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Empecé la semana con asuntos judíos y con ellos la terminé, aunque en este caso para conmemorar algo alegre y positivo, ya que el jueves 8 se inauguraba en el Palacio de Santa Cruz –o sea al Ministerio de Exteriores- la Casa Sefarad Israel, que todavía no tiene sede pero sí sedimento. Y aquí una digresión sobre las Casas. Esta fórmula, que existe en el mundo entero, surgió en España con la Casa de América de Madrid, para poner al servicio de los países americanos (se incluye también Estados Unidos y Canadá, mal que les pese a algunos) un espacio cultural –en el más amplio sentido de la palabra- donde la ciudad y, por extensión, el país que la alberga, pueda acoger todas las manifestaciones culturales, sociales y de cualquier índole que procedan de los países contemplados o que estén relacionadas con ellos. Años después, le tocó el turno a Asia y, fue Barcelona quien se ocupó de ella, aunque ya hay una sucursal en Madrid que, como algunas codas, puede llegar a cobrar más importancia que el cuerpo principal. Finalmente el lunes 5 asistí al Acto por el que la Comunidad de Madrid conmemora todos los años -desde hace ocho- la infausta memoria del Holocausto, ese crimen por el que Europa nunca será perdonada del todo, como tampoco se le debería perdonar que haya permitido al comunismo cometer todo tipo de atropellos en tantas partes de su territorio y del mundo (y siga haciéndolo). El embajador de Israel, Victor Harel, aprovechó su discurso para despedirse de nosotros (le echaremos de menos) y no pudo ser más esclarecedor al respecto. Insistió una y otra vez en la identificación entre Shoah e Israel.
Efectivamente, no se puede entender este país sin ese terrible crimen. Por eso cuando Marcel Cohen preguntó a Edmond Jabès, en una famosa entrevista, qué pensaba de Israel, y éste le contestó: “Israel es la vergüenza de Europa”, yo entendí perfectamente que el egipcio se refería a lo mismo que aludía hoy el embajador: a que fue ese hecho vergonzoso de la Shoah, protagonizado por Europa, lo que hizo más necesaria que nunca la existencia de Israel. La vergüenza es de Europa, no de Israel, por mucho que Valente y compañeros mártires interpreten que Jabès se refería a lo segundo.
El embajador también aludió a la desafortunada intervención de Shlomo Ben-Ami del día 26 de enero, en el Acto del Congreso de los Diputados, donde están especializados en meter la pata. El primer año fue con aquella intervención bochornosa del impostor Enric Marco, que se hizo pasar por superviviente de Mauthausen y que convirtió aquel primer recordatoria del gobierno de España a la Shoah en un sorprendente homenaje a los republicanos españoles. Ya ahora esto. Ben-Ami no es tonto; debía saber que no se habla así ante un público mayoritariamente hostil al proyecto israelí. Lean ustedes su discurso y saquen sus propias conclusiones.
El domingo 29 se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el segundo brunch promovido por la Asociación de Solidaridad España-Israel. Había gente de todas las tendencias políticas, porque lo que nos une a los amigos españoles de Israel está por encima de esas cosas, aunque a algunos progres les cueste trabajo creerlo. Sin embargo es justo reconocer que esa Asos ha sido impulsada por un grupo de militantes socialistas que pretenden reunir y amparar a todos los que, siendo del PSOE, cuya política oficial no puede ser más antijudía en todos los sentidos, no están de acuerdo con esas premisas. La postura de muchos de ellos, que conozco muy bien, está más próxima de Libertad Digital (periódico al que siguen desde el principio) que de El País o ABC. He vivido muy de cerca la constitución de la Asos y he participado en algunas de sus actividades, menos de las que hubiera deseado y, tal vez, debido. Sus miembros son un regalo, una esperanza inmerecida para el PSOE, posiblemente indeseada pero sin duda alguna tolerada. La prueba fue la asistencia al brunch de José Acosta, militante socialista de la línea guerrista pura y dura, que estuvo muy comedido en las palabras que le solicitaron, de forma totalmente espontánea, los organizadores, los cuales hicieron votos porque cada vez fueran más los socialistas que salieran del armario. Amén.
