Publicado el 22:26 en Actualidad, Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
A raíz de mi reciente contacto con Fernando R.Genovés, no sólo nos hemos pasado enlaces sino que hemos intercambiado nostálgicos recuerdos de algunos colaboradores de Libertad Digital de los primeros tiempos. Fernando citó a Carlos Semprún, a quien "le dio por morirse", a José María Marco, a él mismo y a una servidora. Como hablábamos de Carlos le conté que acababa de morir su hermana mayor, Maribel, la que se casó con Jean-Marie Soutou, que llegó a ser embajador y secretario general del Quai d’Orsay. Los semprunes lo conocieron en el exilio y Maribel se casó con él en 1942, en Lyon. Carlos quería mucho a su hermana a la que acusaba cariñosamente de querer a su vez más a Jorge y por eso la llamaba "la hermana de su hermano".
De esa familia tan peculiar -comenté a Fernando- sólo queda Gonzalo, el mayor de todos, Gonzalo de quien tengo en mi poder un manuscrito que me mandó hace unos años, lo intenté pasear por algunas editoriales pero nadie quería saber nada de un tercer Semprún pues “la importancia de llamarse Jorge”, como apuntó Fernando, hizo mucha pupa a los que no tuvieron ese privilegio. En Francia la muerte de Carlos pasó desapercibida y fue merecedor tan sólo de un homenaje en La maison de l’Amérique Latine al que asistieron Zoe Valdés, Jacobo Machover, una servidora y, ¡oh sorpresa! su hermano Jorge, en un gesto soberbio de caridad cristiana, El homenaje, que ya conté aquí en su día, empezó con la proyección de una entrevista que le hizo Federico Jiménez Losantos a Carlos que dejó perplejos a casi todos los asistentes, en su mayoría franceses, gente del teatro, artistas plásticas y literatos que poco o nada sabían de la deriva liberal de Carlos Semprún. Precisamente fue su sobrino, el historiador Georges-Henri Soutou, hijo de Maribel, quien se mostró más interesado por ese rostro nuevo que le mostrábamos de su tío. Es él ahora, junto a Anne Dastakian, la sobrina de Nina, quien se está ocupando del legado de la biblioteca y los manuscritos de Carlos y tienen pensado escribir una historia de la familia Semprún-Maura. Yo me conformo por ahora con que alguno de los editores que en su día se mostraron tan interesados en publicar la tercera entrega de las memorias de Carlos, que por una serie de circunstancias obran en mi poder, lo hagan de una vez por todas, así como con que Actes Sud traduzca por fin el manuscrito que les entregué en abril con un “mix” de los tres libros, El exilio fue una fiesta, A orillas del Sena un español… y La barricada de enfrente, que es como se titula ese volumen póstumo y todavía inédito. En fin, sin duda, el libro del que me habló Anne que quería hacer Soutou sobre su familia española tiene ya para mí un título, sugerido por Fernando R.Genovés, “La importancia de llamarse Jorge”.
Publicado el 09:11 en Actualidad, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)
Este verano me he tomado las vacaciones al pie de la letra. La prueba es que hoy, que terminan, es el único día en que me he decidido a apuntar algo en estos "sueltos". También es verdad que al no tener compromisos, por primera vez en muchísimos años, he podido solazarme en mi sombra preferida, leyendo y releyendo. Y eso es de lo único que puedo hablar. Apunto ya que he releido a Canetti,de quien me quedo con su admiración por Kafka (El otro proceso de Kafka) su amistad con Broch, Musil, Isak Babel, y su poco aprecio por Freud, a cuya obra La psicología de las masas, debe su Masa y poder, y por Borges de quien decía “No me gusta nada Borges. No choca con la piedra. La reblandece". Canetti utiliza mucho los aforismos, género a medio camino entre la poesía y la filosofía y un magnífico recurso para dar suelta a los pensamientos sin demasiadas explicaciones, ni commplicacionews. La maestría consiste en concentrar una idea o una imagen especialmente intensa en una sola frase o en frases muy cortas como en los siguientes, extraídos de aquí y de allí: NUEVO SABER PARA RECALENTAR LO QUE CONTIENE DE VIEJO, o EL COMIENZO NO FUE MALO. PERO ENTONCES CUMPLIO CIEN AÑOS, o EN LA ADVERSIDAD SE LEÍA MEJOR, ERA LO ÚNICO QUE SE TENÍA! El logro del aforismo reside en el eco que encuentra en el atento lector. No es mi única lectura de estos meses, por supuesto.Me seguiré explicando.
Publicado el 22:31 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
Enrique Andrés me manda un comentario sobre la entrada "Paul Claudel y la resurrección de Jesucristo" - que publico con su autorización:
“Querida Julia, te agradezco mucho el envío del estupendo escrito de Claudel. Sin duda a Claudel, como a cualquiera (pero mucho más a un escritor o a alguien que anda entre textos y libros) le resulta arduo concebir siquiera que el cristianismo consista en realidad en una vulneración o abolición de la característica más saliente y decisiva no sólo de todas las promesas religiosas, sino de los respectivos relatos o narraciones en que se constituye su representación. Porque es el caso que todas las narraciones de religión o salvación, así como todas las epopeyas legendarias o políticas tienen en un final feliz algo así como la recompensa o compensación que promete redimir —al cabo de la historia que se cuenta— a esa comunidad histórica, tanto como a su héroe o salvador, de sus actuales penurias, oprobios o sufrimientos.
Como en las novelas populares (y no populares), como en el cine y en la pintura mitológica, las narraciones en las que se abreva el deseo y se consuela la conciencia no pudieron prescindir jamás de la constatación, más o menos obrada a través de un deus ex machina, de que elverdadero Dios está de nuestra parte y con él, a la postre, hemos de vencer al enemigo.
Se trataba, pues, de una creencia que en realidad es una inversión, como aquella que nos hace ver el personaje de Stendhal (creo que era un jesuita) que en Le Rouge et le Noir dice que lo que importa de verás es que al fin rinda la ganancia, “ya sea en esta vida o en la otra”.
Y así es como las narraciones y sus happy endings (ocurran como crisis final de “la historia” —tal lo que diría un protestante a lo Barth— u ocurran al final de “una historia” —tal que diría un marxista ortodoxo—) sin apenas excepción reproducen el esquema de una cadena de suplicios de los que, como la gracia de Pablo sobreabundaba del pecado, así sobreabundará mañana la dicha del cumplimiento de la promesa.
Esta visión económica (y por tanto corrupta) de la fe, naturalmente que no se le escapa a Claudel y tampoco se le escapa que el hecho diferencial del cristianismo estribe en algo tan radicalmente opuesto como ese “futuro de desgracias, sacrificios, persecuciones y tormentos” de que él mismo habla, es decir, como la renuncia al éxito que había caracterizado la promesa de todos los salvadores religiosos cuyo esquema de salvación se copiaba de la plantilla trazada por la cíclica renovación de las cosechas en primavera (y así los cultos cananeos).
Pero conociendo muy bien esa nota exclusiva de “lo cristiano”, y no desconociendo desde luego que ese “Hijo que le ha salido ahora a Dios” no viene a obrar el milagro del final feliz narrativo sino a clausurar el cuento cumpliéndolo o consumándolo, a Claudel, con todo esto y sin embargo, se le sigue poniendo muy pino el que no haya, no ya en le mundo moral en el que Kierkegaard o Unamuno daban sus saltos mortales, sino en el objetivo de la materia …nada más, y por eso creo yo que en el fondo ruega del padre Totsuka precisamente … algo más; un “algo más” que, en el mundo de los hechos le haga explicable que aquellos individuos en efecto “perezosos y groseros”, estén dando botes de alegría por las calles y los campos.
Tuvo que pasar algo…”, dice Claudel —hombre (no como ellos) entre textos y libros—, porque sencillamente no entiende que el relato acabe así sin que ninguna otra cosa haya pasado, sin que haya pasado nada, “nada más”, y reclama a gritos del narrador del cuento eso, que le cuente “algo
más”, que le cuente eso que según él no ha podido no pasar(sin duda habla de la resurrección de la materia en el mundo de los hechos históricos), porque si no ha pasado, el relato se ve que se le queda cojo…
Muchas gracias Julia, y perdóname esta suelta de palomas.
Un abrazo,
Enrique”
Publicado el 21:48 en Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (6) | TrackBack (0)
Lo primero que observamos es que la poderosa agitación intelectual y moral que tiene su origen en Jesús, no se tradujo mientas éste vivía en ningún movimiento material ni político. No hay rastros de motines ni de rebeliones, como las que se produjeron con Judas el Gaulonita, o con Barkokeba. El hecho que motivó la condena de Jesús tuvo, pues, una causa puramente doctrinal y dicha causa debió ser extremadamente grave, dada la severidad con la que le ejecutaron los romanos en vísperas de la fiesta más importante del año, aun cuando el orden público no se veía afectado.
Como no se tradujo en ningún movimiento político, hay que deducir que la doctrina de Cristo sólo estaba relacionada con el mundo de las ideas y de la conciencia. Era algo que estaba separado de lo temporal. Él hacía una distinción radical entre el mundo del hecho material y el mundo moral.
Por otro lado su doctrina nunca se planteó como la destrucción de la antigua religión, sino como su explicación y su desarrollo. Cristo predica en las sinagogas, en los lugares oficiales.
Publicado el 19:42 en Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
Ya estamos a jueves y pesar de que para mí era prioritario, sólo ahora he podido fijar en estas páginas mi crónica del homenaje que se celebró el lunes pasado en la Residencia de Estudiantes en memoria de Jaime Salinas. El tiempo pasa, se hagan cosas o no, por tanto es mucho mejor hacerlas antes de que otras urgencias tomen el relevo a lo que ahora nos parece prioritario. Por eso, me apresuro a relatar casi a matacaballo aquel acto ya pasado, antes de que mi inminente viaje a París para cerrar con una prestigiosa editorial francesa la traducción de las Memorias de mi otro gran ausente, Carlos Semprún, de cuya edición me he encargado, me obligue a postergarlo mucho más.
No es baladí que mencione a Carlos en relación con Jaime, a pesar de que entre ellos no tuvieran ninguna, que yo sepa. Son vidas paralelas que, en parte, transcurrieron en escenarios muy similares. Ambas estuvieron condicionadas por la guerra civil española; ambos huyeron en barco con sus respectivas familias, los Salinas desde Santander y los Semprún desde Bilbao. Ambos pasaron por San Juan de Luz y París y ahí se detiene la coincidencia, pues Carlos se quedó en esta ciudad toda su vida, o al menos no salió de Europa, y Jaime prosiguió su travesía por mares y océanos. Aunque sus vidas tomaron derivas muy distintas, desde todos los puntos de vista, también les unía el extrañamiento; ninguno de los dos se consideraba español del todo, siéndolo y sintiéndolo, en cierto modo, de manera muy desgarradora; de hecho jamás tuvieron otra nacionalidad. Pero no quiero desviarme del tema que me llena ahora, no quiero que se me olvide todo lo que oí sobre Jaime este lunes pasado.
Cuando murió Jaime, todo lo que habíamos hablado y hecho juntos, relegado en el cajón de mi escritorio, cobró de pronto mucha importancia para mí. Ya he contado en este blog cómo trabajamos juntos, desde 1993 a 1995 en la recuperación de su memoria. La idea era que yo las escribiera de acuerdo a nuestro trabajo en común pero finalmente Jaime “rompió” a escribir y a fe que lo hizo muy bien. Junto a todas nuestras conversaciones –que tengo fielmente transcritas- volví a leer su libro Travesías, y a reafirmarme en la idea que saqué de la primera lectura: el libro que estábamos componiendo él y yo empieza donde termina su libro de Memorias. Esta segunda lectura ha sido sobre todo un homenaje, un acto de amistad y de afecto.
Estos dos sentimientos son precisamente los que presidieron el acto del que parece que nunca vaya a ponerme a hablar, pero ya llego. Aquella tarde, en esa Residencia con la que Jaime tuvo tantos vínculos, había dos niveles de participación, igualmente solidarios: el del público, en el que había familiares (su primo,Pablo León Bonmatí), amigos y colaboradores de Jaime, como los García Lorca, Luis Suñén, Miguel Visor, Manuel Rodríguez Rivero, Mario Muchnick, Javier Solana, Jorge Herralde, José García Velasco, Miguel Ángel Aguilar, Javier Pradera, Antonio Casas, Agustín Gervás, María José Gómez Navarro. Sólo menciono aquellos que estaban más cerca de mí, pues la sala estaba abarrotada. El segundo nivel, que en realidad era el principal, lo formaba la Mesa en la que estaban representadas varias generaciones y personas que fueron importantes en la vida de Jaime, o que simbolizaban alguna de sus facetas. Tomó la palabra Alicia Gómez Navarro, directora de la Residencia de Estudiantes que centró el acto en su contexto. Miguel Aguilar, hijo de Miguel Ángel Aguilar y de Juby Bustamente, habló, transido de admiración por Jaime, en nombre de todos los niños a los que “Tito” Jaime trató con esa bonhomía que sin duda quería estar en los antípodas del trato despótico que recibió él en su propia infancia de Juan Ramón Jiménez (véase el episodio del chocolate derramado). Enric Bou, representaba a los hispanistas a los que Jaime llamaba “salinistas” (rama don Pedro); junto con Andrés Soria, el profesor Bou tuvo un trato siempre cordial con Jaime, me consta. Juan Cruz, representaba a los otros “salinistas” (rama Jaime); Vicente Molina Foix, que dijo compartir con Jaime su “alicantinidad” era el portavoz de cierta juventud alegre y disipada por la que Jaime sentía gran simpatía; Molina Foix, junto a Félix de Azúa y Javier Marías, formaban parte del grupo al que Jaime llamaba “los cachorros”, por su alocada vitalidad. Luis Revenga, que le trató también por razones de trabajo, se convirtió en un buen amigo y lo demostró con sus palabras. Quedaban los tres más significativos: Carlos Marichal, Gudbergur Bergsson y Teresa Guillén. Las anécdotas que contó su sobrino, hijo de Solita y de Juan Marichal, profesor actualmente en el Colegio de México, corroboraban punto por punto la fidelidad de la memoria de Jaime, tanto en lo que se refleja en su libro como en lo que él me contó en su día. Carlos leyó unas cartas en las que se nos revelaba el Jaime más entrañable. Teresa Guillén, hermana de Claudio Guillén, representaba la infancia y juventud de todos ellos; sus bondadosas palabras transmitían una familiaridad y una complicidad de la que los demás, excepto Carlos Marichal y su primo Pablo, estábamos excluidos.
He dejado para el final a Bergsson. Su presencia en la Mesa era indispensable, fundamental, radicalmente necesaria, como lo fue en la vida de Jaime. Se conocieron en la Barcelona alegre y confiada de lo que se ha dado en llamar “escuela de Barcelona” durante los años 50-60 Amparada en la impunidad de la periferia, la Barcelona de aquella época disfrutaba del esplendor de los enclaves mediterráneos. Eran una excepción cultural, llena a su vez de excepciones, no siempre buenas y desde luego mucho menos brillantes de lo que ellos creían. Pero esto lo digo yo, no Bergsson, él se refirió a esos supra valorados “genios”, en términos aún más duros, si cabe. Según él, los colegas barceloneses de Jaime no eran especialmente inteligentes, no tenían prácticamente mundo y eran bastante cutres, mientras que Salinas, que pertenecía a la alta burguesía intelectual, se distinguió desde el principio por su plurilinguismo, su cosmopolitismo y su elegancia. Jaime nunca pudo conectar con ellos, sus chistes, sus referencias culturales. Bergsson calificó la personalidad de Jaime de "verdadero iceberg", del que sólo se veía la engañosa punta. Como no tenía madre, ni padre, ni lengua y se sentía perpetuamente marginado, se refugió en él (Bergsson) como en una isla. Estuvieron juntos 55 años. Jaime, según Bergsson, era un gran actor, mostraba la faz que él pensaba que querían ver los demás, pero para él la vida empezaba cuando cerraba la puerta. Si eligió Islandia, fue sobre todo por su salud; el calor y el frío madrileños eran muy malos para su corazón. Cuando no estaban juntos Jaime le escribía al menos 3 o 4 cartas a la semana. Cartas en las que le contaba todo lo que pasaba a su alrededor. Comentarios profusos sobre sus amigos y la sociedad. Al referirse a la nutrida correspondencia que disponía de Jaime, yo no pude evitar pensar en el escalofrío de terror que debió recorrer a algunos de los presentes, máxime porque conmigo también se explayaba en comentarios nada correctos políticamente sobre determinadas potencias del mundo de la cultura y la comunicación... Por último, Bergsson nos hizo un relato estremecedor de sus últimos momentos que, si no oí mal, aseguró haber filmado. Jaime murió en brazos de Bergsson y tanto en el crematorio como en el entierro tocaron su música preferida “la muerte de Isolda” y el "lamento de Dido". Por mucho que Bergsson nos asegurara que la muerte es una obra de arte y que así lo entendió el propio Jaime, yo no pude dejar de sentir una pena inmensa por esa agonía.
Publicado el 16:50 en Actualidad, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Leyendo las obras de don Valentín García Yebra con el fin de preparar un texto para honrar su memoria así como para repasar sus enseñanzas, caigo en la cuenta de que nadie como él ha sabido, de manera constante y sabia, corregir los errores más habituales en el uso de la lengua, en particular en los medios de comunicación, donde los atropellos son constantes y enorme la colección de errores, por otra parte recurrentes. Pero no sólo yerran los periodistas. También los políticos y los administradores están atentando contra el lenguaje constantemente. Algunos incluso se crecen ante la corrección y la justifican reafirmándose en su error.
Hay varias barbaridades que han hecho escuela, como la de utilizar el posesivo detrás de un adverbio de lugar, algo que difícilmente puede pertenecer a alguien: delante, detrás, encima, debajo, no son ni mío, ni tuyo, ni suyo, ni nuestro, ni vuestro, necesitan apoyarse en la preposición “de”, para que la localización en el espacio así expresada resulte coherente. Pero no. Constantemente oímos –y escuchamos también- delante mío, detrás tuyo, encima suyo, debajo nuestro en vez de delante de mí, detrás de ti, encima de él o de ellos, debajo de nosotros o de vosotros, etc. Sin embargo resulta muy sencillo, aunque parece que quienes así hablan, además de desconocer la lengua, tengan una aversión recalcitrante tanto a su lógica como a su armonía.
