ya que los sondeos mostraban ventaja por los conservadores en el poder antes de los ataques, no es insensato suponer que una victoria socialista sea resultado de los ataques) Al Qaeda habrá logrado una victoria estratégica contundente: tan contundente que podría ser un punto de inflexión en la guerra.”
“Este proceso pacifista de concesiones, es a la vez fascinante y profundamente preocupante. Es fascinante por seguir un patrón tan similar al de los años veinte y treinta (ingenuidad popular que conduce a los gobiernos a aguas peligrosas), y preocupante porque el carácter del enemigo excluye la posibilidad de que haya “una raya en la arena” coherente más allá de la cual no se “nos” pueda empujar. El enemigo puede seguir empujando más y más, sabiendo que Occidente, casi con certeza, ni puede ni quiere destruir al mundo islámico por entero por trincar sólo a los pocos perpetradores.”
“Mi esperanza es que el pueblo español sienta tal repugnancia ante estos ataques y ante la vergonzosa explotación oportunista por parte de los izquierdistas, que acuda en masas a respaldar al gobierno actual (…)”
Columna publicada en La Gaceta de los Negocios (21/03/2004) El voto del miedo
Por mucho que le moleste a Zapatero el voto que le ha llevado inesperadamente al poder ha tenido su origen en el miedo. Este malhadado movimiento del alma es muy mal consejero, nunca se le ha conjurado cediendo a él y, en vez de espantarlo, llama al peligro del que pretende huir. Además el miedo, en contra de lo que se suele decir, no es libre, o ha dejado de serlo desde el 14M.
Después del atentado los partidos deciden unánimemente interrumpir la campaña electoral, en señal de duelo. Todos, Ibarretxe el primero, creen lógicamente que ha sido ETA. Muy pronto el gobierno habla de Al-Qaeda. Cierto periódico, conocido desde el 12S por culpabilizar a las víctimas y ensalzar a los verdugos, repite proeza el 12M y afirma que si el autor de la matanza es Al-Qaeda y no ETA, podría pedirse responsabilidades a Aznar.
Ese mismo día, haya sido ETA o Al-Qaeda, el mundo entero viene a llorar con nosotros. No saben que España, puerta de Europa, se dispone a abrirla a los terroristas, cediendo al chantaje.
La izquierda moviliza a todos sus medios, que no son pocos. Tienen prisa. Lo que ocurrió a partir de ese momento es uno de los ejemplos de desinformación y manipulación más descomunales de los últimos tiempos. No importa el pacto de los partidos, no importan los muertos, de cuerpo presente: el fin justifica los medios. Hay que ganar las elecciones.
El 13M, el tam-tam se pone en movimiento para servir en bandeja a la oposición una campaña electoral improvisada, pero bien orquestada; a través de los móviles circulan rumores absurdos. Los teleñecos movildirigidos no son conscientes de la manipulación y durante varias horas, insultan y acosan las sedes del PP, emulando a ciertos episodios del nacionalsocialismo, o sea de los nazis.
Causaron alarma social, rompieron las reglas del juego, pusieron a prueba la democracia. Si la Junta Electoral, que sigue el caso, no toma medidas al respecto, se habrá inaugurado una nueva forma de campaña electoral que no es que dé miedo, es que causa literalmente espanto.
Otrosí, a lo escrito me remito, o como dice una amiga muy ingeniosa, me repito.
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