El acto del otro día se benefició de la placidez y desinhibición de un día de fiesta. Hubo discursos, danzas, canciones sefardíes, himnos gloriosos y los niños, maravillados, jugueteaban entre las mesas. El buffet fue variado y generoso, compuesto por platos enteramente kosher, incluido el embutido. La reunión consiguió su propósito y esas dos horas constituyeron para todos un islote de inesperada alegría en este valle de lágrimas, impresión que se veía incrementada por la luz del insólito veranillo, que penetraba por las enormes cristaleras de la sala Valle Inclán, desde cuyas alturas se dominaba la ciudad de Madrid hasta el infinito y más allá.
Otrosí,
http://laharkadeaspizua.blogspot.com/2006/10/en-defensa-de-israel-en-el-crculo-de.html
para verlo en directo:
A propósito, una vez más, de la guerra de las caricaturas; el otro día me invitaron a participar en la tertulia de Radio Sefarad. Estaban Isaac Querub y Alex Baer, que actuaba de moderador, y no tuvo que empeñarse mucho en su función porque, en lo que a mí respecta, incluso yo me sorprendí de lo moderada que estuve. Hablamos de muchas cosas, y también del sentido del humor, que no parece ser la característica principal de nuestros “hermanos musulmanes”, al contrario de lo que ocurre con los judíos que han acuñado su propio humor. La última manifestación es ese concurso de viñetas antijudías que convocado por un grupo de humoristas isaelíes y al que sólo pueden presentarse humoristas judíos.
Por cierto, la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género (sic) ha colgado en su página (Ellas dan la nota), una caricatura bastante engañosa. Están un angelote y Dios contemplando el “planeta azul” y dice el ángel: “¿Te has dado cuenta? Los seres humanos cuando lloran no tienen acento. No se sabe si son negros o blancos, cristianos o musulmanes” y contesta Dios: “Cuando ríen les pasa lo mismo ...” Abstracción hecha de la cursilería de género, verán que en este “mensaje” el buenismo tan sólo es aparente: el autor no menciona a la religión judía, que no parece moco de pavo. ¿Olvido o deseo de dejar a los judíos fuera del planeta y también de los planes divinos?
Y hablando de feminismo, ¿no les llama la atención que las feministas de izquierdas tengan esas excelentes relaciones con la religión y la cultura más machista y antifeminista de la historia de las religiones y de la historia del mundo, al menos en el momento actual? Ya sabemos que no están a favor de la lapidación, ni de la ablación del clítoris, ni de azotar a las mujeres, ni de la poligamia, ¿pero por qué ese empeño en apoyar, adular y respaldar a los países donde la practican y preconizan? ¿Es que no ven la concomitancia? Son preguntas retóricas porque no tengo la menor duda de que la ven perfectamente. Ellas y otros como ellas están permitiendo que el asesino de Theo Van Gogh vea cumplido el mensaje que clavó en el pecho del cineasta: “sé con seguridad que tú, oh Europa, serás destruida”. Pero habrá que hacer algo para evitarlo, digo yo.
Otrosí:
La película de Theo Van Gogh Sumisión
En un periódico árabe de estos días, como respuesta al concurso de viñetas contra el Holocausto inaugurado por la Arab European League , aparece la siguiente caricatura: Hitler está en la cama con Anne Frank y le dice: “apunta esto en tu diario, Anne”.
Lo contó esta tarde Jacobo Israel Garzón, presidente de la Comunidad judía de Madrid y de la Federación de Comunidades judías de España, durante el acto “Recuerdo del Holocausto” que por séptimo año consecutivo celebró la Asamblea de Madrid en su sede vallecana. Fue un acto sobrio, pero muy emotivo, en el que participaron muchas personas; porque hay demasiada gente implicada en esta horrible historia, demasiados gritos y muchas velas; por los seis millones de judíos, de entre los cuales un millón de medios de niños (no lo olvidemos nunca, un millón y medio, se dice pronto); por los muertos españoles asesinados en los campos de concentración; por las otras víctimas del genocidio: los gitanos y otras razas consideradas “inferiores”; por los “Justos entre las Naciones”, que ayudaron a los perseguidos; por los supervivientes que encontraron en Israel un refugio donde reconstruir sus vidas preservando su identidad.