Y ya que he hablado de oír y escuchar, recuerdo que don Valentín contaba que en un congreso al que asistía una vez, una oradora dijo a los que estaban sentados al fondo: "¿me escuchan?"- Y don Valentín contestó: “La escuchamos perfectamente pero la oímos muy mal”. Creo que ahí está, admirablemente sintetizada, la explicación a la diferencia de ambos verbos, pues se puede escuchar sin oír nada y se puede oír sin que haya nada que escuchar; oír apela al sentido del oído y escuchar a la voluntad de entender algo que se oye: no se escucha una bomba que estalla a tu lado, pero sí la radio. Y desde luego, no se puede escuchar nada si no puedes oír.
Esta confusión de los sentidos, nunca mejor dicho, se produce también con el de la vista. Ver y mirar son dos cosas bien diferentes, pues se puede mirar y no ver, pero no se puede mirar sin ver. El ejemplo que pone don Valentín en el artículo sobre estos verbos “confusos” vale más que mil explicaciones: “Mira qué pájaro tan bonito”, “¿No lo veo? “Fíjate, allí en esa rama”, ¡Ah, ya lo veo”.
Por otra parte, como no se puede mirar sin ver, ni escuchar sin oír, parece increíble que prevalezcan “mirar y escuchar” sobre el verbo que expresa el sentido que hace posible ambas acciones, “ver y oír”. Según don Valentín ello se debe a que en la actualidad las palabras breves son sospechosas.
Hay otras modas como la de decir “plausible” (digno de aplauso, pero también admisible, recomendable) en lugar de “posible” (que puede ser, que se puede ejecutar) pero la más vergonzosa es la de decir “vergonzante” por “vergonzoso”. Vergonzante es “que tiene vergüenza” y se dice normalmente de quienes ocultan algo porque les avergüenza (pobre vergonzante, es decir persona que aparenta no ser pobre, etc.) y vergonzoso es “que causa vergüenza” (un proceder vergonzoso, un acto vergonzoso, etc.). Hay otras cosas como el llamar poetas a las mujeres y no poetisas, como sería lo etimológicamente correcto, pero ya está bien por hoy.
Publicado el 22:39 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Ayer, en la entrada sobre San Policarpo, mencioné que los adeptos que he conseguido implicar para conmemorarlo nos reunimos el 19 por razones de agenda, pero no comenté ni dónde ni cómo, pues me urgía repartir esos premios para cuya próxima edición emplazo a los lectores de la Quimera a que propongan candidatos. Sin embargo, aun sin desvelar los secretos de lo que se dijo en el almuerzo que celebramos, quisiera mencionar algo respecto a ese día. Aprovechando que el Pisuerga sigue pasando por Valladolid y además hay AVE, decidimos convocar ahí nuestra cita anual con la idea de ver la exposición de "collages" de José Jiménez Lozano en la Galería La Maleta, sita en la calle Norte-semi esquina a la calle de los Toreros.
He querido ilustrar esta entrada con algo alusivo a dicha exposición pero me he encontrado con serios inconvenientes para conseguir una muestra que pueda dar mínimamente una idea de lo que ha pretendido hacer el escritor con ese material que ha ido recogiendo durante años en su "cosero". Cuando JJlozano conoció los ensamblajes de Joseph Cornell, sintió que él llevaba haciendo esas "cajitas de Cornell" desde adolescente, y lo cierto es que en ambos casos es como si estuvieran embutiendo y comprimiendo la esencia del mundo en cada una de ellas. Si yo tuviera conocimientos técnicos, podría reproducir algo sacado del catálogo pero como no los tengo he tecleado en Google "Recortes del cosero" y a pesar de que me advertían que me había equivocado y que lo que yo quería buscar era "Recortes del coseno", encontré esa hermosa alegoría que ahí pueden ver. Se titula "¿Y la bella Europa? y aunque en vez del toro que se podía esperar hay una vaca, atributos sexuales aparte, ejerce el mismo efecto sobre el espectador. En la segunda ventana de la composición, se ve un cartel que pone "de Troya a Ítaca" y unos niños rodeados de objetos escolares: pupitre, ábaco, etc.
Hay otras vacas en la exposición: por ejemplo, la que aparece en el collage titulado "Mayo del 68". A un lado puede verse la efigie de la caja de quesitos, "la vaca que ríe". El fondo es una verde pradera, florida y pimpante, coronada por un sol deTarot, encima un brazo (¿o es una rama?) sostiene un nido con sus pájaros revoloteando y en la esquina una ventanita en la que se ve a Dostoievski que parece decir: "os lo había advertido"; al otro lado se reproduce una fotografía de "los disturbios", en la Facultad de Medicina de París, donde unos estudiantes correctísimamente vestidos rodean la estatua de Pasteur a quien han colgado una bandera roja. Papá Stalin asoma, socarrón, por una esquina.
Este torpe esfuerzo descriptivo es para que vean que el cosero de JJLozano no sólo recoge cosas, sino que cuenta cosas. En cuanto a nuestro propósito conmemorativo, esta visita no podía ser más oportuna; la crítica contenida en cada uno de esos collages está muy en la línea de la "santa indignación" que poseía a San Policarpo en tantas ocasiones. La exposición termina el 1 de marzo y vale la pena verla con detenimiento; tanto los que ya conocen su obra escrita, como los que todavía no, pueden aprender mucho de ella. Los primeros reconocerán esta o aquella alusión y trazarán un camino recto de la cosa al concepto, los segundos tras el aparente batiburrillo del cosero, grato a la vista, descubrirán un mundo narrativo a cuya fuerza sucumbirán tarde o temprano.
Como dice JJLozano en el catálogo, "lo que digan o dejen de decir las cosas del cosero es asunto entre éste y los que miran las composiciones, recortes pegados o "collages". Es decir, cosas de los adentros de ellos."
Publicado el 10:40 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
El pasado 14 de febrero, día de San Valentín, se celebraba en la Complutense, en la antigua Facultad de Filosofía y Letras, hoy Facultad de Filología, Edificio A, un homenaje a Valentín García Yebra, fallecido en Madrid el pasado 13 de diciembre. Yo estaba en los papeles, es decir, iba a participar, tenía preparado el guión de lo que iba a decir, pero una súbita indisposición me impidió asistir. Lo sentí en el alma, sobre todo porque había encontrado las cintas de una larga conversación que mantuve con él en 1995 y que se publicó como entrevista ese mismo año, en versión abreviada, en el nº 5 de la Revista "Cuadernos Cervantes de la lengua Española" (nada que ver con el Instituto del mismo nombre) que algún día acabaré encontrando y que colgaré en este blog cuando consiga digitalizarla. Mientras tanto pensaba mostrar algún fragmento durante mi intervención, tras haberme asegurado Julia Sevilla, directora de la revista Paremia y una de las organizadoras del acto, que tenían reproductor de cassetes (cosa que yo ya no tengo); a ella también le parecía una magnífica idea que se pudiera oír la voz de aquel a quien todos los convocados a esa cita considerábamos, sin ningún género de dudas, nuestro maestro. El incidente que me apartó de ese homenaje pasó, afortunadamente, pero para mí quedará la impotencia de no haber estado presencialmente en su discurrir.
Por eso, considero un deber moral escribir ahora estas líneas y evocar la figura de aquel hombre bondadoso, sabio y modesto que me honró con su amistad y con su confianza, que me abrió las puertas de su casa, junto a su mujer, Lola, y que llevó su generosidad en la enseñanza hasta materias que no eran las que nos ocupaban, aunque también, porque nada es ajeno al mundo del traductor, que no es otro que el mundo de las palabras, mundo que él conocía a la perfección. Gracias a él, a nuestros paseos por el Retiro, cuando florecían primero las forsitias y luego los majuelos, en primavera y cuando los piracantos y los madroños estallaban de frutos, en otoño, yo pude poner nombre a esas y otras plantas. Gracias a él, y ante el escepticismo de los lugareños, me atreví a plantar unos madroños en esas tierras altas y fríolentas en las que me refugio del calor del verano; sólo sobrevivió uno pero se ha desarrollado espléndidamente. Gracias a él, aprendí a emparejar los arbustos de bayas: acebos, durillos, piracantos, madroños, majuelos para que se fecundaran.
Valentín García Yebra era mucho más que un profesor o un académico, era un verdadero maestro; era un hombre lleno de méritos que no se vanagloriaba de ellos, y los compartía con los demás con entera naturalidad, méritos académicos, filológicos y literarios que le fueron merecidamente reconocidos y aunque tenía algún que otro adversario, eran más numerosos quienes le respetaban y querían. Tenía adversarios, bien es cierto, pero era por motivos neciamente políticos, pues no hay que olvidar que durante muchos años un influyente sector del mundo asociativo traductoril y escritoril estaba dominado por izquierda, sobre todo, por la más sectaria de sus tendencias: la comunista, y como era culto, educado y conservador, él era considerado "de derechas" y posiblemente lo fuera (nunca hablamos de política), lo que por otra parte me parece muy bien. Tal vez por eso costó tanto que se le diera el merecidísimo Premio Nacional de Traducción y quienes presentábamos su candidatura, año tras año, tuvimos que bregar con algunos personajes de ese mundo opaco y cerril para conseguirlo. Nunca le oí quejarse por eso, como tampoco se quejó (aunque no dejara de asombrarle pues estaba presente en la sala) cuando en un homenaje a la editorial Gredos en la Biblioteca Nacional ninguno de los participantes en la mesa de los oradores pronunció su nombre, ni los nombres de Julio Calonge, Hipólito Escolar y Severiano Carmonal, los otros cofundadores de esa prestigiosísima editorial que pusieron todos ellos en marcha, en 1944, cuando eran tan jóvenes que por ejemplo a Valentín le faltaban doce días para terminar la carrera.
Ese Premio Nacional de Traducción lo recibió finalmente en 1998, tras más de cincuenta años de años de reflexionar sobre la traducción y estructurar una metodología modélica, de traducir lenguas vivas y muertas y de enseñar a traducir a los demás, pues no sólo fue pionero en el estudio y análisis de la traducción, sino también en su enseñanza: sus esfuerzos se plasmaron en la creación del Instituto de Lenguas Modernas y Traductores de la Universidad Complutense, al que siguieron después las EUTIS y finalmente las licenciaturas en Traducción e Interpretación. Valentín García Yebra era académico de la Lengua y lo era precisamente por ser filólogo, por su labor como traductor y por su gran aportación internacional a la teoría de la traducción. Nadie como él ha expuesto con más claridad, rigor y coherencia las dificultades de esta última. Ni los más enrevesados de los teóricos actuales pueden negar que se lo deben todo.
Otrosí,
El diccionario de galicismos prosódicos y morfológicos de Valentín García Yebra
algunas-razones-para-seguir-traduciendo-o-la-lección-del-maestro
Publicado el 22:57 en Historia, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
El jueves 27, en la Asamblea de Madrid se ha vuelto a conmemorar por undécimo año consecutivo el día internacional del Holocausto. También el Ministerio de Asuntos Exteriores ha celebrado un acto de estado con el mismo motivo, pero es importante destacar que la Comunidad de Madrid ha sido pionera en este aspecto. La palabra conmemoración no sería la adecuada, más bien se debería de hablar de ceremonia del recuerdo. La Shoá es una pesadilla espantosa de la que todavía no hemos conseguido despertar y por eso hay que volver, una y otra vez -y nunca será suficiente- a nombrar la ignominia, a denunciar a los verdugos y a recordar a las víctimas, para devolverlas la dignidad que les arrancaron con la vida. Por parte de las víctimas, parece imposible superar algo así, y por parte de los verdugos, aunque derrotados y juzgados, parece imposible la redención, y entiendo la amargura del pueblo alemán al respecto. Cuando hace poco pregunté a un joven estudiante alemán, becario del Erasmus en España, que de dónde era, me dijo: de Nuremberg y había vergüenza en su voz. Sin necesidad de decirle nada añadió: y me gustaría que no la conociera todo el mundo sólo por "eso". Se refería, claro está a lo que se refería y nada le asombraba más que encontrar a jóvenes españoles incultos que nada sabían nada de los procesos que hicieron tristemente célebre a su ciudad, a su país y al mundo.
Porque la culpa es universal. Los testimonios de los supervivientes reflejan una y otra vez esa sensación de rechazo que sintieron durante años, que aún ahora pueden sentir ante las versiones actuales del negacionismo y la moderna judeofobia, y eso que han pasado 66 años desde que las tropas soviéticas liberaron el campo de Auschwitz-Bikernau. De todos los campos de concentración, tal vez sea éste, que también lo fue de exterminio, el que personifica la esencia del mal absoluto del nacionalsocialismo, o nazismo, como se prefiere llamarlo. Cuando el horror es infinito también lo es su recuerdo. Esta terrible experiencia ha sido narrada cientos de veces por los supervivientes y ¡ay de nosotros si dejamos de emocionarnos ante esos testimonios! Miles de personas han vivido con ello, mejor que peor, pero muchas otras no pudieron soportarlo. Ignoro cuánta gente del común ha sucumbido a sus recuerdos, pero es muy notable el número de escritores que acabaron suicidándose, a pesar del supuesto efecto catártico de la escritura. Mencionaré unos cuantos, cuyas obras se pueden encontrar en castellano.
Primo Levi. Judío italiano. Tenía 24 años cuanto fue deportado a Auschwitz. Él mismo admitió que escribió Si esto es un hombre empujado por la necesidad de contar a los demás lo que había visto y vivido. Le sirvió de poco. Se suicidó en 1987.
Jean Améry. También superviviente de Auschwitz donde ingresó a los 33 años. De origen austríaco, se nacionalizó belga. Más allá de la culpa y la expiación está publicado en español en la editorial Pre-Textos. Se suicidó en 1978.
Paul Celan. Judío rumano. Fue liberado en 1944 de un campo de trabajo. Se trasladó a Francia en el 48 y obtuvo la nacionalidad francesa. Su poema “Fuga de la muerte”, describe el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Se arrojó al Sena en 1970. Su obra completa está traducida al español por José Luis Reyna, en la editorial Trotta.
No pudieron soportar “el silencio de la humanidad”, como dijo Robert Antelme, el autor de La especie humana, que tenía 27 años cuando ingresó en Buchenwald. Hubo otros que no se suicidaron pero quedaron tocados de por vida al darse cuenta –como expresó muy bien Bruno Bettelheim- que los que testimonian siempre han sido molestos para los demás. Y siempre lo serán, desgraciadamente.
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No he cumplido todavía mi promesa de hablar sobre Valentín García Yebra, de quien tengo qué decir tantas cosas, cuando me entero de la muerte de Jaime Salinas. Nada tienen que ver el uno con el otro, si no es que ambos fueron personas muy importantes para mí. También para todos los traductores; don Valentín porque era un filólogo y el padre de la enseñanza regulada de la traduccion, de la que era al tiempo un eminente teórico y un excelente práctico, y Jaime porque fue el primero en toda la edición española en reconocer los derechos del traductor y darles el protagonismo que se merecen. Los desvelos del primero se plasmaron en la creación de una licenciatura de Traducción e Interpretación y los del segundo en una Ley de Propiedad Intelectual que se fraguó cuando fue Director General del Libro. Nunca será demasiado lo que hagamos los traductores por celebrar la memoria de ambos.
Pero es en Jaime en quien me voy a centrar ahora. Jaime, de quien precisamente me estaba ocupando estos últimos días a propósito de las cintas que grabamos cuando trabajé con él en sus Memorias. Como me he quedado sin lector de cassetes, una amiga, también traductora, me comentó que había comprado un artilugio para convertirlo en audio y esa era mi intención, así como la de colgar el resultado en mi blog, previa autorización de Jaime, y me preguntaba cómo podría localizarle pues le sabía lejos, en Islandia. Ese episodio de mi colaboración con él en esas memorias, que al final acabó escribiendo él mismo y por las que le dieron el premio Comillas, sólo la he mencionado de pasada en la ponencia que presenté en Verines en 1996. El libro no tiene nada que ver con lo que habíamos hablado durante aquellos dos años, pues nos centramos más en su época editorial que en su infancia y adolescencia. Yo iba a su casa un par de veces por semana, a esa casa de la calle de Don Pedro en la que vivió desde niño con sus padres, Don Pedro Salinas y doña Margarita Bonmatí, y después de hablar a micrófono abierto, repasábamos viejas fotografías y otros documentos: cartas de escritores ilustres, recortes de periódicos, etc. Incluso llegué a viajar a Barcelona para entrevistar a antiguos amigos y colaboradores suyos. Hay un libro ahí por publicar, un libro prácticamente hecho, pues hasta que él rompió a escribir por su cuenta, yo llevaba ya mucho material redactado.
Estoy segura de que si vuelvo a oír su voz no podré contener la emoción al evocar su figura, pues ese tono de inseguridad, esa timidez le hacían parecer especialmente vulnerable y eso se traslucía en toda su persona. Contrariamente a lo que se podría suponer mi relación con él no fue como traductora, sino que surgió durante su breve pausa administrativa, cuando le nombraron Director General del Libro. Le conocí en el I Encontro de Poesía Hispanolusa, en Figueira da Foz y de inmediato sentí por él una gran simpatía. Jaime, para desesperación de la guardia pretoriana de turno, tendía más a estar con sus amigos (estaban Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma, además de Valente y otros que no son ya de este mundo) que a lucir la púrpura del "cargo", que parecía pesarle muchísimo. En aquellos primeros años ochenta, ser director general todavía significaba algo, y era enternecedor oír sus generosos y descabellados proyectos en un contexto tan cutre y tan comino. Jaime me contaba cuánto le había sorprendido la llamada de Javier Solana y cómó había aceptado a regañadientes. Pero me estoy anticipando. Hay que entender al personaje retrocediendo un poco y explicando de dónde venía y lo que había hecho hasta entonces.
Jaime nació en Maison Carré, en Argelia, el 27 de junio de 1925. Su familia paterna era madrileña y la materna argelina, de habla francesa, idioma que él dominaba a la perfección. Jaime recordaba de su infancia la felicidad de los veranos alicantinos en la finca de los Bonmatí donde confluían ambas familias. Los amigos que pasaban por su casa madrileña eran los de su padre, el poeta Pedro Salinas: Jorge Guillén, Valle Inclán, García Lorca, Unamuno, Dámaso Alonso, Américo Castro, etc., etc. Pero llega la guerra civil y con ella el exilio. No me quiero extender; para resumir diré que los escenarios de su vida fueron Argel-Sevilla-Madrid-Santander hasta 1936, y luego Estados Unidos hasta 1954 y a partir de entonces, Europa: París y nuevamente España donde se vió forzado a quedarse definitivamente, primero en Barcelona y luego en Madrid. La tentativa de reconciliar presente y pasado se convirtió en la clave de su vida y en la raíz de sus aciertos y fracasos, tanto en su vida profesional como personal. Afectivamente, su encuentro con el escritor y traductor islandés Bergsson en 1956, a cuyo lado ha terminado su vida en Islandia, el lugar más alejado que uno pudiera imaginarse de su pasado, subraya el tenaz propósito de Salinas de no resolver nunca el conflicto y de convertirlo en su razón de ser.