En esto último me detengo y enlazo con el discurso del Embajador de Israel. Un discurso que no templa gaitas, en el que Victor Harel mencionó la íntima relación entre el Holocausto e Israel: no se puede negar lo uno sin anular lo otro. Recordé aquellas declaraciones de Jabès a Marcel Cohen en las que le decía: “…este Estado (Israel) forjado con el sufrimiento de tantos mártires, es el reflejo de la quiebra ejemplar del liberalismo occidental. Que haya sido necesario crearlo para salvar a los judíos occidentales es, y seguirá siendo, la vergüenza de Occidente Las diferentes oleadas de inmigración en ese país, incluso las más recientes, han sido siempre el resultado de la intolerancia. Antes que cualquier otra consideración filosófica, política o religiosa, la creación del Estado de Israel es menos un punto de justicia fundamental –lo que para mí es grave– que la única y previsible réplica del judaísmo herido por una injusticia general». ¡y algunos creyeron que se metía con Israel! Hablaron muchos más: Tomás de la Cuadra Salcedo, Concepción Dancausa, y Esperanza Aguirre; todos abundaron en la singularidad del Holocausto (¡con cuánto gusto, decía Bensoussan hace poco, renunciaríamos a esa singularidad!) y en nuestro deber de recordarlo, un deber contraído con la verdad y con la memoria.
Otrosí, Mahoma, Hitler, Franco, Anne Frank, y los perros que ladran
Tras un breve descanso de apenas diez minutos, empezó en el Instituto Francés la segunda parte del seminario sobre la enseñanza del Holocausto: La cuestión de la introducción de la enseñanza del Holocausto en España. En la mesa, Reyes Mate, (Consejo Superior Investigaciones Científicas), Fernando Bárcena (Ciencias de la Educación, Madrid), Alex Baer (Profesor de Sociología de la Complutense de Madrid) y Carles Torner, profesor de Sociología de Universidad de Barcelona. Moderaba el padre Patrick Desbois, pero su avión se retrasó y le sustituyó Reyes Mate. Su intervención fue breve, tal vez porque asumió más su improvisada función de moderador que la pactada de participante; se limitó por tanto a mencionar el papel de los historiadores en la labor de recuperación de la memoria y, aprovechando que el Pisuerga todavía pasa por Valladolid, recordó que los españoles tienen mucho tiempo que recupera al respecto. Hay que saber qué pasó –insistió Reyes Mate– para no incurrir en la ignorancia y la confusión de Saramago, quien comparó a los judíos con los nazis, por lo de Jenin (esto sería después muy discutido en el coloquio); hizo un breve repaso sobre la intelectualidad durante el franquismo (Laín Entralgo, Ridruejo, Aranguren), todos ellos eminentemente fascistas aunque luego se reconvirtieran al liberalismo, y recordó que Ortega y Gasset visitó en los 40 Alemania y no dijo ni pío. Curiosamente no mencionó para nada el papel de Julián Marías, tal vez porque no entraba en el esquema. Pasó luego a presentar a los otros miembros de la mesa.
Tomó la palabra Fernando Bárcena, quien aludió a la cultura de la memoria como proyecto educativo, en el que tiene un papel especial el Holocausto, cuya enseñanza ha de ser una enseñanza política, no moralista ni sentimental. Hay que informar con un lenguaje abierto, y elaborar sentido; también hay que distinguir el trabajo de la memoria con el deber de la memoria, que no se puede imponer. Por último, y acerca de esto último, destacó la importancia del testimonio. Su conclusión: le memoria, como proyecto educativo, ha de llevarnos al presente.