Me dejo muchas cosas en el tintero, pero no son las relacionadas con su papel de gran editor, que es en lo que se centrarán todos en los funerales laicos que le dediquen, sino otras menos conocidas, como cuando se apuntó en el cuerpo de ambulancias del American Field Service, durante la Segunda Guerra Mundial y participó en las campañas de Alsacia y la invasión y ocupación de Alemania (es curioso, me decía, lo que más me llenaba de tristeza eran los animales muertos, los perros, los caballos, porque ellos eran totalmente inocentes); ya en Barcelona, su no siempre idílica relación con la "gauche divine" y en Madrid, sus conflictivas relaciones con los praderas de este mundo que le querían mangonear, así como su repugnancia por las componendas políticas que veía en el Ministerio... Sí, creo que le debo ese libro que un día intentamos escribir juntos.
Otrosí, algunos artículos que escribí sobre Jaime Salinas y otros documentos de interés
http://findesemana.libertaddigital.com/paseo-por-el-amor-y-la-muerte-1276230847.html
http://revista.libertaddigital.com/en-espana-somos-doscientos-1275770680.html
http://revista.libertaddigital.com/habla-memoria-1276209049.html
Publicado el 19:38 en Actualidad, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (0)
Esta mañana, en la sala de espera de un hospital dos enfermeras ya mayores hablaban de una compañera que acababa de morir y a cuyo entierro pensaban ir juntas en cuanto acabara la consulta. La recordaban con cariño porque las tres habían sido quienes "montaron" la planta de cardiología hacía ya 50 años. ¿Qué edad tenía? preguntó una de ellas; 77, contestó la otra. ¡Cada vez se muere la gente más joven!, replicó la primera... No creo necesario explicar cuánto me sorprendió oír aquello. Inmediatamente lo relacioné con un libro de William Hazzlit titulado "Sobre el sentimiento de inmortalidad de la juventud" y decidí buscarlo en cuanto llegara a casa para corroborar si mi impresión primera al oír esa frase de que la prolongación de dicho sentimiento es un fenómeno postmoderno, era acertada.
Fue inútil, porque una de las características de cualquier biblioteca que se precie es la de no encontrar nunca lo que uno necesita leer en ese momento. Pienso incluso que hemos llegado a un punto en mi casa en que nos resultaría más apasionante escudriñar nuestra propia biblioteca que la librería de viejo mejor surtida, porque en eso la hemos convertido, guiados por nuestro criterio literario y nuestro propio sentimiento de inmortalidad... No quiero deprimirme haciendo la estadística de cuantos miles de libros no voy a poder leer en lo que me queda de vida que, sentimiento de inmortalidad aparte, no es tanto como yo quisiera, pero me puedo envanecer de no voy a aburrirme contándolos.
Volviendo a Hazlitt y a su ensayo, creo recordar que era tan corto como acertado, pero esa sensación que analiza en los jóvenes de que la muerte no va con ellos (lo que no les impide suicidarse, por cierto) y de que sólo se mueren los viejos y los otros, me temo que se ha hecho extensiva a todas las edades de la época actual. Sin duda, es justo y necesario que los jóvenes se dediquen a vivir intensamente y se crean inmunes a la enfermedad y al desgaste físico. El joven, incluso enfermo, se rebela contra las restricciones que le impone su propia enfermedad como si ésta, pregonera de la muerte, fuera incompatible con la juventud y eso es ciertamente muy peligroso. No sé si a todo el mundo le pasa lo mismo pero algunos no nos hemos dado cuenta de que hemos sido jóvenes hasta que hemos dejado de serlo y es como si la muerte se aprovechara de ese sentimento de inmortalidad para pasarnos factura. Tal vez esa sea la causa del malestar que me producen las fotografías antiguas: son un testimonio de lo poco que se aprecia lo que se tiene cuando se tiene. El tiempo no se congela en ellas, se subvierte, por eso escribí una vez un poema que al filo de lo que ahora hablo puede tener algún sentido:
No espero nada ni nada me sorprende
pensaba yo de vieja amargamente.
Ahora soy joven y todos me reprenden
mi alegría infantil y mi loca esperanza.
Publicado el 21:45 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Durante estos días he recibido un importante número de mensajes de texto en mi móvil y me ha entristecido comprobar la distorsión de la ortografía y la simplificación, cuando no la ausencia, de los signos diacríticos y de puntuación. Escribir en un móvil es un latazo, pero yo siempre pienso en aquello que decía Eugenio d'Ors de que "contra el exabrupto, la gramática" y me paso horas buscando en mi móvil la exigua oferta de ese tipo de signos, con escaso éxito.
Recuerdo que Walter Benjamin, en un ensayo sobre la puntuación, analizaba con mucha lucidez la decadencia de sus signos más significativos, valga la redundancia. No encuentro ahora la fuente directa dónde lo leí pero más o menos venía a decir que si los signos de puntuación, exceptuando el punto y algunas veces la coma, van desapareciendo es porque también están desapareciendo lo que expresan. Y esto lo escribió hace ya muchos años cuando todavía se respetaba la gramática y había escritores con algo que decir.
En efecto, ¿para qué el signo de interrogación si ya no se dan aquellas largas frases retóricas sin el cual éstas carecerían casi de significado? Nosotros, en español, tenemos además la ultraprecisión de abrir y cerrar la interrogación con lo cual el efecto se duplica. Por otra parte, una prosa incisiva necesita guiones y paréntesis como los peces el agua en la que viven, pero ya no hay prosa incisiva. Una prosa irónica no podría sostenerse sin el precioso apoyo de los puntos suspensivos, eso que los portugueses con gran acierto llaman reticencias, o sin las comillas, pero ni por esas la entiende ya nadie.
El punto y la coma dejan en suspenso una frase que con el punto sería demasiado imperativa y con la coma demasiado vaga. Y la coma, es un delicado instrumento de precisión, una varita mágica que todo lo transforma. Una frase de admiración -aunque sea una admiración puramente retórica- necesita el apoyo de esas columnas, casi unos muros maestros, que la circundan, y dos mejor que una, como sabemos muy bien en nuestro idioma.
Los signos de puntuación son los puntales arquitectónicos de la frase. Sin ellos se derrumbaría y una vez reducida y simplificada, sólo bastará con un punto que la delimite y, para los más complicados, alguna coma que la determine. Lo demás es desastre o lenguaje para SMS, que es lo mismo.
Otrosí, la ortografía
Publicado el 01:40 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
No te vayas mamá. Quédate aquí. No me dejes sola en este cuarto oscuro, rodeada de monstruos. ¿Por qué estás enfadada? ¿Porque no me encontrabas? Verás, es muy sencillo. El elefante gordo me tapaba y la estúpida Barbie te impedía verme.
Perdóname tú a mí. Yo te perdono. No te reprocho nada, no te culpo. Es defecto de fábrica. A ti también te engañaron los mayores. Los malvados. Los que se ceban en los pequeños, en los débiles.
No siento el dolor físico. Siento tu pérdida. Siento tu desamor, tu extrañamiento. La soledad cruel de tu abandono. Por favor, no entres en el cuarto sin mirarme. Háblame. Cógeme entre tus brazos. Zarandéame, pégame si eso te divierte. Pero hazme caso, no me castigues con tu indiferencia. Tócame. Así, abre tu mano sobre mi cabecita repelada. Ajústame la pierna en la cadera. ¡Estoy tan mal desde hace tanto tiempo!
Pero ¡qué haces! ¿Me quitas la cabeza? ¡Sea! Destrúyeme del todo. Trocéame, arráncame la vida, los ojos, los dedos uno a uno, mi tripa puntiaguda, mi nariz desgastada. Mátame. Entiérrame en el sótano o en tu armario. Ten, madre, ese gesto de piedad postrera.
La niña la tiró a la basura y decidió no volver a pedir a los Reyes una muñeca tan quebradiza.
Publicado el 22:09 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
No le gustaba escribir de espaldas de la puerta, pero le compensaba que desde la ventana pudiera ver el jardín y el portalón de la finca. Estaba sola; los otros huéspedes de esa remota casa rural que prometía silencio, soledad y banda ancha, se habían marchado a festejar la Nochevieja a la ciudad más cercana. Ella detestaba las fiestas, en particular aquélla. Además tenía mucho trabajo. Quería acabar la entrada de su blog antes de medianoche y faltaba muy poco. Su intención era haber llegado a primera hora de la tarde, pero cuando traspasó la verja de la finca ya era de noche: se le había olvidado recoger su juego de llaves en la sucursal de la agencia donde contrató el hospedaje y tuvo que desandar los 50 km de carretera comarcal que había recorrido casi una hora antes.
Tras colocar la habitación a su gusto se sentó ante aquella mesa, incómoda, diseñada para cualquier cosa menos para escribir en un portátil. Desde luego, había cambiado el tiempo. Cuando llegó, y durante todo el viaje, la atmósfera era serena. Ahora, el viento sacudía de manera espectral las ramas ya despojadas de los árboles.
Se había perdido en una frase realmente abstrusa y por unos momentos olvidó dónde estaba, pero un ruido persistente en la ventana la devolvió de nuevo a la realidad. El viento y la lluvia habían desprendido una rama que golpeaba el cristal con insistencia. De pronto, se estremeció. Creyó oír un crujido en las escaleras y luego una puerta cerrarse. Dedujo que tal vez alguien se había quedado y quería asustarla.
Pero desechó esa idea. Ella misma les había visto irse y nadie había vuelto; habría oído el coche o el portón. Al llegar, coincidieron todos en la sala común y, como eran diez alguien aludió a la novela de Agatha Christie, titulada “Diez negritos”. Ella no la había leído pero tratándose de esa autora, seguro que la trama sería siniestra y muy adecuada al lugar y al momento. No comprendía el éxito de las novelas policíacas, a las que asociaba, en su desprecio por los best-sellers, a las novelas eróticas, de ciencia ficción y otros subgéneros.
Lo suyo era la literatura con mayúsculas, y lo de menos era el triunfo. A lo más que aspiraba era a tener un grupito selecto de lectores y pertenecer a esa secta de escritores que los críticos llamaban de “culto” o “secretos”. Como Salinger, o Kennedy o Ring Lander, o Bruno Schultz, o Walser, o incluso algunos que después de muertos, fueron famosos, como Kafka…. La lista era infinita.
En las mesas redondas se sentía muy halagada cuando en vez de periodista la presentaban como escritora. Su producción era escasa –también la de los autores que había evocado– pero ponía en ella todo su empeño literario, toda su fuerza. Como ahora. Por eso podía abstraerse de esa manera y no darse cuenta de si había empezado a llover o a nevar. Y por eso –pensó con amargura- se le pasaba el tiempo tan deprisa, devorando sus años y las posibilidades de llevar a cabo su propósito: escribir dos o tres obras maestras que dejaran boquiabiertos a sus lectores.
Una vez más la sobresaltó un ruido, leve, pero que le pareció pavoroso. Era el de su propia puerta. La alfombra de sisal raspaba al abrirla y eso era lo que había oído precisamente. Estaba tan aterrorizada, sus músculos no la obedecían y rezó porque todo fuera sugestión producida por el extraño ambiente en el que estaba. Su única luz era la del flexo que ella misma había traído y lo único que podía ver, además de su texto, era el reflejo en la ventana de lo que pudiera venirle por detrás y una sombra avanzaba lentamente hacia ella. Quiso darse la vuelta pero sintió un fuerte dolor en el pecho. Intentó hablar, gritar, pero le faltaba el aire, se le agarrotaba la garganta como a un niño víctima de la tosferina. Se esforzó en levantarse para enfrentarse al desconocido pero un dolor terrible en las piernas y en los brazos la paralizó.
Cuando la sombra llegó hasta ella, y le puso la mano en el hombro, la escritora había sufrido ya el paro cardiaco que acabó con su vida y su carrera literaria. La vecina, sordomuda de nacimiento, encargada de velar por la casa durante la estancia de los viajeros, había entrado porque creía que alguien se había dejado una luz encendida. Para apagarla.
Publicado el 21:30 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Ya era tarde. Habíamos realizado todos los ritos de la Nochevieja española. Los niños estaban en la cama y los jóvenes en el bullicio exterior mientras que nosotros, más recatados, pero excitados por la copiosa cena, las uvas, el champagne y los vivas al Año Nuevo, seguimos bebiendo en torno al fuego. Hablamos de la Navidad, de sus tradiciones y sus contradicciones, sus defectos y sus virtudes, su vigencia y su significado. Mi hermano Raúl se quejó de su duración excesiva entre nosotros: esa semana más hasta Reyes, y con la que estaba cayendo, era la ruina de su empresa y dijo preferir, con mucho, la tradición nórdica y anglosajona del Papá Noel. Aquello generó una discusión bizantina sobre las diferencias entre la Cristiandad, dividida por tradiciones tan dispares hasta que Vasili, el amigo ruso de Michel, nuestro cuñado francés, dijo en un perfecto castellano:
– ¿Y no se os ha ocurrido pensar que no hay tal disparidad?
– ¡No vas a decir que son lo mismo!
– Prácticamente, añadió, y os lo voy a demostrar. A ver, ¿de dónde han salido los Reyes Magos?
Nos quedamos desconcertados. Yo me atreví a balbucir:
– Pues de Oriente.
– Me refiero a las fuentes documentales, contestó mirándome con desprecio.
Tras un breve silencio, Raúl recobró su aplomo:
– ¡De los Evangelios!
– Bien, dijo Vasili, ¿Pero todos?
– ¡Eso es de nota!, protestamos.
– Pues os diré, añadió Vasili con resabio de erudito, que a pesar de su fortuna posterior, sólo Mateo los menciona y si habéis leído con atención ese Evangelio veréis que no dice en ninguna parte si los reyes eran dos, tres o nueve. Sólo dice que hubo tres regalos –oro, incienso y mirra– pero no que cada regalo perteneciera a un solo rey.
– ¿Y qué tiene que ver eso con Papá Noël, si se puede saber?, preguntó Michel, haciéndose eco de nuestra perplejidad.
– Muy sencillo. Hay una leyenda de la Iglesia ortodoxa según la cual un príncipe ruso, urgido por la misma necesidad que los otros monarcas, decidió viajar a Belén. El joven se cubrió con un manto y un sombrero de lana, porque hacía mucho frío, llenó un trineo de juguetes para el niño Dios y, conducido por los renos, inició su largo viaje a través de la estepa, pero como era tan compasivo iba entregando los regalos a los niños necesitados que encontraba en el camino. Cuenta la leyenda que la ruta era tan larga y los niños tantos que llegó a su destino treinta y tres años después, con las manos vacías y Cristo en la cruz, donde no le pudo entregar más que su alma cansada. ¿No pensáis que este príncipe ruso es Papá Noël y que en consecuencia este último podría ser muy bien el cuarto rey mago?
Estábamos sobrecogidos. Hubo un silencio emocionado que Michel rompió con alegría:
– ¿No os parece más bonito pensar que en realidad sigue vivo, que ha renunciado a encontrar al Niño Jesús y que prefiere entregar los regalos en su nombre a todos los niños con los que se encuentra?
– ¿Y la barba blanca?, pregunté yo por decir algo.
– ¡Es que han pasado dos mil años!
Publicado el 20:16 en Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Siguiendo con Newman y el libro que mencioné en la entrada anterior, ninguno de los cuatro sermones deja indiferente. Todos dan en el clavo, en todos reconocemos, casi con nombres y apellidos a los voceros del Anticristo, venidos de Gog y Magog y hasta barruntamos cuán cerca se localizan estos amenazadores parajes. Pero hay más. Termina el volumen con una carta del obispo Hosley, escrita en Oxford, en 1838:
"En los tiempos del Anticristo, la Iglesia de Dios sobre la Tierra, como bien podemos imaginar, verá grandemente reducido el número aparente de fieles, debido a la abierta deserción de los poderes de este mundo. Esta deserción comenzará por una indiferencia hacia toda forma de cristianismo, bajo apariencia de tolerancia universal. Mas dicha tolerancia no procederá de un verdadero espíritu de caridad e indulgencia, sino de un designio de minar el cristianismo por la multiplicación y fomento de las sectas. Dicha pretendida tolerancia irá mucho más allá de una justa tolerancia, incluso en lo que concierne a las diferentes sectas de cristianos. Pues los gobiernos pretenderán ser indiferentes a todas y no darán protección preferencial a ninguna. Todas las Iglesias establecidas serán echadas a un lado. De la tolerancia de las más pestíferas herejías pasarán luego a la tolerancia del islamismo, del ateísmo y por fin, a la persecución explícita de la verdad del cristianismo. En esos tiempos el Templo de Dios se verá prácticamente reducido al Sancta Sanctorum, esto es, al pequeño número de verdaderos cristianos que adoren al Padre en espíritu y en verdad, y que rijan estrictamente su doctrina y su culto, y toda su conducta, por la Palabra de Dios. Los cristianos meramente nominales abandonarán la profesión de la verdad cuando los poderes del mundo lo hagan (...) Los bienes del clero serán entregados al pillaje, el culto público será insultado y rebajado por estos desertores de esa fe que una vez profesaron, quienes no pueden ser llamados apóstatas pues nunca fueron sinceros en su profesión. Ésta no fue más que condescendencia con la moda y la autoridad pública. En el fondo siempre fueron lo que ahora demuestran ser: paganos. Cuando esta deserción general de la fe tenga lugar, entonces (...) no habrá nada de esplendor en la apariencia externa de sus iglesias; no tendrán apoyo de los gobiernos, no tendrán honores, ni emolumentos, ni inmunidades, ni autoridad; sólo tendrán aquella que ningún poder humano puede arrebatar, y que ellos reciben de Aquel que les ha encargado ser Sus testigos."
Quien tenga ojos para ver que vea, quien tenga oídos para oír que oiga.