Por su parte, Alex Baer, retomó el tema de la memoria para comentar que no hay consenso entre los historiadores sobre su esencia y su función. Insistió en la ignorancia española sobre el tema judío y alertó sobre la influencia negativa de la prensa, que trasmite mensajes hostiles hacia Israel en su mayor parte. Es como si los periodistas estuvieran obsesionados con ese tema, de modo que el 15% de las noticias internacionales lo ocupa Israel y la imagen de este último país, dice Baer, “lógicamente” no puede ser positiva dada la hostilidad reinante.
Carles Torner habló de su encuentro con la película Shoah de Claude Lanzmann, de nueve horas de duración, y del efecto que tal revelación tuvo en su trabajo ulterior. Recordó como se hizo la película y proyectó algunos fotogramas de la misma; también el horario aberrante en que se emitió en TVE (de 2 a 4 de la madrugada) como la labor que está haciendo con ella; una labor didáctica, basándose en la proyección de algunas escenas y en su comentario y debate.
Las conclusiones corrieron a cargo de Richard Prasquier, Presidente del comité francés para Yad Vashem y miembro de la Fondation pour la mémoire de la shoah. Prasquier, de quien ya me he ocupado anteriormente, estuvo inmenso. Recordó los judíos muertos fuera de los campos, conforme los alemanes invadían territorios: Polonia, Ucrania, Lituania, donde hay fosas comunes con más cuerpos enterrados que habitantes vivos. Habló de la Fundación, de cómo se financia con los fondos requisados por Vichy a los judíos y cuyos destinatarios no aparecieron. Recordó los tres grandes procesos que hubo en Francia: Barbie, Touvier, Papon y cómo sólo en 1995 el gobierno francés, en la persona de Jacques Chirac, reconoció la responsabilidad francesa en la matanza; que los supervivientes de los deportados resistentes fueron glorificados mientras que los escasos supervivientes del Holocausto, callaban, ignorados. Y, por último, aprovechó para poner en su sitio a Saramago, de cuya inocencia, proclamada o sugerida por Reyes Maté, él, Richard Prasquier, no creía en absoluto; la comparación que hizo Saramago entre Jenin y Auschwitz era sencillamente imperdonable, como también lo que le habían dicho que pasaba en el Círculo de Bellas Artes con el montaje de Conversación con Primo Levi. Pero lo que más molestó a cierto sector del público, creo haberlo mencionado, fue que declarara que la valla de contención era, desgraciadamente, necesaria, y había evitado un 85% de atentados.
Con esta excelente intervención se pasó al coloquio en el que se pusieron en claro algunos hechos positivos, como la existencia del Seminario permanente sobre el Holocausto, propiciado por la Dirección General de Ordenación Académica de la Comunidad de Madrid, que reúne a un grupo de profesores de Enseñanza Media, con vistas a la futura incorporación del Holocausto a la enseñanza. Una experiencia piloto apoyada también por la Comunidad Judía de Madrid y que, como digo, acaba de iniciar su andadura. Este sería el aspecto más práctico, porque el resto de las intervenciones no hicieron sino abundar en lo dicho por los ponentes y en poner en su sitio, es decir muy bajo en la escala de valores de toda índole, la postura de Saramago y compañeros mártires, ya saben, esos angelitos que se autoproclaman los detentadores de la verdad y el bien, y que durante toda su vida no han hecho sino bendecir y apoyar algunas de las peores causas contra la libertad, con mayúsculas y con minúsculas.
Otrosí: no me gusta hacer publicidad pero voy a hacer una excepción con la película Shoah y los libros de Carles Torner, Shoah. Cavar con la mirada, y de Georges Bensoussan, Historia de la Shoah.