Publicado el 13:15 en Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
Un amigo que me ilumina en materia de religión y a quién tanto debo, me recomienda un libro que me está poniendo los pelos de punta, "Los cuatro sermones sobre el Anticristo", de John Henry Newman (editorial El buey mudo), recientemente canonizado por Benedicto XVI. Como proclive a la oratoria y a la retórica, siempre me han atraído las prédicas. Me gusta extrapolar, parafrasear y descubrir profecías en textos pretéritos, sean en sí mismo proféticos, especulativos o exegéticos En la misa, no perdono una mala homilía y no me importa si es pecado de soberbia o de lo que fuere; como decía Lope de Vega, no "escrupulizo" con ello; me basta con recordar lo que decía Chesterton sobre que al entrar en la Iglesia hay que quitarse el sombrero, pero no la cabeza. Mas voy al grano. Lean esto que destaco del libro -seré breve, por lo de los derechos de autor- pero sobre todo, lean el libro, que recoge los cuatro sermones que Newman predicó en el Adviento de 1835:
pp.37-39: "...¿Acaso no existe en este mismo momento un especial empeño en casi todo el mundo en prescindir de la religión, más o menos evidente en este o en aquel lugar, pero mas visible y formidablemente en aquellas regiones más civilizadas y poderosas? ... ¿No existe un empeño febril y permanente por deshacerse de la necesidad de la religión en los asuntos públicos? por ejemplo, el intento de desembarazarse de los juramentos, con la excusa de que son demasiado sagrados para los asuntos de la vida corriente. ¿No existe el intento de educar sin religión, o sea, poniendo a todas las formas de religión al mismo nivel? ... Sin duda existe actualmente una confederación del mal, que recluta sus tropas de todas partes del mundo, organizándose a sí misma, tomando sus medidas para encerrar a la Iglesia de Cristo como en una red... ¿Creéis acaso que él (Satán) es tan inexperto en su arte como para invitarlos en forma abierta y clara a unirse a él en su combate contra la Verdad? No, él les ofrece cebos para tentarlos. Les promete libertad civil; les promete igualdad; les promete comercio y riqueza; les promete exención de impuestos; les promete reformas... Les promete iluminación, ofreciéndoles conocimiento, ciencia, filosofía, ensanchamiento de la mente. Él se burla de los tiempos pasados y se mofa de toda institución que los venere. Él les sopla lo que deben decir y luego los escucha, los alaba y los alienta. Él los incita a ascender a la cima. Les enseña como convertirse en dioses. Luego ríe y hace bromas e intima con vosotros..."
Hasta aquí Newman (el traductor es anónimo y así lo consignan en los títulos de crédito del libro). Y si digo que me ha puesto los pelos de punta es porque yo -y sé que muchos de quienes esto leen han tenido experiencias similares- he comido y bebido con ese Satán del que habla Newman: Mi satán particular -muy altamente situado en las sombras que rigen los destinos de la nación, hoy en estado de alarma- se mofaba de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, cuando un día pasábamos delante de ella: "¿Para qué sirve esta Academia, es más, para qué sirven todas esas Academias? "¿Para conservar y transmitir el legado intelectual y moral del pasado?" -aventuré yo- ¿Para qué sirve el pasado? -replicó- Es un lastre ¡habría que destruir todas las Academias y sus vejestorios! Ese mismo satán ha ayudado a necios a que asciendan a la cima y les sopla lo que deben hacer y decir; les escucha, alienta y alaba, gana dinero y les hace ganar dinero a ellos, y luego se ríe y bromea e intima conmigo y con otros.
Publicado el 10:56 en Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Hay veces en la vida en que te ves irremisiblemente atrapada. Ese día, en contra de tu costumbre, no te has llevado ese libro que siempre te llevas "por si acaso", y vuelves a casa pensando en la lectura que te espera, un tomo gordo y orondo que, por su peso no te atrevías a llevar encima y, por circusntancias que no vienen al caso, tu trayecto se ve desviado hacia un lugar en el que has de permanecer a la espera, durante muchas horas sin un libro ni un papel que llevarte a la boca. Y al sentir ese apetito irrefrenable, que casi te hace sufrir, recuerdas que C. S. Lewis (el autor del libro de donde salió la película Tierras de penumbra y de otros muchos libros estupendos) tiene un artículo en el que compara la lectura a la digestión y advierte del peligro de padecer “obesidad mental” a fuerza de tragar libros, sin ton ni son.
Y es verdad, la lectura tiene mucho que ver con el apetito y sus servidumbres, tanto para lo bueno como para lo malo. Un día necesitas ingerir fruta fresca (y fría) o algo muy salado o muy dulce. Te explican que se debe a ciertas carencias, de vitaminas o de minerales, que tu cuerpo reclama ¿Nota asimismo el alma que le falta sustancia y por eso tiene hambre de Biblia, sed de clásicos griegos y latinos, de ensayo, de filosofía? Otras veces lo que necesitas es poesía, sin importarte el poeta, como deseaba Juan Ramón Jiménez que ocurriera. Y eso explicaría el hecho de que muchas personas vuelvan siempre sobre los mismos versos como quien vuelve sobre la misma música que un día marcó algún episodio de su vida rememorado, así, a placer.
En ocasiones desearías volver a perderte en Tolstoi, Galdós, Dostoïevski, o recuperar una de esas novelas entreveradas de acción y de emoción que poblaron tus veranos adolescentes. O bien te sobreviene un hambre de picar, ligero e intrascendente, una sed de cerveza fría y espumosa: novelas policíacas, aventuras insólitas, remotas y peligrosas leídas en un interior seguro y confortable, mientras el mundo tiembla de frío.
Cada uno de estas hambres de leer, distintas e incluso opuestas, obedece a una carencia espiritual, también diferente, que encuentra satisfacción de manera diversa. Y también en el alma ocurre lo contrario del hambre y, como consecuencia de los atracones a los que se refiere C.S.Lewis, sobreviene el hartazgo. Esa repugnancia invencible hacia algún alimento, que hemos paladeado más de lo conveniente, la sentimos igual hacia determinados libros o géneros literarios. Nos hemos convertido en bulímicos.
Está claro que el alma está sujeta a humores y a cambios que nos parecen trivial y dolorosamente materiales. Por eso escribió Cavafis en un verso: “Recuerda, cuerpo”.
Publicado el 18:33 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
El próximo 7 de diciembre habrán pasado veinte años desde que se suicidó Reinaldo Arenas. Enfermo, exiliado, perseguido, vejado y ninguneado por muchos, pero siempre admirado, siempre deslumbrante. Su fama póstuma ha sido acrecentada porque uno de los más insignes representantes de los actores de la "zeja" le "honró" con su interpretación en la película que se hizo sobre su autobiografía, "Antes que anochezca". Sé que no hace falta, pero diré su nombre: Javier Bardem. De pronto, en el imaginario global, en su mayoría procastrista, lo más importante de la vida de Reinaldo -uno de los más mordaces opositores a Castro- es que un procastrista le ha encarnado en el celuloide; de pronto, lo más importante de Reinaldo es su homosexualidad, que ya no es considerada una conducta tan impropia y, en menor medida, por supuesto sus "cualidades literarias", por lo que le quieren rescatar, de aquella manera, hasta en Cuba Y digo yo, ¿desde cuándo les ha importado a esa gente las cualidades literarias de nadie a la hora de perseguirles, torturarles y encerrarles?
Pero vuelvo a lo principal. El 19 de noviembre se celebró, por fin, en Madrid un homenaje a Reinaldo Arenas, a propósito de la presentación de su Correspondencia con Margarita y Jorge Camacho. Participaron junto a Margarita -Jorge no pudo asistir por su enfermedad- Anselmo Martínez,de la editorial Point de Lunettes, donde se ha publicado el libro; Juan Abreu, escritor y pintor cubano, amigo de Reinaldo en Cuba y en el exilio; Juan Carlos Faraco, antropólogo, profesor de la Universidad de Huelva y colaborador en la edición de las Cartas, Aline Shulman, traductora de Reinaldo Arenas al francés, que además de su propio texto leyó el de Zoe Valdés, que no pudo estar presente en el homenaje como hubiera sido su deseo y el nuestro, y por último yo misma.
No soy yo quien debe juzgar cómo se desarrolló el acto, aunque fue a mi entera satisfacción y quiero creer que de la todos los que asistieron al mismo. Faltó publicidad, aunque yo invité a toda la lista de amigos cubanos y otros, faltaron muchas otras cosas de las que prefiero no hablar, y tal vez por todo ello, faltó público, pero entre este último no quiero dejar de mencionar al escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, al showman venezolano, afincado en Madrid, Boris Izaguirre, al periodista francés Bertrand de la Grange, a Natalia Bellusova, secretaria general de la Asociación de Iberoamericanos por la Libertad (A.I.L), con sede en Madrid, al periodista José Antonio Chinchetru, a la escritora Lola Gavarrón, y a muchos almonteños que viajaron ex profeso a Madrid para asistir a este homenaje. No conseguí que se filmara un video del acto, pero sí el audio cuyo enlace verán a continuación:
Descargar 20101119reinaldoarenas
Aquí van los artículos que yo misma he escrito sobre Reinaldo Arenas, de quien fui editora en 1990, cuando trabajaba en la Editorial Mondadori, apuntando ya el karma que guiaría toda mi vida profesional:
El mundo alucinante de Reinaldo Arenas
¿Quien teme a Reinaldo Arenas?
Reinaldo,la estrella más brillante
Otrosí,
http://ecodiario.eleconomista.es/cultura/noticias/2625835/11/10/-Dos-grandes-escritores-cubanos.html
http://www.cubaencuentro.com/cartelera/agenda/cartas-a-margarita-y-jorge-camacho-249031
Publicado el 12:37 en Cuba, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
Chesterton decía que si se llamaran a todas las flores "margarita", la principal perjudicada sería esta última, que perdería así su condición de flor única. Esta trivializacion y despersonalización es uno de los rasgos de la era postmoderna: el lenguaje lavado de internet. Por ejemplo, en las famosas redes sociales llaman "amigos" a cualquiera que se apunte a tu página, aunque ni él ni tú os conozcáis de nada, triturando por completo la carga afectiva y única de la palabra "amigo".... Por eso me resisto a entrar en ellas e invitar a personas, que tal vez me odian a que se hagan "amigas" mías, ni tampoco quiero yo, a mi vez, hacerme "amiga" de alguien a quien apenas conozco, por mucho que admire su bitácora; para eso están los términos "suscriptores", "seguidores", etc. . Un blog no es una institución, ni una región o país con su preceptiva asociacion de "amigos"; un blog es algo personal e intransferible. Amigos yo tengo cinco o seis; conocidos, cientos, y lo que quiero tener en mi página son visitantes y lectores, tanto si me apoyan como si discrepan.
Nada hay más contagioso que las enfermedades del lenguaje. Una de ellas es la que se conoce por lo políticamente correcto. Es tal su virulencia que ya no se pueden pronunciar ciertas palabras sin sentir una innecesaria e injustificada mala conciencia. Por ejemplo, que tengamos que decir subsahariano o afroamericano en vez de negro, o "hombre que pertenece a otra etnia", para no pronunciar la palabra gitano es una distorsión del lenguaje al que obligamos a nombrar las cosas de acuerdo con una nueva e impostada percepción del mundo –por eso al distorsionar el lenguaje distorsionamos el mundo. No importa de dónde proceda en realidad el negro o el gitano a los que así privamos, al uno de su cualidad de negro y al otro de su condición de gitano. No importa la verdad, y lo que menos importa es la libertad de expresión.
Siguiendo -y terminando- con Chesterton, él también decía que la primera libertad es la libertad de restaurar. Por ejemplo, él habría "restaurado" gustosamente la tiranía del siglo XVIII en la que -afirma- se podían decir cosas como: "el r... de Br...rd es un libertino", mientras que la libertad del siglo XX lo que permite decir es :"El rey de Brentford es un modélico padre de familia". Antes se podía decir el pecado pero no el pecador, y desde los albores del siglo XX en que él escribe esas líneas, ocurre exactamente lo contrario: se menciona al pecador pero se miente sobre el pecado. Si Chesterton levantara ahora la cabeza se la cortaría él mismo.
Publicado el 09:42 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)
Este mes, hace ya cinco años que sigo empeñada en edificar mi quimera en esta Zona Cero que es Internet. Cierto que no he sido constante, y no por falta de estímulos, pues he merecido la atención de varios anacoretas que habitan, unos más poéticamente que otros, este "desierto poblado", que diría Melville. Ellos, tanto si están a favor como en contra de lo que escribo, son la razón que me ha hecho regresar de algunas ausencias, en ocasiones más largas de lo que yo hubiera deseado. Lanzar la piedra, aunque sólo sea en la superficie del agua, para después esconder la mano es de cobardes, sobre todo si la piedra ha rebotado cierto trecho, y ¿quién dijo miedo?
Cierto que por razones coyunturales veo provisionalmente limitada mi libertad de expresión (¡hay tantos temas que no puedo tocar, tantas instituciones que no puedo criticar, tantos escritores a los que no puedo analizar, ni objetiva, ni mucho menos subjetivamente!) pero mis "áreas de interés", que diría un sociólogo, son amplias y muchas veces escapan a esas leyes no escritas de la incompatibilidad. Hay que tener en cuenta, además, que desde 2008 no "tengo" periódico; quiero decir que ya no escribo ni para Libertad Digital, ni para la Gaceta de los Negocios (hoy convertida en La Gaceta), por consiguiente mi blog ya no se beneficia del sobrante de temas que se genera cuando tienes un compromiso con algún medio. En una palabra, además de tiempo, como siempre, ahora me falta "disciplina", ya que no inspiración.
Por eso, si analizo los resultados de este blog, a cinco años vista, veo que ha crecido a trancas y barrancas; aunque puede parecer que no cumplí con las expetactivas que me prometían los logros del primer año (las 200 entradas de noviembre de 2006, se han quedado en 344 cuatro años después; los 216 comentarios de mi primer aniversario, son 545 en el quinto; el total de 26.680 páginas vistas en un solo año, son, cinco años después, 88.739), lo cierto es que en agosto de este mismo año en el ranking de blogs de wikio -wikio.es/blogs/top/general- laquimera.com estaba en el puesto 38.865 y ahora, en noviembre de 2010, está en el 3.086, aunque no sé muy bien en relación a qué ni a quién. En cifras globales, no es el mío un crecimiento espectacular, pero sí un "desarrollo sostenible". Por ello vuelvo a repetir, como en 2006: ¡persisto y firmo!
Y gracias a todos.
Otrosí, cumpleaños
Publicado el 23:06 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Brujuleando entre periódicos atrasados, me encuento con un artículo (el autor es lo de menos) que habla de timos, estafas y otras lindezas del pasado. Cuenta, como es natural, la historia de doña Baldomera, "la banquera", hija de Larra, el periodista más citado de España ("vuelva usted mañana") y se refiere a ella como la "famosa dama de las patillas". El error no es muy grave: sencillamente se equivocó de hija. Todos saben que Larra se suicidó por amor, pero muy pocos saben que tuvo tres hijos con un destino también muy singular, en particular las dos mujeres y, más en particular, doña Baldomera que acabó en los "papeles", aunque no en el mismo sentido que su padre, sino como precursora de Mario Conde.
Doña Baldomera estaba casada con el médico del rey don Amadeo de Saboya, y esa familiaridad con este último propició que su hermana Adela, la niñita que fue testigo del suicidio de su padre, convertida ya en un bellezón y conocida como "la dama de las patillas", accediera al lecho del monarca. Esta doña Adela también fue una precursora, aunque de los escándalos sexuales mediáticos. Cuando su regio amante la abandonó, ella le amenazó con publicar las 13 cartas subiditas de color que él la había escrito. El italiano, en el mejor estilo corneolesco la mandó un propio con una oferta que ella no podía rechazar sin perder la vida. Gracias a la reputación del padre no consiguió expulsar del país a la patilluda dama, como era su deseo. Sin duda, esta imposibilidad fue lo que le hizo exclamar aquello de Queste paesse e ingovernabile, frase que repetiría en más de una ocasión.
Mientras tanto, a doña Baldomera se le había ocurrido un negociazo. En un local de mala muerte, y con cuatro empleados, creó una "Caja de imposiciones", donde el dinero entraba y salía a raudales. Hasta que dejó de salir para quedarse en el bolsillo de la astuta financiera. Doña Baldomera huyó de España pero no sé si por imprudencia suya o porque alguien la tendió una trampa, volvió y tuvo que purgar su pena. La peor parte se la llevó el hermano de ambas, Luis Mariano, letrista de zarzuelas (El barberillo de Lavapiés, la Africanita, etc.) que a cada estreno tenía que sufrir el pateo de los perjudicados por su hermana la cual, como los tiempos no lo permitían, no pudo ni explotar su historia en las televisiones, ni hacer carrera en ningún partido político. ¡Pobre mujer!
Publicado el 22:12 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Como las golondrinas en primavera, vuelven los muertos a requerir nuestra atención esta noche, si es que alguna vez los olvidamos. He contado muchas veces las terroríficas veladas de difuntos que pasaba de niña, en la casa familiar, gracias a las extraordinarias dotes narrativas de una de mis abuelas, que no ahorraba ningún detalle, por muy escabroso que fuera, para explicarnos -a los nietos- por qué había que encender esas lamparillas tan misteriosas, cuya vacilante luz iluminaba siniestramente la habitación, casi en penumbra, en la que ella, oscura y enigmática, nos contaba espantosos relatos de venganzas de ultratumba, acurrucados de miedo entre sus faldas, siendo como ella era, en el fondo, la que más miedo nos daba. Toda cultura se asienta en los cuidados que se dispensan a los muertos para asegurar su viaje eterno. dice Jean Clair, pues bien, las luminarias de mi abuela eran las atenciones que les prodigaba para que que no se les ocurriera dar la vuelta.
Era una tradición que yo no me perdía por nada del mundo, aunque los mayores nos supiéramos de memoria cuántos hígados, pajarillas y demás vísceras se comían los irritados cadáveres que aprovechaban la licencia que se les da esa noche para vengarse de quienes les perjudicaron en vida. A cambio, uno y otro año, nosotros la leíamos "El monte de las ánimas" de Bécquer y mi abuela asentía, llena de orgullo, como si lo hubiera escrito ella misma. Y estoy segura de lo que habría bordado. El Don Juan Tenorio de Zorrilla no tenía para ella secreto alguno y lo había visto representado miles de veces, tanto en el teatro como después en la televisión. Con ella lo vi yo por vez primera. Ni qué decir tiene que nuestra escena favorita era la del convidado de piedra, que conectaba directamente con su riquísimo imaginario. Pero a ella no le gustaba el final, decía que doña Inés era una mojigata hipocritona y que el Comendador se los tenía que haber llevado a los dos, por los pelos, al infierno. No se andaba con contemplaciones, mi abuela.
He crecido mucho y soy yo la que cuenta ahora esas historas a mis nietos para que no caigan en esa trampa de Halloween con que les bombardean desde todos los medios: colegio, prensa, television, cine, etc. Ya no tengo miedo de los muertos (sólo me guardo de los vivos) y mucho menos de ella, pero esta noche, tan especial para mí, volveré a encender lamparillas para los difuntos, por si acaso.
Otrosí, mis_difuntos, nuestros fieles difuntos
Publicado el 17:58 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
He leído recientemente un curioso libro de Chesterton titulado "Lo que está mal en el mundo". Llegué a esta lectura por indicación bibliográfica encontrada en una novela de Michael Crichton, autor por el que siento predilección desde que leí "Entre caníbales y vikingos". La novela se titula "Next" (la última que publicó el famoso guionista y autor de best-sellers justo antes de morir en 2008) y es una llamada de atención, bueno, una denuncia, sobre los experimentos de los laboratorios farmacéuticos en materia de manipulación genética y otras bestialidades: cruces entre especies, roedores fluorescentes, experimentos con embriones, etc. etc. Como Chesterton no era indiferente a esas cosas y ya avisaba del peligro eugenista, en la amplísima bibliografía sobre el tema con la que termina y completa su novela, Crichton cita el libro al que me refiero en esta entrada. También cita otro libro de Chesterton, que no he localizado todavía y que se titula precisamente asi, Eugenistas.
"Lo que está mal en el mundo" hace hincapié en las lacras de la sociedad británica de la época. A golpe de paradojas, siempre cómicas, en realidad critica más a los aristocraticistas que a los eugenistas, aunque acusa a estos últimos de perseguir el bien de los primeros a costa de los experimentos psicológicos y médicos con la clase obrera. Hay cierta demagogia en los argumentos utilizados por Chesterton, o al menos eso parece ahora, cuando dichos experimentos han colaborado en el establecimiento de una clase social híbrida que conocemos por clase media y que es la que impera en este mundo derrotado en el que vivimos. Arremete también contra los deseos emancipatorios de la mujer: la incorporación de esta última al mundo laboral "es incompatible con la familia libre y acabará destruyéndola"; el voto de la mujer no es democrático, pues la mayoría está en contra, etc., etc. El autor identifica al movimiento feminista con ese afán de destrucción de la sociedad que, según él, caracterizan tanto al tecnócrata como al político: ambos -concluye- piensan que "la familia es algo que pronto deberemos superar gloriosamente".
Chesterton está tan poseído por la soberbia de la excelencia masculina, como único referente de la imagen del mundo, que rechaza -como era normal en la época- cualquier capacidad intelectual sobresaliente en la mujer-ni siquiera la meramente deductiva-; entiende a la fémina como complemento del varón, subordinada a él y hecha para servirle y glorificarle: la mujer debe saber un poco de todo para que su hombre pueda saber mucho de algo; para que el hombre brille la mujer ha de permanecer en una opaca mediocridad, la mujer es incapaz de tener sentimientos nobles, sólo los tiene amorosos, y cosas por el estilo. Y aunque no me agrade ni convenza su parecer al respecto, tengo que reconocer que, a la luz de ciertas realidades -Bibiana Aído, el Ministerio de Igualdad (hoy Secretaría de Estado) y bastantes aberraciones semánticas- Chesterton no andaba descaminado en temerse lo peor de ese incipiente movimiento, hoy en pleno florecimiento: hace poco vi en la televisión a unas tales hablando de que había que ampliar el "concepto estricto de hombre y mujer", lo cual es el colmo de la tecnopolítica y de la estupidez.
Lo mejor, como siempre ocurre con este autor, es su ingenio y esas frases lapidarias y contundentes con las que rubrica sus argumentos. Ahí van unas cuantas, entresacadas de este libro más bien apocalíptico:
"No sólo hemos dejado sin hacer las cosas que deberíamos haber hecho, sino que incluso hemos dejado sin hacer las cosas que queríamos hacer".
"El hombre realmente valiente es el que desafía a tiranías jóvenes como la mañana y frescas como las flores."
"Dios es lo que puede crear algo de la nada. El hombre (puede decirse sin duda) es quien puede crear algo de cualquier cosa."
"Todos los hombres son demócratas cuando son felices."
"El auténtico polemista es por encima de todo un buen oyente."
"El único modo de hablar sobre el mal social es llegar de inmediato al ideal social".
"La primera libertad que reclamo es la libertad de restaurar."
"Los hombres inventan nuevos ideales porque no se atreven a poner en práctica viejos ideales."
"Si una cosa merece ser hecha, merece ser mal hecha."
"Sólo hay dos clases de estructura social concebible: el gobierno personal y el desgobierno personal."
"Un profesor que no es dogmático es simplemente un maestro que no enseña."
"Un deber es una virtud que uno no puede practicar. Y una virtud es generalmente un deber que uno puede practicar con bastante facilidad."
¡Ah! El libro está publicado en El Acantilado y traducido por Mónica Rubio Fernández.
Añadido a posteriori: Chesterton, más allá de la paradoja, brillante recensión de José María Marco para Libertad Digital
Publicado el 23:03 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
Un amigo mío, que está colaborando en un diario supuestamente contestatario (aunque no en el sentido sesentayochista del término), ha visto cómo le advertían contra la palabra "ciénaga", por considerarla el redactor oficial de la publicación políticamente incorrecta. A cambio le proponía "magma", que le parecía más adecuada para no herir susceptibilidades institucionales. Dejando de lado el hecho de que no son sinónimas (lo que ya bastaría como argumento para rechazar el consejo), no es fácil ver una conexión ni tan siquiera irracional -de esas que se producen en el surrealismo o en el psicoanálisis- entre las dos palabras. Si por ejemplo yo digo que estoy "hundida en la ciénaga de la política cultural" (es un suponer), al sustituir ciénaga por magma o escoria, que eso es lo que significa, difícilmente puedo embellecer o dulcificar la imagen evidentemente ofensiva que pretendía sugerir, mientras que si el magmático redactor me hubiera dejado utilizar mi propuesta, lo mejor que podía creerse es que me había quedado empantanada. Y no sería muy descabellado. No hay palabras buenas o malas, hay sencillamente redactores malintencionados o tontos. O ambas cosas.
Publicado el 19:02 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
De nuevo aquí el sinsonte,
el ruiseñor del día,
acróbata por los aires de plata.
De nuevo es marzo,
para él feliz y danza
y en ese impulso vuelan trinos
desde el mástil muy alto
al más cercano borde del azul,
vacila, lo borda por segundos,
recompone una malla,
tensa un vacío, mira con ojo exacto
las quietas margaritas
y vuelve, en un vuelo gracioso,
vigía sin paz,
a la misma, persistente atalaya
donde lo descubrí.
No le importa, sensato,
lo pasajero, lo que abajo pasa,
gente sin ton ni son,
sin música, agobiada de urgencias.
Él canta por su especie
como no lo hace el hombre
Ida Vitale: "Mella y criba", editorial Pre-Textos, Valencia, 2010
Ida Vitale ha estado estos días en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, leyendo poemas de su último libro, cuyo título no engaña pues no hay un solo poema que sobre o deje indiferente: "Mella y criba". El día anterior había "dictado" una conferencia sobre José Ángel Valente, con quienes los organizadores del ciclo “Maestros por maestros” le han querido ver concomitancias poéticas, y aunque yo –puestos a buscar filiaciones– encuentro en ella derivas más nórdicas que norteñas, pienso que no andan demasiado errados; ambos comparten sobriedad, palabra nuda y muda y se orientan muy bien en el territorio del “no dicho”. Algunos simplificadores llaman a esa poesía “del silencio”, contraponiéndola a la “de la experiencia”, como si el silencio no se viviera… Son vanos intentos de perdonar, a los primeros, una supuesta "estética del desdén" y, a los segundos, evidentes excesos de verbosidad y sentimentalismo.
Todo es admiración en mí hacia esa dama que parece más , en todos los sentidos, una poeta rusa que americana. El carácter de Ida Vitale se me antoja muy acertado con su nombre: Ida, porque la veo muy a gusto en ese monte así llamado, que fue nido de dioses, hablando con los pájaros y los patos y apartada de forma totalmente natural del “vulgus profanum” que asqueaba a Horacio (odi profanum vulgus et arceo) y. Y Vitale, porque a sus 86 años es puro nervio, nutricio y vivo, entre ardilla y sinsonte. Ella sí que sabe cantar por su especie como no lo hace el hombre.
Publicado el 16:06 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
A: ¡Cuánto me gusta el sol! B: Yo prefiero la sombra. A: Sin sol no hay sombra, que lo sepas. B: Pero con sombra no hay sol. A: No entiendo lo que dices. B: No entiendes lo que sugiero. A: ¡Adelante! B: Si te fijas, la sombra, que consideras tan sumisa, puede ocultar al sol, como ahora mismo A: Porque es de noche. Los pájaros A: ¡Mira! Dos pájaros peleando. B: Sí, ya veo: el mirlo quiere echar a la bisbita. A: ¿Pero por qué? B: Pelean por su territorio. A: No me gusta que lo hagan en mi jardín B: ¿Y quién dice que es tuyo? A: Es de mi propiedad. B: Basada en un papel, mientras que ellos heredarán la tierra. La barbacoa A: ¡Qué horrible barbacoa me han construido! B: Parece una escultura moderna. A: Es monstruosa, horrenda, atroz, desmesurada. B: Testimonial, diría, no exageres. A: ¿Por qué lo dices? B: ¿Pues no son piedras desechadas? A: Sí, sobraban o tal vez no servían para otra cosa. B: Pues ahora, la barbacoa es la piedra angular de tu jardín. A:¡Eso es una estupidez! B: No, es un milagro patente. El crepúsculo A: ¡Cuánto tarda la tarde! B: ¿Pero qué dices? A: Que es muy largo el crepúsculo. B: El ocaso. A: Puesta de sol es menos pedante. B: Y menos exacto. A: Ya empiezas. B: La exactitud en el habla es lo que nos distingue... A: ¿De quién? B: De ese pastor que ahí viene, por ejemplo. A: Seguro que él lo dice mejor. B: Hola, buen hombre. C: A la paz de Dios, señores, ¿qué hay de bueno? B: Aquí, viendo caer la tarde. C: Si se percatan, siempre es hermosa la postura del sol. A: ¿Qué te dije? Vox populi, vox Dei
Publicado el 16:10 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Mientras clasificaba mis papeles me he encontrado con viejas traducciones que, publicadas en su día y posteriormente descatalogadas y saldadas, han vuelto a pertenecerme. Es el caso de este "París en el siglo XX" de Jules Verne, editado en Planeta en 1994. Aunque Verne pertenecía ya al dominio público cuando se publicó esta traducción, al tratarse de un inédito el "autor" es el editor-descubridor del texto, en este caso Piero Gondolo della Riva. Estos derechos duran poco, tan sólo cinco años. Muchos más han pasado desde entonces y si bien podría dirigirme a otras editoriales para publicarla de nuevo, y sin perjuicio de hacerlo si se tercia, me ha parecido "simpático", sobre todo en esta época de avidez recaudatoria, colgarla en mi página silva de varia lección, alojada en este mismo blog. Iré poco a poco, pues aprovecho para revisarla aunque sólo sea someramente. He colgado ya el Capítulo I e iré recordando el enlace conforme la vaya completando. Esta novela de juventud, que Verne no publicó por considerarla su editor poco sólida, tiene muchos defectos de construcción y está, como frustrada que fue en su origen, poco elaborada. No obstante, por su tema y el tiempo transcurrido tiene el interés de todas las profecías cuyos errores o aciertos nos han sido dados contemplar.
Publicado el 20:23 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
El otro día Luisa Futoransky, poeta argentina que rebosa ingenio y experiencia, comentaba a raíz de una lectura de poemas que, tras muchos años de apartamiento, se había reconciliado con Lorca. Durante mucho tiempo había sufrido como una especie de empacho del poeta. Y lo atribuía a su poder contagioso. El poeta contagioso es un fenómeno bastante corriente en las letras, principalmente en poesía. Ocurre cuando alguien, con un verbo muy poderoso y original es imitado ad nauseam, resultando especialmente nocivo para aquellos que, después de leerlo, rompen a escribir de inmediato por primera vez. El fenómeno ocurre en todos los idiomas y culturas (Robert Graves decía algo parecido de Thomas Hardy). Son los "buenos malos poetas" de los que hablaba Orwell refiriéndose particularmente a Kipling y su famoso poema "If". Pero si nos ceñimos a la poesía en español, hay que reconocer que Lorca es uno de los mejores ejemplos. También Neruda. Hay una anécdota que me ha llegado por transmisión oral, o que leí en algún momento sin anotarlo ni recordar ahora dónde, en la que se contaba que Neruda quiso leer a Lorca algo que estaba componiendo y éste le dijo: "¡No me leas que me influyes!" Lo cual, dicho sea de paso, no me parece que fuera por parte de Lorca ningún reconocimiento de la superioridad de Neruda sino un recurso para quitárselo de encima.
Neruda es uno de esos personajes endiosados, sobrevalorados, con los que parece que nadie se puede meter y, sin embargo, tanto en lo personal como en lo literario está lleno de trampas y defectos. Sobre su vileza literaria (unida a su vileza política) remito al libro de David Bary que en su libro Nuevos Estudios sobre Larrea y Huidobro la comenta exhaustivamente, en particular a través de su Oda a Juan Larrea de "Nuevas odas elementales". Sobre su personalidad tiránica y atrabiliaria abundan los testimonios un poco por todas partes y en la biografía de Miguel Hernández, de José Luis Ferris (Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, Temas de Hoy, Madrid, 2002) yo encontré ciertos datos sobre Neruda que no le dejan muy bien parado. Transcribo la página 318 del libro citado:
"Fue también el último acto al que Neruda acudía con su mujer, ya que unos días después se producía la anunciada separación del matrimonio. Maruca se marchó a Holanda con Malva Marina, dejando el camino libre al amor entre el poeta chileno y Delia del Carril. De ninguna de ellas volvió a saber nada Pablo, ni siquiera de su hija que moriría en 1942, a los ocho años de edad sin ver de nuevo a su padre. María Antonia salió adelante trabajando como sirvienta del Embajador de la República española en Holanda, don José María Semprún, antiguo tertuliano y miembro del Consejo de redacción de Cruz y Raya."
Maruca, es María Antonia Hagenaar Vogelzanz, la mujer de Neruda, Malva Marina, la hija de ambos, que padecía una hidrocefalia que la convertía en un monstruo y la condenaba a una muerte prematura y José María Semprún, que no fue embajador sino encargado de negocios de la Legación en la Haya, el padre de Jorge y Carlos Semprún. Según algunos investigadores Maruca no trabajó de sirvienta sino en las oficinas pues sabía varios idiomas. Carlos no recordaba nada de ello, pero Jorge Semprún, estudiante en el Tweede Gymnasium de La Haya, habla de ella en estos términos en su Autobiografía de Federico Sánchez:
"En 1937, en La Haya, trabajaba en la Cancillería de la Legación de la República Española, siendo tu padre encargado de negocios durante la guerra civil, una criolla holandesa de Java o de Sumatra que había sido mujer de Pablo Neruda. Y sólo un poeta podía tener una mujer así, tan desmesurada, tan aprecida a una suave jirafa somonienta." (pág. 97)
Por su parte, la niña, Malva Marina tenía dos años cuando la abandonaron. Fue adoptada en Holanda por Hendrick Julsing y Gerdina Sierks y murió a los ochos años de edad, siendo enterrada en Gouda. La revista Fibra publica unas fotografías de la niña del verano de 1939, enviadas por su familia adoptiva. En esa misma revista se publican unos fragmentos de una carta de María Antonia a Neruda que no deja ninguna duda sobre cuál fue la postura de este último hacia ellas (pues hay muchos investigadores que quieren hacernos creer que las ayudaba):
"Mi querido chancho: Es realmente imperdonable tu negligencia hacia nosotros, especialmente para tu bebé. Hoy 18 del mes no he recibido tu dinero .El 1º de este mes tuve que pagar los los gastos de alojamiento de Malva Marina por el mes de octubre. Con mi salario sólo pude pagar una parte de ello. Qué vergüenza realmente. Ellos son tan buenas personas... Nunca encontraré gente tan buena otra vez. Malva es muy apegada a ellos... ella ha progresado mucho mentalmente. Ahora ni siquiera puedo ir a verla porque no tengo un centavo. Mi último dinero será gastado en enviar esta carta. [...] La última vez me mandaste sólo $68 en vez de $70. Espero que puedas agregar los 2 a los próximos $70 y me envíes $72. Por favor, envíame el dinero lo antes posible [...].[...] Debemos estar muy agradecidos hacia estas personas donde ella está, así es que por favor cumple tus deberes de padre [...]. Bueno, chancho, querido, envíame pronto el dinero por favor [...]. Malvita envía muchos besos a su papi y yo también,
Tu chancha ("your Pig" en el original)".
Como decía Orwell de Dalí, se puede ser una persona detestable y un excelente dibujante, léase poeta.
Publicado el 22:11 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Hace unos años me leí de cabo a rabo las Obras Completas de Rosalía de Castro en la Biblioteca Castro (pura coincidencia la de ambos nombres) que carece de notas, por criterio editorial. Error. Al menos en las ediciones de autores clásicos. Con el prólogo no basta. Los editores argumentan que el “simple” lector es más libre sin las ataduras del aparato crítico. No se dan cuenta de que se le niega el derecho a enterarse de lo que otros, antes que él han descubierto de su propia lectura y por lo tanto, se le niega el derecho a comprenderla y enriquecerla a su vez. Si se les dice esto, ellos objetan que el lector no tiene más que mirar el diccionario. ¡Como si se tratara sólo de palabras! Y tampoco, porque las palabras, sobre todo cuando se trata de textos escritos en épocas en que tenían otros significados, no siempre están recogidas en los diccionarios y mucho menos en aquéllos utilizados generalmente por los "simples lectores" (tan simples que tienen que tener unos ingresos más que medianos para adquirir cada volumen).
En esta edición se pueden leer las tres novelas que escribió esta poeta inveterada: La hija del mar, Flavio y El caballero de las botas azules, la única que yo había leído hasta el momento y, sin duda, la mejor, muy en la línea de la literatura fantástica alemana. Las dos primeras no valen nada; están llenas de tópicos decimoñoños, exceptuando unos cuantos logros líricos: descripciones del mar y de la costa admirables. Luego están los relatos en los que algún crítico ha querido ver cierta ironía "cervantina", que yo más bien llamaría socarronería galaica, como la que destila su obrita titulada Ruinas. Es una pena que no siguiera por ese camino, que es el del realismo, y prevaleciera en su prosa la inspiración romántica, como ocurre en las novelas ya citadas y en el relato El primer loco, subtitulado “Cuento extraño”, pero que no lo es, sino una muestra más de la plúmbea prosa rosaliana, de la que sólo se salvan algunos fogonazos líricos y unos acertados comentarios filosóficos que rayan en la sociología y rozan el naturalismo.
Pero ahí está su poesía, en castellano y en gallego, su inmensa, su incomparable poesía. Es tan rotunda que ni siquiera molestan en ella los tópicos de época ni los arquetipos literarios; sólo importa su voz, su grito. Cito algunos versos de En las orillas del Sar, ese libro prodigioso escrito en castellano para mayor gloria de nuestras letras: " No importa que los sueños sean mentira,/ya que al cabo es verdad/que es venturoso el que soñando muere,/infeliz el que vive sin soñar”. O esta otra: "Era apacible el día/y templado el ambiente,/y llovía, llovía,/callada y mansamente”. ¿Dónde estaban ustedes señores simbolistas? ¿De dónde creen que han sacado el estro, señores modernistas?