Fiel a mi intención de no tirar nada a la papelera, sigo poniendo en limpio las notas de esos importantes eventos. La segunda tanda fue en el Instituto Francés de Madrid, con el Seminario “¿Enseñar el Holocausto?”. Todo empezó a las 9h de la mañana con un público no muy numeroso pero tampoco escaso, y desde luego entregado. Una mesa de honor, formada por el Embajador de Francia, Sr. Blanchemaison (o sea, Casablanca), la Sra Ana Salomón, la Sra. Mercedes Rico y el Sr. Tiana Ferrer, dio la bienvenida a los asistentes, con ese peculiar lenguaje que los traductores de organismos internacionales llaman “desesperanto”, y que deja a quien lo oye tan desinformado como antes. Aunque soy algo injusta porque, en su estilo administrativo, fueron bastante directos. Al menos quedó claro que el Holocausto iba a ser incorporado en breve al “currículo” de la enseñanza española, como en otros países europeos (según tengo apuntado, desde 1988) y que va a haber una coordinación interministerial entre las diferentes autonomías, y eso, en definitiva, es lo que nos importaba oír a todos. Mercedes Rico, directora general de asuntos religiosos, aprovechó para lanzar una pulla a los franceses a propósito del velito, al comentar que nosotros, aún siendo un estado laico, no somos tan puntillosos en materia de indumentaria, y le doy la razón: el laicismo exacerbado roza la intolerancia y no creo ser sospechosa de filoislamismo. La 1ª parte del seminario (más de 2h) trataba de las “Experiencias en Europa” y hablaron especialistas de Italia, Alemania y Francia.
Si mis apuntes no me engañan fue Marcello Pezzeti, quien rompió el hielo. Empezó mencionando la falta de estudios y de interés en general por un acontecimiento del que sin embargo la Italia de Mussolini fue cómplice. Había testigos, pero callaban. Primo Levi fue el único que habló y se convirtió en el paradigma de la memoria de los campos. Dijo también que después de la guerra, la sociedad italiana estaba dividida entre comunistas y católicos, y cada uno de estos grupos recordaba lo que le parecía bien. Los segundos directamente ignoraron la Shoah, mientras que para los comunistas lo más importante fue la deportación de prisioneros políticos a los campos de concentración. No hay, tampoco, hasta muy tarde, bibliografía sobre el Holocausto, ni se podían dar conferencias en las escuelas porque estaba prohibido que alguien ajeno a la enseñanza hablara en las aulas. Hay que esperar a finales de los 80 para que la gente cayera en la cuenta de que aquello era importante. Sólo a finales de los 90 se habló por primera vez de la responsabilidad italiana; de las leyes raciales y de cómo los judíos fueron confinados en campos de tránsito para después ser llevados a Auschwitz y exterminados. Pezzeti insistió en la importancia de que los estudiantes visiten dichos campos, cosa que se hace cada vez más a menudo.
Después habló Lore Kleiber, de la Casa de la Conferencia de Wannsee, donde se adoptó la “solución final”. Ahora es un lugar de conmemoración y peregrinación, visitado por numerosos grupos de estudiantes de toda Europa (menos de España). Hay trabajando un equipo de 30 personas, y tienen una biblioteca y una mediateca, con una importante sección de política y de historia. Porque la época nazi es, en Alemania, una de las más estudiadas de la historia reciente. Hay debates, se proyectan películas y se organizan estancias de estudios para grupos. Aún así, a juicio de la Sra. Keiber, todavía quedan muchos huecos por llenar en materia de información de aquellos tenebrosos años.
Les llegó el turno a los franceses, que tenían dos representantes (no olvidemos que estábamos en su Instituto). Lo que contó Jean-François Forges era de rabiosa actualidad porque se refirió al malestar en las aulas, a la violencia de los alumnos contra los maestros y a los recientes sucesos de violencia callejera protagonizados por “les jeunes” (quieren decir "jóvenes musulmanes franceses", pero no se atreven) que todos conocemos y que dejaron a Francia a la altura del betún. A él le parece terrible –y ciertamente lo es– que haya franceses que griten “¡Abajo Francia”, pero nosotros en España estamos bastante acostumbrados a que españoles vascos, catalanes y gallegos e incluso españoles "tout court", que lo son todos ellos de verdad, de toda la vida, no como esos "jóvenes" procedentes de la inmigración, renieguen a diario de su patria; pero esto es un paréntesis. Volviendo a Francia, supuestamente más unida y unitaria, Forges situó ese malestar en el contexto más amplio de la quiebra de la seguridad en sí misma de la nación francesa y mencionó como síntoma el hecho de que el pasado 3 de diciembre ni Chirac ni Villepin estuvieron presentes en los actos conmemorativos de la batalla de Austerlitz (¡señores, hablamos de Napoleón! ¡Hablamos de La France!). Se refirió después a la trivialización de la Shoah, que consiste, por ejemplo, en calificar de nazi a todo lo relacionado con el principio de autoridad. Se refirió al libro de Bensoussan y a la singularidad del Holocausto, así como al hecho de que la izquierda no distinga entre campos de concentración y campos de exterminio. Y hablando de comparaciones, apuntó que la diferencia entre el universo comunista y el nazi es que en el primero todos podían ser detenidos, mientras que en el segundo sólo los judíos lo tenían garantizado. Para él el mejor medio de comunicación para ejemplificar esos hechos es, sin duda, el cine y, por supuesto, viajar al lugar de los hechos.
Pasó a hablar Pierre-Jerôme Biscarat, pedagogo, que trabaja en el Musée-mémorial des enfants d'Izieu, lugar cercano a Lyon donde hubo en 1943-44 una colonia de niños judíos refugiados que fueron detenidos por las autoridades francesas en abril de 1944 junto a sus educadores y llevados a Auschwitz. De ese grupo de 44 niños (de 7 a 13 años) y 7 adultos, sólo hubo una superviviente que volvió a París en 1945. Desde 1994 se ha constituido en “lugar de conmemoración” y recibe visitas de escolares desde los 8 años. Son visitas sencillas en las que proyectan películas y explican como mejor pueden todo eso a los estudiantes. Biscarat nos proyectó a su vez una serie de fotografías que mostraban a esos desdichados niños y a sus profesores, alegres y confiados, 15 días antes de su detención. Tienen firmados convenios con Alemania e Italia, que llevan ahí a sus estudiantes. Confiemos que España se apunte pronto a esa colaboración. Biscarat concluyó recitando una canción basada en ese célebre poema de John Donne que contiene dos de los frases más conocidas (aunque en otros contextos) de la literatura universal: “Nadie es una isla” y “¿Por quién doblan las campanas?”. Mañana, tercera y última parte.
Y que no incluí en mi crónica de Libertad Digital (Dos nombres para una misma infamia). Sobre la presentación del libro de Georges Bensoussan, en el Círculo de Bellas Artes, Historia de la Shoah, editorial Anthropos, en traducción (francamente mejorable) de Juan Carlos Moreno Romo. Los presentadores, ni fu ni fa. Mercedes Rico pronunció un discurso previsible, lleno de buena voluntad, del que no conservo el menor recuerdo y algo parecido me pasa con lo que dijeron Reyes Mate y Diego Carcedo, los dos presentadores del libro propiamente dicho. Por algo será. Sin embargo, el autor estuvo inmenso, realmente inspirado. Empezó haciendo historia de los precedentes de ese proceso de deshumanización que desembocó en el Holocausto: la Primera Guerra Mundial. Ahí hubo un cambio cualitativo en el concepto de guerra; con los bombardeos indiscriminados y la muerte masiva se pulverizaron los principios del combate con honor. Alemania, el país responsable del desastre, no tuvo conciencia de haber sido derrotado; de hecho el armisticio no se firmó en su territorio; la misma fecha en que se hizo, el 9 de noviembre, quedó preñada de simbolismo para los alemanes de forma que muchos de los actos nazis, como la noche de los cristales rotos y la decisión de la solución final, sucedieron un 9 de noviembre. Una vez tomada esa decisión, el proceso de destrucción de los judíos europeos, que ya se había iniciado en 1939, fue rápido; duró 18 meses y no llegó a acabar con la totalidad de los judíos del mundo entero porque perdieron la guerra. Cuando se habla del Holocausto (él prefiere el término Shoah) hay que entender única y exclusivamente el exterminio judío. No hay que confundirlo