Siempre he pensado que los mejores poetas (los mejores escritores) son aquellos que dicen precisamente lo que uno quiere decir. Y ella lo dijo todo en 1884, fecha en que apareció este libro limiar que no tuvo, en su momento, eco alguno. Ni Menéndez y Pelayo, ni el perspicaz Valera ni el agudo Clarín se dieron cuenta de que era una obra maestra. Esto indignó a Azorín, uno de los principales defensores de Rosalía, que no entendió la incomprensión de esos señores tan importantes, en particular la de Clarín. No fueron los únicos. Peor fue lo de Luis Cernuda que la consideraba encantadora, regionalista (¡!) y que reprochó a Rosalía carecer de “la singularidad e inevitabilidad que deben acompañar a los versos del poeta”, características que precisamente ella poseía en mayor grado que el propio Cernuda.
Valga un ejemplo, también sacado del mismo libro, sobre ese sentimiento, que todo el mundo asocia con Cavafis (poeta considerado “singular e inevitable”), de la inutilidad de huir y la capacidad de arrastrar siempre la dicha o la desgracia, dondequiera que uno vaya: “No son nube ni flor los que enamoran;/eres tú, corazón, triste o dichoso,/ya del dolor y del placer el árbitro,/quien seca el mar y hace habitable el polo”. Podría seguir citando pero creo que esto bastaría para demostrar que En las orillas del Sar es la obra cumbre rosaliana, grande y magnífico vuelo lírico del alma hacia el pensamiento, donde alcanza su plenitud como poeta metafísica.
Rosalía es eterna, como su mar y su terruño amados, como su desgraciada naturaleza de sufridora nata. Sobre ese dolor de Rosalía se ha escrito mucho y se le han atribuido causas biográficas. Tal vez, pero no creo que a Rosalía le siguiera atormentando, ya en su edad adulta, el hecho de ser hija de clérigo hasta el punto de que las sombras que le acosaran procedieran de sombríos campanarios sacrílegos. Creo que su caso tiene más bien que ver con el de esos creadores a los que se refiere Walter Muschg en su Historia trágica de la literatura que, partiendo de un dolor real, lo cultivan durante toda su vida como arte. Seres heridos desde muy pronto que dan la espalda al mundo para dedicarse a su contemplación desde la lejanía (esta elevación los convierte, en cierto modo, en videntes). Pero Rosalía, como Milton, oscila entre el orgullo herido y la aceptación sumisa del dolor. ¡Espléndida y lúcida Rosalía!, Casandra gallega que eleva su voz grande, su voz tremenda, inmensa, de profeta desesperanzado, por encima de su tierra, de la tierra de todos y de la tierra de nadie.
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Notas sacadas de los siguientes libros de Nina Berberova: C’est moi qui souligne. Actes Sud, Arles, l989 y La baronne Boudberg. Actes Sud, Arles, l988. Hay traducción al español de, al menos, el primero pero no la he llegado a ver.
El primer libro es una autobiografía -mejor unas Memorias- y el segundo una biografía, mejor un retrato de época. Ninguno es del todo lo que dicen ser y ambos se complementan. El primero ha sido escrito casi diez años antes que el segundo; trata poco más o menos de lo mismo. Si la Boudberg quiere que se sepa poco de ella, según nos consigna la Berberova, esta última tampoco parece muy dispuesta a contarnos gran cosa de su propia vida. Parece que, con todo derecho, preferiría no hablar de ella. Berberova conoció a Ajmátova, Tvestaieva, Mandelstam, Gorki, Zamiatin y un largo etcétera entre los que hay indicar también a Nabokov, niño odiado por todos., aunque ella siempre le admiró. No parece que fueran íntimos. (Sobre Nabokov: vid. C'est moi qui souligne. pp. 318 y ss).
Ambos libros son indispensables para conocer la primerísima oleada de emigración rusa tras la revolución de octubre. Lo que más me ha impresionado en ellos han sido primero, los datos sobre las víctimas del terror rojo y los planes de Gorki -y de rechazo de Wells- para reescribir la literatura universal, valiosísimos para establecer y comprender la mentalidad totalitaria y el despotismo ilustrado. Su utopía de hacerlo todo comprensible ha sido en cierto modo realizada por los editores contemporáneos.
Sobre el Terror rojo.
Víctimas por la represión tras el asesinato frustrado de Lenin a manos de Dora Kaplan. (agosto y septiembre de 1918) :
31.489 personas de entre las cuales:
6.185 fusilados
14.829 encarcelados
6.047 enviados a campos de concentración.
4.068 tomados como rehenes.
No sé dónde se me ha metido los 360 que me faltan, pero como este blog lo visita gente muy aplicada y trabajadora seguro que los encuentran.
purgas en el Ejército ruso en 1937:
Mariscales: presos: 5 muertos: 3
Comandantes 1er rango: 5 3
Comandantes 2º rango: 10 10
Generales de brigada: 186 154
Comisarios del ejército: 16 16
Comisarios: 28 28
Comisarios: 64 58
Coroneles de división: 456 401
Oficiales: 80.000 35.000
______ _________
Total 80.770 35.673
Supervivientes: 45.097
A destacar como pieza notable de "lucha por la libertad", la carta de Raskolnikof a Stalin (pp. 260-71)
En la historia de la baronesa el protagonista es Gorki de quien la Boudberg fue la última amante (como también lo fue de Wells). Gorki mantenía curiosas teorías editoriales además de la de que había que traducir y reescribir a Homero, Shakespeare, Dante, Goethe, Puhskin y demás clásicos en todas las lenguas existentes, corrigiéndoles. Pensaba que había que refundir la obra de uno o varios autores, juntándolas, sintentizándolas,suprimiendo metáforas y parafraseando el texto y, por supuesto, que retraducirlas sintetizándolas, corrigiéndolas y resumiéndolas. Wells estaba de acuerdo y sostenía algunas tesis parecidas aunque menos radicales. Empezó una Historia de las Mujeres en varios volúmenes.
Bibliografía sacada de ambos libros:
- Lilly Marcou: Les Staline vus par les hotes du Kremlin Gallimard- Julliard. Collection Archives. parís, 1979
- Pierre Pascal: Mon journal de Russie. l"Age d'homme. Lausanne, 1975-1982.
Publicado el 12:23 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
Tras la lectura en su día de una biografía de la poeta rusa Anna Ajmátova (Anatoly Neiman: Anna Akhmatova. Essais Payot. Payot, París,1992), de la que no tengo noticia que se haya traducido al español, saqué estas notas:
Cuenta Neiman que Ajmátova, a la que conoció ya mayor, consideraba que el simbolismo era la última corriente poética, incluso es posible que llegara a decir, artística. (op.cit. pág. 30 y ss.)
Tenía unas ideas muy férreas sobre lo que ella llamaba "destino del poeta" Cuando leyó el poema La Investigación de León Felipe (a saber cuál es el título original pues no es santo de mi devoción), Ajmátova exclamó : "¡Vaya viejo: Cómo me gustaría ser él!" La había entusiasmado la traducción de Geleskul. Y luego añadió: "Dicen que en la poesía del siglo XX los españoles tienen la reputación de ser dioses y los rusos semi-dioses - tenemos demasiados suicidios".
Al hablar de la poesía francesa contemporánea dijo: "Appolinaire es el último poeta." Añade Neiman que quizás quiso añadir "europeo"; en cuanto a él (Neiman) entendió que quería decir: "el último [poeta] del mundo" Aduce que lo recuerda porque justo después de pronunciar el nombre de Apollinaire mencionó a Blok con la misma etiqueta de "el último". Ajmátova consideraba que después de él -o de ellos- había empezado algo nuevo.
" Una poesía llena de citas donde los signos culturales están dispuestos en los versos como brújulas, visibles o no,cuya clave tiene que ser encontrada " (op.cit. pp. 41 y ss.)
Al hablar de los orígenes populares de la poesía ajmatoviana, sublimados por ella por razones de sincretismo cultural y social, la propia Ajmátova hablaba de "poesía materna" como quien habla de "lengua materna" Se refería a la que subyace en la calle, en las canciones populares, etc. (op.cit. pp.55.y ss.)
En cuanto a su propia poesía da determinados trucos: dividir los poemarios en ciclos temáticos autónomos. Empezar con los poemas más recientes. Para escribir procedía de la siguiente manera: Le llegaba la inspiración (como a todo el mundo) en cualquier parte. Brotaban los versos caóticamente. Luego, iban cobrando forma, pero de manera aún desordenada, Dejaba entonces en blanco el verso que no le "salía". Después, le llegaba indefectiblemente y lo rellenaba, por así decirlo. Para terminar, lo elaboraba todo, introducía las variantes que la censura soviética le imponía (la noción actual norteamericana de lo "políticamente correcto" podría ser una forma de censura, suave, bien es cierto, porque lo que pone en peligro el transgresor no es ni su vida, ni su libertad, ni la de los suyos, como en la Unión Soviética, sino sencillamente ser publicado o no). Poesía muy narrativa, según parece. No se reproduce en la biografía ni un sólo poema entero y además están, lógicamente, en francés y al parecer ella era muy cuidadosa con el metro y la rima, especialmente con el metro.
Fobia de Ajmátova por Chéjov. Brodski, en su juventud, y antes de exiliarse a Estados Unidos, frecuentaba mucho la compañía de Ajmátova -era amigo íntimo de Neiman- a quien ayudó mientras estuvo deportado (ambos le ayudaron, Ajmátova y Neiman) y a quien tenía muy en cuenta (op.cit. pág.296). Poetas preferidos de Ajmátova: Dante y Pushkin, Shakespeare.
Otras anécdotas: Sobre Mandelstam, a cuya viuda detestaba (la tacha de urdir sinuosas mentiras en sus memorias): Mandelstam decía que "el peor error de cálculo es cierta mirada del dueño de la casa que sustituye a su sonrisa un segundo antes de que la puerta se cierre detrás de su huésped" (pág. 276).
Sobre Gide: Cuando estuvo en Unión Soviética le destinaron un guía: Abram Efros, traductor e historiador del arte. Como el escritor francés, a su vuelta, no escribió lo que se esperaba de él, exiliaron a Efros, quien tuvo mucha suerte porque la época no era todavía excesivamente sangrienta.
Ajmátova, no apreciaba demasiado la labor de traducción, que se veía obligada a llevar a cabo para sobrevivir. A este respecto tiene curiosas observaciones (pp.212-215 y otras) que yo suscribo totalmente, como la de que no es tarea de escritor creativo. Por eso no quería traducir autores que le gustaran.
A lo largo de toda la obra se cuentan muchos chistes rusos. Uno de ellos es especialmente divertido: Un funcionario presenta un informe al gobernador; cuando termina el gobernador le pregunta: ¿Somos nosotros quienes les escribimos o ellos quienes nos escriben? Ella modificaba el chiste preguntando a Niemann, con quien traducía al alimón, cuando éste le leía algún párrafo traducido: "¿Es ya la traducción o sigue siendo el borrador?" (pág.214).
Además de su admiración por León Felipe, de la poesía hispánica le impresionó especialmente un libro de poemas escogidos de Gabriela Mistral traducidos al ruso. Habían nacido el mismo año y los escritores preferidos de la Mistral eran rusos. Neiman y la propia Ajmátova, encontraban similitudes extraordinarias entre ambas. Incluso llegó a decir: "la piel roja me ha superado" (pp.223-224). También se menciona a una admiradora española que la escribe un telegrama diciéndole: "Inútil escribir" a raíz de una estancia de Ajmátova en España (?). Habría que escribir a Neiman para que ampliara ese dato. (pág.229). A la rusa le encantó el arte de la española para resumir todo en dos palabras.
Otrosí: artículos sobre Ajmatova (unos míos y "outros non")
http://findesemana.libertaddigital.com/la-palabra-poetica-1276231192.html
http://laquimera.typepad.com/dragones_y_mazmorras/2006/01/07082000_anna_a.html
http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/octubre_99/15101999_03.htm
http://revista.libertaddigital.com/ajmatova-y-mandelstam-1276212165.html
http://libros.libertaddigital.com/ajmatova-y-tsvetaieva-o-el-sufrimiento-1276231389.html
Publicado el 10:49 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Empiezo el año con buenos propósitos: pasar mis apuntes de lecturas del papel al blog. De esta forma, puedo cumplir la ambición del bloguero: Ni un día sin entrada. Y empiezo por la A, la "A" de Aristóteles y la "a" de animales. (Aristóteles: Investigación sobre los animales, traducción de Julio Pallí Bonet. 1992, Editorial Gredos. Madrid.) Ahí van las notas que tomé en su día, así podré romperlas, que ya amarilleaban un poco.
Modos de vida: [Algunos animales] "son ardientes en los placeres del amor, como el género de las perdices y de los gallos; otros son más bien inclinados a la continencia, como, por ejemplo, la familia de los cuervos, aves que rara vez se aparean" (pág. 47).
Diferencias de caracteres: "...unos son mansos, indolentes y nada reacios, como el buey; otros son irascibles, obstinados y estúpidos, como el jabalí; otros prudentes y tímidos, como el ciervo y la liebre; otros viles y pérfidos, como las serpientes; otros nobles, bravos y bien nacidos, como el león; otros de buena raza, salvajes y pérfidos, como el lobo. Bien nacido es el animal que procede de buen linaje, y de buena raza el que no ha degenerado de su propia naturaleza. Asimismo, unos son astutos y malvados, como la zorra; otros briosos, afectuosos y cariñosos, como el perro; otros mansos y fáciles de domar, como el elefante; otros esquivos y cautos, como el ganso; otros envidiosos y presumidos, como el pavo real. Pero el hombre es el único animal capaz de reflexión . Muchos son los animales que poseen la facultad de la memoria y del aprendizaje; sin embargo, sólo el hombre es capaz de recordar. (pág. 48)
La cara: "Los que tienen una frente grande son más lentos; los que la tienen pequeña son vivaces; los de frente ancha son exaltados, los de frente redonda, irascibles."
Cejas, ojos y párpados: "Si son rectas (las cejas) es una señal de molicie; curvadas hacia la nariz, indican dureza; inclinadas hacia las sienes, un carácter burlón y disimulado; bajadas, un carácter envidioso."... "La parte común de los dos párpados, superior e inferior, forma dos ángulos, uno girado hacia la nariz, otro hacia las sienes. Si estos ángulos se prolongan, es una señal de mal carácter; si inclinados hacia la nariz son carnosos, como los de los milanos, es una señal de perversidad. "
Los ojos: "Este color (el amarillento) es señal de un carácter excelente y es el más favorable a la agudeza visual" .... "Los ojos son grandes, pequeños o medianos. Éstos son los mejores. Además los hay salidos, hundidos o en una posición intermedia. En toda clase de animles, cuanto más hundidos más penetrantes son, pero la posición intermedia es señal de un carácter excelente. Además pueden ser parpadeantes, fijos o de un estado intermedio. Estos últimos son indicios de un carácter excelente; los fijos son seal de desvergüenza y los primeros de indecisión. (pp. 59-61)
Las orejas: " La talla y la posición medianas son señal de un carácter excelente, mientras que las orejas grandes y prominentes indican necedad y verbosidad." (pág. 62)
"Las personas cuya cara inferior del pie es gorda y sin bóveda y que andan apoyados sobre la planta son unos taimados. " (pág.69)
"Los placeres venéreos aceleran la caída de los pelos congénitos, pero favorecen el crecimiento de los pelos tardíos. Las personas que tienen varices están menos sujetas a la calvicie y algunos si, cuando son calvos, cogen esta enfermedad, se vuelven peludos. " (pág. 163).
sobre los insectos: "...Las hormigas huyen del hormiguero cuando se lo espolvorea con orégano o azufre..." (pág.222)
El sueño y la vigilia: sueñan también, además del hombre, "... los caballos, los perros, los bueyes y las ovjeas, las cabras y el género entero de los cuadrúpedos vivíparos: el ladrido de los perros lo demuestra bien..." (pág.229) "...de todos los seres vivos el que sueña más es el hombre. Los bebés no sueñan en absoluto, sino que esto les empieza la mayor parte de las veces hacia los cuatro o cinco años." (p. 232): Cuenta Aristóteles que hay algunos hombres y mujeres que no han soñado en su vida pero que si sueñan ya en edad avanzada, sufren un cambio fisiológico que les pueda llevar bien a la muerte bien a una debilidad general.
Sobre el acoplamiento de los cuadrúpedos vivíparos. Libro V. pág. 241. :
"... las gatas son de naturaleza lasciva, excitan al macho al coito y chillan durante el acoplamiento" ... (p. 246): "...las perdices, si las hembras se encuentran a sotavento de los machos, se quedan preñadas. "A menudo basta que oigan la voz del macho si están en celo o que sobrevolando el macho respire hacia abajo sobre la hembra. Además, tanto el macho como la hembra tienen el pico abierto y sacan la lengua durante el acto del apareamiento. " (p. 250): "En la especie humana el deseo sexual es más fuerte en invierno en el hombre y en verano en la mujer." (p: 262): Edad límite del apareamiento: "... En general, el límite se sitúa para el hombre a los sesenta y cinco años y para la mujer a los cuarenta y cinco."
Sobre el buitre, las águilas y el cuco. Libro VI. pp. 319-324. .
"De las hembras, las más ardientes en desear la unión son las yeguas y luego las vacas. Así pues las yeguas se vuelven locas por los caballos y de ahí procede que a guisa de insulto se aplica el nombre de este animal a la mujer que se abandona sin medida a los placeres sexuales. También se dice que las yeguas quedan preñadas por el viento en el momento del celo." Habla Aristóteles de la locura de yegua sustancia que expulsa la yegua cuando la invade el furor sexual y que también presenta el potrillo al nacer y "es particularmente buscada por las mujeres para la preparación de filtros." También explica que la locura de yegua posiblemente sea el flujo que mana de los órganos sexuales de la yegua cuando está excitada. Además "... también las yeguas orinan con frecuencia cuando están en celo y juegan entre ellas".
las ovejas y las cabras: "Las ovejas quedan preñadas después de tres o cuatro apareamientos, pero si llueve después de la cubrición, abortan. Lo mismo ocurre con las cabras" (pág. 356)
Sobre la pubertad, desarrollo sexual de hombres y mujeres, menstruación, gestación, parto.etc. Libro VII. (pp.383-410).
"... Las reglas aparecen en la mayoría de las mujeres cuando el abultamiento de los pechos ha aumentado en dos dedos de ancho"
Migraciones de los animales. "Todos los animales tienen una percepción instintiva de las variaciones climáticas, y así en el caso de los hombres, unos se refugian en sus casas durante el invierno, otros, los que son dueños de vastos territorios, veranean en regiones frescas y pasan el invierno en lugares cálidos, y lo mismo ocurre con los animales que pueden cambiar de lugar." Libro VIII. (p.440).
Distribución y diferencias de los animales según los lugares. Libro VIII (p.474). ".. De una manera general los animales salvajes son más fieros en Asia, pero todos son más valientes en europa, y de formas más variadas en Libia, y de ahí el proverbio que dice: Libia siempre ofrece algo nuevo."
La psicología de los animales "En todos los géneros en los que hay hembra y macho, la naturaleza ha establecido de una manera casi uniforme una diferencia entre el carácter de las hembras y el de los machos. Esta diferencia es particularmente manifiesta en la especie humana, en los animales de gran tamaño y en los cuadrúpedos vivíparos. En efecto, el carácter de las hembras es más dulce, se amansan más rápidamente, aceptan de mejor grado las caricias y son más fáciles de adiestrar. ..."
"... Las hembras son siempre más tímidas que los machos, salvo en el caso de los osos y los leopardos. En estos últimos la hembra parece ser más valiente. En los demás géneros,las hembras son más dulces, más astutas, menos abiertas, más impulsivas y más preocupadas por la crianza de sus pequeños mientras que los machos son más feroces, más abiertos y menos sagaces."
"... La mujer es más compasiva que el hombre, más llorona, y también más celosa y más quejumbrosa, más criticona y más hiriente. También es más apocada y desesperanzada que el hombre, más descarada y más mentirosa, más tramposa y más memoriosa y también más vigilante y más tímida y en general más indecisa que el macho y de menos comida.
En cambio, el macho está más dispuesto a socorrer y como hemos dicho es más valiente que la hembra."
"... el carácter de las ovejas es, como suele decirse, simple y estúpido..."
costumbres del cuco, de las águilas, bruitres, vencejos y quebrantahuesos y de todas las aves de presa. Especialmente el quebrantahuesos que es cariñoso con sus crías y además de a sus polluelos cría a los del águila. Costumbres de las abejas, avispas y hormigas. Libro IX. (pp.479 y ss.)
Sobre las relaciones entre madre e hijo. "... Los camellos no montan a sus madres e incluso si se les obliga, rehúsan a ello. En efecto, sucedió en una ocasión que no teniendo semental, un cuidador tapó a la camella madre con una manta y la presentó a su vástgo. Durante la copulación la manta cayó, con todo el joven macho consumó el acoplamiento, pero poco tiempo después mordió al camellero y lo mató." También cuenta que un rey de Escitia quiso cruzar un potro con su madre y como aquél rehusara, mandó taparla. El potro no la reconoció y la cubrió. Pero después de haber copulado, se le destapó la cara a la yegua, el potro la reconoció, huyó y se arrojó por un precipicio." Libro IX (pp.557-558)
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Año desagradable, hostil y necio para la cosa pública, como no podía ser de otro modo visto quienes nos mandan y quiénes nos podrían mandar. No sé si hay efectivamente un plan secreto para arruinar España pero no creo ni siquiera necesario aplicarlo en este país que confunde progreso con civilización. Y como dice Giovanni Guareschi, autor que he recuperado este año al leerme de una tacada todo lo traducido al español, progreso es tener un cuarto de baño dentro de casa, al lado del comedor y civilización es tenerlo al fondo del jardín, o en el patio, si prefieren. También lo decía Tanizaki. Quién no vea la diferencia relájese y goce. Nada mejor en esta tesitura que ensimismarse y dedicarse a leer como una descosida. Pero ni aún así -y menos cuando se está laboralmente en activo- es posible alejarse de la prosa de la vida y de las añagazas de la muerte.
La vida nos ha traído más de lo mismo en materia política, con la irrupción en la opinión pública de un Federico Jiménez Losantos desbridado y liberado del bozal de la COPE, un César Vidal idéntico a César Vidal y un Hermann Tertsch, libre como ninguno, perseguido zafia y agresivamente por la izquierda, y aprovecho para solidarizarme con él. Ciertamente, ya no podemos decir que la prensa y la televisión está copada por la izquierda, esa antipática y desagradable tendencia política que durante tantos años campó a sus anchas en los medios de comunicación. Hoy, que nos gobierna oficialmente, sus periódicos sobre todo están en franca minoría ¡Y no digamos en la Red! Ahí no son nadie. Esa es la buena noticia del año.
La muerte, en su cosecha anual, se ha llevado personas, importantes y que me importan. No voy a diferenciarlas, habrá para quienes sean lo uno o lo otro, o ambas cosas al mismo tiempo. Carlos Semprún, José Miguel Ullán, Eduardo Chamorro, Rafael Conte, Toni López Lamadrid, José Antonio Muñoz Rojas, Dámaso Santos, Francisco Ayala, Mario Merlino. A todos los conocí y traté, con mayor o menor intensidad. De todos lamento la muerte, pero Chamorro, Conte, y sobre todo Ullán y sobre todo Carlos, imposible olvidaros, sería como olvidar que fui joven.
Otros muertos han protagonizado mi año. Muertos que escucho con los ojos, deleintándome con ellos, incluso queriéndoles apasionadamente, como esas lectoras románticas que se enamoraban de los personajes de novela. Consciente desde siempre de que el tiempo pasa igual si se hace algo como si no se hace nada, decidí engañar su paso inexorable leyendo a todas horas -mientras como, en el autobús, en las salas de espera de los médicos, incluso en los atascos de tráfico y podría decir que incluso mientras duermo. Eso me ha permitido añadir a mis lecturas obligadas -profesionales y otras- un sinfín de obras que normalmente habrían tenido que esperar a "tener tiempo" para descubrirlas o recuperarlas. Pero cuando se tiene una vida muy ajetreada no se puede esperar a que el tiempo se digne a pararse para que puedas subirte a él, hay que "tomarlo", como esos ascensores abiertos que funcionaban como una cinta continua.
El año pasado fue Galdós y sus Episodios Nacionales . Ya los había leído en mi juventud y también los había olvidado. Me pareció un homenaje obligado al bicentenario de la guerra de la Independencia. Esas cuarenta y seis novelas que cubren 70 años de la historia de España, desde la batalla de Trafalgar hasta la Restauración borbónica, llenaron mi año 2008. Creo haber escrito algo sobre ello. En 2009 ha sido Chateaubriand, Mémoires d'Outre-tombe, en la edición del Centenario de Flammarion que tiene su correlato en español en la edicion de El Acantilado y que cubre la historia de Francia desde finales del reinado de Luis XVI, pasando por la Revolución Francesa, Bonaparte, la Restauración para la que tanto luchó, hasta el estertor definitivo de la monarquía y los albores del Segundo Imperio. Ambos, Galdós y Chateaubriand, progresista el uno y reaccionario el otro (aunque menos de lo que cada uno de ellos creía), salvaron de las ruinas de la inteligencia dieciochesca la literatura de sus respectivos países.
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Convencida de que hoy, más que nunca, se impone conservar las tradiciones, no quiero dejar pasar estas entrañables fiestas sin añadir más villancicos a mi colección. Esta vez se trata más bien de poemas de Navidad y los he encontrado en un opúsculo titulado "La Navidad en España", de José Sanz y Díaz (Publicaciones Españolas, Madrid, 1953) que es una verdadera mina. Ahí van unos cuantos:
Canción para acallar al Niño-Dios
Callad, vos, Señor,
Nuestro Redentor,
que vuestro dolor
durará poquito.
Ángeles del cielo,
venid, dad consuelo
a este mozuelo
Jesús, tan bonito.
Este fué reparo,
aunque el costo caro,
de aquel pueblo amaro
cautivo en Egipto.
Este santo digno
Niño tan benigno
por redimir vino
al linaje aflicto.
Catemos gozosas,
hermanas graciosas,
pues somos esposas
de Jesús bendito.
(Gómez Manrique, 1415-1490)
Venida es, venida
Venida es, venida
al mundo la Vida.
Venido es al suelo
la gracia del cielo
a darnos consuelo y gloria cumplida.
Nacido en Belén
el que es nuestro bien:
venido es en quien
por El fue escogida.
La piedra preciosa,
ni la fresca rosa
no es tan hermosa
como la parida.
Venida, es venida
al mundo la Vida.
(Juan Álvarez Gato,1450-1509)
A los Reyes Magos
Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya;
porque donde el sol está,
no tienen luz las estrellas.
Reyes que venís de Oriente
al oriente del sol sólo,
que más hermoso que Apolo
sale del alba naciente;
mirando sus luces bellas
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está,
no tienen luz las estrellas.
(Lope de Vega y Carpio)
Caído se le ha un clavel
Caído se le ha un clavel
hoy a la aurora del seno,
¡qué glorioso que está el heno
porque ha caído sobre él!
Cuando el silencio tenía
todas las cosas del suelo
y coronada de hielo
reinaba la noche fría,
en medio la monarquía
de tinieblas tan cruel,
caído se le ha un clavel.
De un solo clavel ceñida
la Virgen, aurora bella,
al mundo le dió, y ella
quedó, cual antes, florida.
A la púrpura caída
siempre fué el heno fiel;
caído se le ha un clavel.
El heno, pues que fué dino,
a pesar de tantas nieves,
de ver en sus brazos leves
este rosicler divino,
para su lecho fue lino,
oro para su dosel;
caído se le ha un clavel.
(Luis de Góngora y Argote)
Pues que la estrella
Pues que la estrella
es ya llegada
vaya con los reyes
la mi manada.
Vayamos todos juntos
a ver al Mesías,
que vemos cumplidas
ya las profecías;
pues en nuestros días
es ya llegada,
vaya con los reyes
la mi manada,
Llevémosle dones
de grande valor,
vienen los reyes
con tan gran fervor.
Alégrese hoy
nuestra gran zagala,
vaya con los reyes
la mi manada.
No cures, Llorente,
de buscar razón,
para ver que es Dios
aqueste garzón;
dale el corazón
y yo esté empeñada
vaya con los reyes
la mi manada.
(Santa Teresa de Jesús)
Y ya saben, quiméricos lectores, ¡Felices Pascuas de Navidad y de Reyes! por los siglos de los siglos, amén.
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El 23 de noviembre, día en que Carlos Semprún-Maura hubiera cumplido 83 años, estuve en París con otros dos amigos españoles para acompañar sus cenizas a su última morada: el panteón de la familia de Nina, su viuda. Los Dastakian son una familia armenia procedente del Cáucaso, a quien el siniestro y agitado siglo XX llevó a París tras sobrevivir a numerosas catástrofes locales y mundiales. Carlos les tenía mucho aprecio y se refirió varias veces a ellos en sus Memorias. No era pues incongruente que le acogieran, extranjeros todos al fin y al cabo, en esa parcela de tierra ahora definitivamente suya.
Fue en el cementerio del Père Lachaise, centro de peregrinación para fetichistas, mayoritariamente norteamericanos que prefieren visitar la tumba de Gertrude Stein o de Jim Morrison a pisar el Museo del Louvre. El Père Lachaise es un cementerio triste, como todos los grandes cementerios urbanos, por mucho que pretendan disfrazarlo de parque. Nada que ver con los cementerios rurales, marinos o alpinos, donde conviven las tumbas con los nidos de los pájaros y se codean con la reja y el arado, o con el tractor y las vacas pastando al lado, indiferentes a tanto pretendido mal. Las ciudades de los muertos, tiradas a cordel, con sus calles rotuladas, sus flores artificiales, sus estatuas erosionadas y sus sepulcros descuidados o abandonados, producen un desasosiego muy natural en el vivo y es un fenómeno muy común el que nos empuja, a todos los que vamos a un entierro, hasta el bar o al restaurante más próximos: ¡deprisa! ¡pronto!: comamos mientras vivamos, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Sí, la muerte da hambre.
Su hijo Diego, su viuda Nina, unos cuantos familiares de esta última y de los hermanos Semprún, acompañados por nosotros, los tres amigos españoles de Carlos que habíamos ido a París sólo para eso, formábamos el cortejo. Los sepultureros abrieron las fauces del panteón y las cenizas de Carlos Semprún-Maura fueron unirse a los restos de esa hospitalaria familia armenia de nombres sonoros y sugestivos, como lo son los de todos los muertos. Las genealogías, las suposiciones de enlaces y parentescos, la sucesión de inscripciones, expuestas en riguroso orden cronológico son verdaderas novelas que nos presentan a sus personajes para que hagamos lo que queramos con ellos. Tanta vida encerrada en un muro de muerte. Descansen todos en paz, huésped y anfitriones, después de tanto trasiego.
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En la edición española de Kontinent, revista internacional hecha por disidentes del bloque comunista en los años setenta y publicada en España por Unión Editorial (aunque sólo aparecieron seis números) se reprodujo, íntegra, la transcripción de la famosa entrevista que le hicieron a Solzhenitsyn en Televisión Española el 20 de marzo de 1976 y de la que la prensa española se hizo eco de aquella abominable manera, en boca de uno de sus voceros más espirituales y exquisitos del momento, Juan Benet. Reproduciré tan sólo la Nota a la edición española de “Kontinent”, donde se explican los avatares de dicha entrevista, también algunas de las declaraciones de Solzhenitsyn y, por último el comentario de la redacción rusa a la reacción del mirífico y nunca bien ponderado Juan Benet.
Nota a la edición española de “Kontinent”
El 20 de marzo de 1976, el escritor ruso y Premio Nobel de Literatura Aleksandr Sotzhenitsyn expuso en un programa de Televisión Española sus ideas acerca de problemas básicos de nuestra civilización.
Esta intervención fue comentadísima en toda la Prensa española y dio lugar a grandes controversias.
El lector español sólo conoce de esa intervención el resumen que la Prensa hizo sobre la traducción simultánea cualificada que, por razones obvias, no podía ser la traducción rigurosamente exacta de lo dicho por Soltzhenitsyn.
Tenemos la seguridad de ofrecer aquí la traducción del texto íntegro de aquella memorable intervención, tomado de la versión rusa de la revista “Kontinent”. Al final reproducimos también el breve comentario que la redacción rusa acompañó al texto de Solzhenitsyn.
Algunas de las declaraciones de Soltzhenitsyn (la selección es mía y explica las “sanas reacciones” de nuestros preclaros pensadores arriba citados):
A la pregunta de qué contactos tuvo con el tema español, concretamente con la guerra civil, contesta S:
En los campos de concentración no pocas veces encontré a presos españoles, evacuados de niños a la URSS, a los que fueron revolucionarios españoles, a los marinos y aviadores que se hallaban en la Unión Soviética. Algunos de esos casos los cito en el Archipiélago Gulag. Pero aún antes España había quedado ligada a la vida de nuestra generación. Nosotros, mis coetáneos y yo, teníamos entre dieciocho y veinte años cuando transcurría vuestra guerra civil. ¡Qué sorprendente es la influencia de la ideología política, de esa desalmada religión telúrica del socialismo, con qué fuerza se gana los espíritus jóvenes, con qué engañosa claridad les da la solución supuestamente cierta! Era el año treinta y siete-treinta y ocho. En nuestra Unión Soviética estaba en pleno auge el sistema carcelario. En nuestro país encarcelaban a millones. En nuestro país fusilaban un millón al año. Ya no hablo de la existencia ininterrumpida del archipiélago Gulag: de doce a quince millones de hombres se hallaban presos tras las alambradas. Pese a todo ello, nosotros, como ignorando la realidad, con todo el corazón nos sentíamos entusiasmados y solidarios con vuestra guerra civil. Para nosotros, para nuestra generación, los nombres de Toledo, la Ciudad Universitaria de Madrid, el Ebro, Teruel, Guadalajara tenían un sonido entrañable, y si nos hubieran llamado, si nos lo hubieran permitido, habríamos estado todos dispuestos a acudir rápidos aquí, a luchar del lado republicano. Es una característica de la ideología socialista: ganarse de tal forma con su ilusión, sus consignas, a los espíritus jóvenes, hasta hacerles olvidar la realidad, su realidad, ignorar su propio país, anhelar un sueño abstracto como éste.
He oído, lo dicen vuestros emigrados políticos, que la guerra civil os ha costado medio millón de muertos. No sé en qué medida es exacta esa cifra. Admitámosla como exacta. Entonces deberemos decir que nuestra guerra civil se llevó dos o tres millones, pero vuestra guerra civil y la nuestra tuvieron un final distinto. En vuestro país triunfó el concepto de la vida cristiana, que con que con eso se quiso dar por terminada la guerra, para restañar las heridas. En nuestro país triunfó la ideología comunista, y el final de la guerra civil no significó su final, sino su comienzo. Con el final de la guerra civil se inició la verdad de la guerra del régimen contra su pueblo… el profesor Kurgánov, por la vía indirecta de la estadística, calculó que entre 1917 y 1959, sólo en la guerra interior del régimen soviético contra su pueblo perecieron en nuestro país sesenta y seis millones de personas. Y en la Segunda Guerra Mundial, por la forma despreciativa, negligente de llevarla según sus cálculos perdimos cuarenta y cuatro millones de hombres. Así pues, debido al sistema socialista perdimos un total de ciento diez millones de personas…
Vosotros habéis escapado a esa experiencia, no sabéis qué es el comunismo, tal vez para siempre o tal vez por ahora. Vuestros círculos progresistas llaman dictadura al régimen político existente en vuestro país. Llevo diez días viajando por España. Viajo desconocido por todos, observo la vida, miro con mis ojos. Me asombro: ¿Sabéis acaso qué es una dictadura, a qué se aplica tal palabra? ¿Comprendéis qué es una dictadura? He aquí algunos ejemplos que yo mismo he observado ahora.
Ningún español está atado a su lugar de residencia. Es libre vivir aquí o marcharse a otra parte de España. Nuestro hombre soviético no puede hacer eso, estamos atados a nuestro lugar de residencia por el llamado “registro policial”. En nuestro país, son las autoridades locales las que dicen si tengo derecho a marcharme de este lugar o no. Eso significa que me encuentro por entero en manos de las autoridades locales. Ellas hacen conmigo lo que quieren y yo no me puedo marchar.
Después me entero de que los españoles pueden salir libremente al extranjero. Tal vez lo hayáis leído en la prensa: en la Unión soviética, bajo una fortísima presión de la opinión mundial, bajo una fortísima presión de América, sueltan, aunque con muchas dificultades, a una parte de los judíos. Los demás judíos y, aparte de los judíos, las demás etnias, no pueden salir de ninguna manera. En nuestro país nos encontramos como en una cárcel.
Voy por Madrid, por otras ciudades –ya he estado en más de doce ciudades- y veo que en los kioscos de periódicos se venden las principales publicaciones europeas. No doy crédito a mis ojos: si en nuestra Unión soviética exhibieran un periódico de éstos por un minuto, la Policía se lanzaría inmediatamente a arrancarlo. En vuestro país se venden tranquilamente.