con las víctimas de los campos de concentración. Por ejemplo (son palabras de Bensoussan) los republicanos españoles no son víctimas del Holocausto, sino de la guerra y no hay que mezclar víctimas, no hay que meterlas en el mismo saco. La Shoah tampoco se puede equiparar a otros genocidios; por ejemplo el de los armenios; los turcos no los persiguieron más allá de su territorio, mientras que los nazis fueron hasta Grecia a buscar a sus víctimas. No querían expulsar a los judíos, querían exterminarlos. ¿Cómo explicar que un hecho tan brutal proviniera de una civilización tan refinada? Porque Alemania estaba en realidad muy atrasada. No hubo Ilustración; ese “arcaísmo”, unido a un progreso técnico y científico inusitado dio por resultado una deshumanización total. La raíz de ese acontecimiento sin precedentes es, pues, ideológica y los asesinos se movían por una mezcla de delirio, iluminismo y milenarismo. Tampoco se puede equiparar el Holocausto a los crímenes del Gulag ni a los crímenes del comunismo en general; además, se puede ver a muchos comunistas arrepentidos por ahí, pero nazis, no; el mundo ex comunista se puede reconstruir, pero el mundo que destruyó la Shoah no se podrá reconstruir jamás. Sin embargo, las comparaciones son buenas, porque así destacan más las diferencias; quien se niega a comparar, comenta Bensoussan, favorece la trivialización. Por ejemplo, cuando se comparan las matanzas de indios por parte de los españoles con el Holocausto se ve que no es lo mismo; para empezar porque los Reyes católicos nunca dieron la orden de matar a los indios, es más, cuando se enteraron de ciertos desmanes, se opusieron vivamente (insisto para que no haya confusión: son palabras del autor del libro, no mías, aunque aprovecho para decir que estoy de acuerdo). Para establecer bien la diferencia entre campo de concentración y exterminio, téngase en cuenta que 1.300.000 judíos fueron asesinados fuera de los campos. Conclusión: la Shoah es un hecho histórico, y hay que estudiarlo como tal; aunque eso sí, un hecho histórico sin precedentes que ha contribuido de manera especial a que recordemos el siglo XX como el peor de los siglos de la historia de la humanidad. Al menos por ahora (esto lo digo yo).
A propósito del montaje de Mercedes Lezcano en torno a Primo Levi y de la comparación entre el Holocausto y Jenin: cuando se supo lo que realmente había pasado en ese "genocidio" -me refiero a Jenin- cuando hubo fotografías que pusieron las cosas en su sitio, y los “millares” de muertos de esa “matanza indiscriminada” quedaron reducidos a 52 palestinos, de los cuales 32 iban armados, y unos 27 israelíes (si las cifras me bailan, que alguien me corrija), cierto ex colaborador de El Mundo (cuyo nombre no revelaré, como tampoco el pseudónimo con el que escribe en otros medios) pidió a Pedro Jota que rectificara esas alarmantes mentiras de su periódico (una voz más en el concierto global) que han quedado grabadas en los débiles cerebros de nuestros comunicadores y público en general y que se plasman, una vez más, en el infecto montaje arriba citado. Mas Pedro Jota no quiso hacerlo, como tampoco ninguno de los otros periódicos. Es mucho pedir a un periodista -si además es director de un periódico- que sacrifique su credibilidad en provecho de la verdad (justificarse es de débiles, ya se sabe). Los hechos serán contumaces, pero prevalece la quimera, por eso el género literario de mayor éxito en la actualidad es la novela histórica, donde se puede manipular sin límites la realidad, pues la ficción está exenta de ser veraz por definición. Por eso también hubo gente que se marchó de la sala cuando ayer, en el Instituto Francés, donde se desarrollaba un largo seminario sobre la enseñanza del Holocausto en las escuelas e institutos, el señor Richard Prasquier (miembro de la Fondation pour la mémoire de la Shoah) se refirió al episodio de Jenin, señalando lo aberrante que es compararlo con el exterminio de los judíos europeos. Pero lo que me imagino que más debió de indignar a los que se marcharon de la sala fue la observación de Prasquier de que incluso el muro (y señaló que por supuesto sería preferible que no hubiera razones para levantarlo) había impedido un 85% de atentados suicidas. El señor Prasquier es un valiente, porque sin duda sabe que aquí, como en Francia, prevalecen los derechos de los terroristas sobre el de los aterrorizados; que aquí se prefiere morir a matar; se prefiere que un criminal ande suelto a que la gente pueda vivir tranquila; se prefiere que los terroristas suicidas puedan circular libremente por el mundo a evitar no sólo su muerte, sino, sobre todo, los incontables crímenes que podían haber perpetrado. Se dijeron muchas más cosas en ese seminario, pero las contaré con más detalle en mi próxima crónica para Libertad Digital.
"Vamos a estar vigilantes". Esto decía y repetía Manuel Marín durante el acto que se celebró el año pasado en el Congreso de los Diputados para recordar el Día Internacional del Holocausto, conmemoración que la Asamblea de Madrid lleva realizando, por cierto, desde hace ya seis años. Pues bien, creo que sería interesante recordarle a Marín que vigilara por ejemplo lo que se está haciendo en el Círculo de Bellas Artes con el montaje de Conversación con Primo Levi, de Ferdinando Camon, en el que Mercedes Lezcano y sus asesores utilizan el testimonio de una de las víctimas más emblemáticas del judaísmo europeo para machacar a los judíos, mezclando secuencias de tanques nazis y tanques israelíes, entre otros “paralelismos”. Si eso no es “banalización” del Holocausto (pongo comillas porque habría que decir trivialización, pero bueno), que venga Dios y lo vea. Pero dicha trivialización, ya la permitió Marín en el mencionado acto institucional, cuando el impostor Enric Marco, se permitió el lujo de dar lecciones a los judíos. Carlos Cué, en la página de la Asociación de Familiares y Amigos de Represaliados de la II República elogió en su momento sus palabras. Reproduzco la última parte del largo artículo.
Enric Marco, superviviente republicano del campo de Flossenbürg, ya anunció que no iba a hacer un discurso "protocolario". Pero algunos de los judíos presentes en el acto, y especialmente el embajador de Israel, Víctor Harel, cambiaron su rostro sobrecogido por el testimonio de Marco cuando habló de los nuevos campos de concentración y citó entre ellos a "los de Palestina". Éstas fueron las palabras del superviviente:
"Hay que proceder a una educación para enseñar la historia. Hay nuevos campos de concentración, en Ruanda, Sierra Leona, Etiopía, donde los chiquillos se mueren por millones".
"Los hubo en Kosovo. Hay que decirlo con la voz muy alta; desgraciadamente, por una serie de razones, los hay en Guantánamo, y en Palestina, qué duda cabe, y en el Irak, y en todas partes. ¿Cuántas veces tendremos que seguir recordando? Al final tendremos campos de concentración aquí cerca, porque alguien se inventará una guerra preventiva".
El embajador y algunos de los judíos presentes, visiblemente molestos, no aplaudieron a Marco y luego le pidieron explicaciones.”
¿Y quién no? ¿Qué tiene que ver el exterminio sistemático de seres humanos por ser como son, con las guerras? El Holocausto coincidió con una guerra, se amparó en ella, tal vez gracias a ella cobró dimensiones tan monstruosas, pero quizás se hubiera producido de todos modos, pues antes de que estallara el conflicto, la labor de destrucción de los judíos europeos había empezado. Una vez desvelada la superchería de Enric Marco, me pregunto qué se inventarán mañana "las fuerzas del Bien" para restar protagonismo a los judíos en el espantoso drama del Holocausto.
Otrosí:
Morir o que te maten, esa es la cuestión; Los adioses; Disidencias
José Cohen, Una auténtica fantochada antisemita´
Antonio Chinchetru, Primo Levi como excusa judeofoba
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