Veo que aquí funcionan las fotocopiadoras. Cualquiera puede acercarse, pagar cinco pesetas y obtener una copia de cualquier documento. En nuestro país es inalcanzable a cualquier ciudadano. La persona que utilizara una fotocopiadora para sí misma sería condenada por actividades contrarrevolucionarias.
En vuestro país, aunque sea con ciertas limitaciones, son admitidas las huelgas. En nuestro país, en sesenta años de existencia del socialismo, nunca fue permitida en una sola huelga. Los huelguistas, en los primeros años del poder soviético, eran barridos con ametralladoras, aunque sus demandas sólo fueran económicas, a otros los encarcelaban acusados de actividades contrarrevolucionarias, y hoy a nadie se le ocurriría convocar una huelga. … ¿Saben vuestros progresistas qué es una dictadura? Si en la Unión Soviética tuviéramos hoy estas condiciones nos habríamos quedado con la boca abierta y habríamos dicho: es una libertad sin precedentes. Llevábamos sesenta años sin ver esa libertad.
Habéis tenido hace poco una amnistía. La llamáis amnistía limitada. A los luchadores políticos que efectivamente mantuvieron una lucha política con las armas en la mano les redujeron las penas a la mitad. Os diré: ya quisiéramos nosotros una amnistía limitada como ésta una vez cada sesenta años. En sesenta años de existencia del poder soviético nosotros, los políticos, jamás tuvimos una amnistía. Íbamos a la cárcel para morir en ella. Sólo unos pocos hemos vuelto para contarlo.
Nota a la edición rusa de “Kontinent”
Con motivo de esta entrevista, el comentarista político español Juan Benet escribió: “Yo creo firmemente que mientras existan gentes como Aleksandr Solzhenitsyn perdurarán y deben perdurar los campos de concentración. Tal vez deberían estar un poco mejor custodiados a fin de que personas como Aleksandr Solzhenitsyn, en tanto no adquieran un poco de educación, no puedan salir a la calle”. No sabemos quién es esa persona, pero a juzgar por sus manifestaciones, más que publicista es un especialista en perfeccionamiento de sistemas carcelarios. ¿Por qué no ofrece sus servicios profesionales a los países socialistas? Parece que en España tardarán en necesitarlo. Mientras, sus consejos policíacos los reproduce gustosamente “Pravda” (30 de marzo de 1976). Hace tiempo que ese periódico muestra un empeño especial en perfeccionar la custodia de los “campos de concentración”. Mas al tal Juan Benet le vendría bien saber que bajo el socialismo la posibilidad de caer en uno de esos campos no está vedada a nadie, incluido el citado “comentarista político”. Muchos de sus correligionarios allí acabaron.
No, efectivamente, los de “Kontinent” no tenían por qué saber quién era ese Juan Benet al que confundieron con el Director General de Prisiones. No sabían que era un escritor exquisito y sofisticado, una suerte de divinidad literaria al que sus amigos llamaban unos, “don Juan” y otros, simplemente Benet. Pero es fácil sacar la siguiente conclusión: si lo peor del franquismo fue el antifranquismo, por los engendros que creó, lo peor del antifranquismo fue, sin lugar a dudas, Juan Benet. O de lo peor, vamos.
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Acaban de decirme que esta mañana murió en París Carlos Semprún-Maura. A él le gustaba firmar así por dos cosas: para diferenciarse de su famoso hermano Jorge y para conservar, en un país como Francia donde sólo se lleva el apellido paterno, su apellido materno, del que se sentía orgulloso Hace apenas dos horas que me he enterado y lo consigno aquí, llena de dolor, pero no quiero esperar a que se me pase. Carlos no era una persona cualquiera. Su vida tampoco era completamente normal, y no sólo porque le tocara vivir (nació en Madrid, en 1926) épocas terribles en lugares terribles, sino porque era un rebelde de todas las rebeldías, un desclasado con clase, un caballero, en suma. Y un escritor. Un periodista, un hombre de la actualidad, de la radio, un novelista, un autor de teatro, un agitador, un contra agitador, un ex comunista anticomunista y, en lo personal, un buen vividor, un conquistador inteligente y un suertudo en el amor; digo esto por muchas razones, pero fundamentalmente porque tenía una mujer maravillosa, Nina, una gran dama armenia, de lengua materna rusa que sabe todos los idiomas dignos de ser sabidos, que ha vivido cosas increíbles, y a quien no se le cayeron, ni se le caerán nunca los anillos. Ella estaba en casa cuando murió. Al parecer hablaban de una habitación a otra y, de repente, Carlos dejó de contestarla; se había desplomado, sumiéndose él en la muerte, y nosotros en la consternación absoluta.
Le conocí en Madrid por los años setenta, sobrellevando una clandestinidad relativa. Ya en la democracia se instaló en Madrid de manera más o menos permanente para trabajar en el recién creado "Diario16". Escribió sobre muchas cosas en ese extraño periódico en el que yo también colaboré posteriormente: sus críticas de cine era demoledoras y fue responsable de que Pilar Miró, que acababa de estrenar "El crimen de Cuenca", tuviera una seria depresión al leer su crítica (¡Pero qué le he hecho yo!, creo que decía). Desprejuiciado y deslenguado, no templaba gaitas a la hora de juzgar el cine español cuya decadencia, tras una breve época dorada, era ya detestable, y no ha dejado de serlo de manera constante. Luego, ya amigos para siempre, se marchó a París y nos hemos visto, aquí y allá siempre que hemos podido. Yo le he traducido un par de libros (porque escribía sobre todo en francés, único detalle en el que se parecía a su hermano): Revolución y contrarrevolución en Cataluña (Tusquets) y Polvo de líneas, un libro de cuentos para la editorial Pre-Textos. Tengo también el honor de haberle presentado a Javier Rubio, en "Libertad Digital", donde yo llevaba una sección semanal y donde Carlos Semprún-Maura llegó a convertirse en un referente. No deja de ser paradójico que él,que nunca se había acercado a un ordenador, escribiera algunos de sus mejores artículos en ese medio digital donde nunca pudo llegar a leerse. Su última novela, A orillas del Sena, un español, apareció en la editorial "Libertad Digital/Hoja perenne". Se da la circunstancia de que yo tengo el manuscrito de su último libro de Memorias, todavía inédito: mi hija Ana le estaba "picando" el texto en Word para poder pasearlo por las editoriales. Hace pocos días le mandó ella la última entrega y estaba esperando sus correcciones para incorporarlas al texto. Convierto en algo personal conseguir publicarlo en cuanto Nina me autorice a hacerlo.
http://www.libertaddigital.com/sociedad/fallece-en-paris-carlos-semprun-maura-1276354299/
http://libros.libertaddigital.com/las-aventuras-prodigiosas-de-carlos-semprun-1276229579.html
http://www.agapea.com/libros/Polvo-de-lineas-isbn-8481911534-i.htm
http://laquimera.typepad.com/dragones_y_mazmorras/2007/11/04122006-carlos.html
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El otro día, mientras viajaba en autobús camino de alguna parte, me llamó la atención un papel que yacía en el suelo, pisoteado. Como curiosa lectora que soy de todo lo impreso, no dudé en recogerlo aún a riesgo de contaminarme con alguna sustancia pringosa, como poco. Pero me gustan los riesgos. Mi osadía se vio recompensada con un texto cuyo corrosivo humor me sorprendió y hasta me atrevo a confesar que me escandalizó. Como lo quiero compartir con los lectores de este blog, pues ahí va:
"Había una vez un país que necesitaba un cambio: funcionaba demasiado bien, casi todo el mundo tenía trabajo, respondían las instituciones, prosperaba el comercio, la industria florecía, los bancos se frotaban las manos. Los criminales y los prevaricadores iban a la cárcel, no se transigía con los terroristas. Eso no podía durar en aquel lugar acostumbrado al caos, al desorden, a la rebeldía y a los pronunciamientos. Un a modo de nostalgia de épocas otrora denostadas poseyó a algunos poetas y artistas que lideraron una suerte de “servicio de desorden”, amparados en la sacrosanta libertad de expresión que, según ellos, estaba en peligro. Su cruzada se convirtió en reclamo que llamó la atención de los bárbaros, apelados de este modo a intervenir, atraídos por la promesa de una alianza de civilizaciones que les permitiría destruir las demás e imponer la suya.
"¡Ven, oh amenaza exterior tan temida! Acude y sálvanos; haz algo que acabe con nuestros enemigos dejándonos a nosotros con la conciencia en paz por haberos apuntado cuál era el objetivo! Tal parecían decir los titiriteros y los vates, desde sus cómodas subvenciones que, neciamente, les daba el gobierno al que detestaban. Y acudieron muy a tiempo, justo para que quienes les habían prometido ser sus amigos pudieran legislar al respecto. Y empezó así una era que se podría calificar “de diseño”. Basándose en los dibujos de la factoría Disney, el mago de turno resucitó a los más tiernos iconos de su infancia: Presidiría el gobierno Bambi y para contrarrestar la ternura lechal de esa figura entrañable, Cruella de Ville tenía que ser vicepresidenta. El pato Donald se ocuparía de dar la cara y los asuntos serios estarían bajo la batuta de Mickey Mouse y Elmer Gruñón, mientras que Lucas, el otro gran pato de la Historia, acompañado del Pájaro loco, Pluto, el Coyote, Correcaminos, Porky, el gato Silvestre, Piolín, Peter Pan, Wendy, Campanilla, la Sirenita, la Cenicienta, Blancanieves, sus respectivas madrastras y el rey León se reservaban para los Ministerios que fuera menester. Los siete enanitos ocuparían los restantes puestos de relativa importancia acabando así, de una vez por todas, con cualquier atisbo de cordura.
"El fenómeno no sólo afectaba a los miembros del gobierno; también a la sociedad en su conjunto; los niños no necesitaban estudiar para aprobar, los padres podían reconvenir a los profesores cuanto quisieran, apoyados por las instituciones; los viajeros podían subir al Himalaya en zapatillas sin que se escatimaran recursos para salvarlos; los criminales convictos y confesos eran soltados con premura y contaban con todo tipo de apoyo para afrontar los peligros del mundo exterior, lleno de rencorosas víctimas; los magistrados podían infringir sin desdoro cuantas leyes quisieran, las carreteras se hundían, los bosques ardían y se derrumbaban barrios enteros, sin que pasara absolutamente nada; nadie corría peligro pues incluso las leyes del universo físico habían sido abolidas y sustituidas por las que rigen en los dibujos animados: por mucho que cayeran los ministros, por mucho que se ensuciaran las manos, volvían a recuperarse de inmediato. La gente se divertía muchísimo. Los humoristas y los payasos se adueñaron de los medios audiovisuales e hipnotizaron a una población aletargada y temerosa que les seguía votando y votando.... La oposición quedó totalmente derrotada, con muy pocos atisbos de esperanza; los opositores de a pie, se refugiaron en Internet y ahí siguen. Y colorín colorado este cuento no se ha terminado."
Pero tampoco terminaba aquí el manuscrito; como colofón había una nota que denotaba su deseo de ser publicado. Decía: “Como los personajes de este relato son pura ficción, y no está basado en hechos reales, cualquier parecido con la pastelera realidad es mera coincidencia.”
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Cuando colaboraba en Libertad Digital, no había año que, por estas entrañables fiestas, no hiciera un pequeño recuento de Villancicos más o menos populares. Este año los alojo en mi quimera, deseando que sean un descubrimiento tan gozoso, como lo han sido, sin duda, para mí. Los he sacado de un librito titulado Cancionero popular. Poemas de ayer y hoy. Fresno de Cantespino, Madrid, 1997, edición de autor, el cual es José Millán Calvo quien ha recogido en dos volúmenes los cantos de ese precioso pueblo segoviano (donde hubo campanero hasta hace veinte años), desde los infantiles, de corro, hasta los que se refieren a las estaciones y labores del campo, sin olvidar los litúrgicos.
A la Navidad dedica unos cuantos. Dice el recopilador en el prólogo evocando aquellos viejos tiempos: “Todos estábamos pendientes, en la adoración del Niño, a ver quien soltaba, como ofrenda, el pajarillo de turno que, revoloteando el resto de la misa, llamaba la atención y por supuesto distraía a los más pequeños; si sería al entonar el “Suenen, suenen tambores y gaitas…” o el “Viva, viva, Jesús, mi amor” o, tal vez, el “Vamos, pastores, vamos…”
Suenen, suenen tambores y gaitas
Suenen, suenen tambores y gaitas,
vámonos al valle florido
a ver al tierno infante,
que en este valle ha nacido.
Los pastores que supieron
que el Niño quería fiestas,
hubo un pastor que rompió
cien pares de castañuelas
Suenen, suenen…
Los pastores que supieron
qué Niño nació en Belén,
recogieron sus ovejas,
y al Niño fueron a ver.
Felices entradas de Año
nos dé ese Niño divino;
y con aumento de gracia
llene las trojes de trigo.
Desde el oriente vinieron
los Tres Reyes que reinaron,
guiados por una estrella
al Rey de reyes buscaron.
Ya llegaron a Belén,
a un santo portal que había;
la estrella se oscureció
y el Portal resplandecía.
A vos quiero por pastor
A vos quiero por Pastor,
Jesús, mi sumo Bien,
Jesús, mi dulce Amor.
Mirad en la cuna al Niño,
pobremente reclinado:
es más blanco que el armiño,
está pidiendo cariño,
su bello rostro adorado.
A vos quiero…
Su carita nazarena
que no aja el rigor del hielo;
es una blanca azucena,
es un pedazo de cielo,
su frente clara y serena.
A vos quiero…
Sus labios son dos corales,
sus cejas iris de amor;
es su llanto una oración
que embelesa a los pastores,
y les roba el corazón.
A vos quiero…
Son sus ojos dos luceros
que en derredor de la cuna,
reverberan placenteros,
eclipsando a los luceros,
resplandores de la luna.
Vamos, pastores, vamos
Vamos, pastores, vamos,
vámonos a Belén;
a ver en aquel Niño
las glorias del Edén.
A ver en aquel Niño
las glorias del Edén.
las glorias del Edén,
las glorias del Edén.
Yo, pobre gitanilla,
al Niño le diré,
no la “buenaventura”,
eso no puede ser.
Le dire me perdone
lo mucho que pequé,
y en la mansión eterna,
un “laito” me dé,
un “laito” me dé,
Sí, sí…
Vamos, pastores, vamos…
Yo, pobre gitanilla,
yo me muero por él;
sus ojitos me encantan,
su boquita también.
El padre le acaricia,
la madre mira en él.
Y los dos extasiados
contemplan aquel Ser,
contemplan aquel Ser.
Sí, sí.
Vamos, pastores, vamos…
¡Felices Pascuas de Navidad a todos!
Otrosí,
http://revista.libertaddigital.com/villancicos-i-441.html
http://revista.libertaddigital.com/villancicos-y-ii-445.html
http://www.libertaddigital.com/opinion/libertad-digital/seleccion-de-julia-escobar-22263/
Adaptados por Julia Escobar - Libertad Digital
Publicado el 21:28 en Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (6) | TrackBack (0)
He prometido, y vuelto a prometer tantas veces que volvería, que supongo habré perdido gran parte de mis lectores. No obstante, quiero demostrarles, a ellos y a mí misma que sigo en el candelero, menos agobiada que durante el largo silencio que he guardado en estas páginas y con novedades en mi vida laboral: no estoy en la radio desde junio; también desde esa fecha no he vuelto a publicar nada en La Gaceta de los Negocios y la crisis hace imposible, por el momento, mi reincorporación a ninguna otra empresa periodística. Para colmo, he terminado los compromisos literarios que me tenían “sorbido el seso”, al menos los más perentorios y “gruesos”. Me queda pues mi labor institucional a la que dedico la mayor parte de mis horas con las luces y sombras de rigor. Me dirán que, a mayor abundamiento, tendría que haberme refugiado en mi blog, pero por una operación del alma, muy común, la merma en la actividad febril, en lugar de originar un incremento de energía, ha debilitado considerablemente mi voluntad. De ahí que se diga eso de “si tienes un trabajo urgente dáselo a una persona ocupada”, que es una versión del “vísteme despacio que tengo prisa”. En nosotros, al menos en mí, prevalece la “lógica paradójica”. Volvamos pues a Aristóteles y al rigor.
Son muchas cosas las que he visto y oído este año, desde que dejé las barbas de Fidel colgadas en mi blog, mesadas de vez en cuando por algunos lectores despistados que se topaban de bruces con esa página y me enviaban sus agudos comentarios. A unos he contestado, a otros, que me llegaron por lo privado, todavía no. Pero me siento emplazada a hacerlo incluso en público, en particular a aquél que me preguntaba por qué digo en mi perfil que he perdido todo pudor desde hace años. Eso me ha hecho reflexionar y ya divagaré sobre ello en otra ocasión, pero ahora verán que todavía no me puedo zafar del mefítico influjo de Fidel y su monumental ficción.
Han aparecido últimamente tres libros, a cuál más interesante y de los que ya hablaré más largamente, que se han encargado de recordármelo: Comediantes y mártires (editorial Debate), de Juan José Sebreli, Iconos latinoamericanos. 9 mitos del populismo del siglo XX (Editorial Ciudadela), de Inger Enkvist y La cara oculta del Ché (ediciones del Bronce), de Jacobo Machover. Los tres tienen en común la figura del Ché y de Fidel y los dos primeros la del Ché, Maradona, Evita y Gardel. Inger Enkvist añade a su mitografía cinco elementos más, nada desdeñables de lo que llamamos “imaginario” europeo común, entendiendo por imaginario lo que cala hondo en unas conciencias mal preparadas, con las defensas bajas, dispuestas a ser infectadas por los peores males que flotan por el mundo, y que conocemos también como “ideales”. Dichos “ideales” suelen prender con más virulencia en la juventud, por eso decía Anatole France: “La juventud es admirable, la prueba es que defienden con pasión cosas que no comprenden.”
Pero la guinda en la tarta de nata de esas nefastas ilusiones la ha puesto una magnífica pero espeluznante exposición de Korda que se exhibe en estos momentos en Madrid. Son 200 fotografías, muchas de ellas inéditas, casi todas transidas de veneración por los dos líderes (Fidel y el Che). La estrella es, por supuesto, la “mítica” efigie del Che que nos acompañará siempre como la peor de las pesadillas del fatídico siglo XX. El culto a la personalidad no lo ha inventado el marxismo, pero Alberto Korda, que viene de la publicidad y adoraba a Fidel, lo ha utilizado como nadie. Con un arte y una habilidad que no le resta un ápice de responsabilidad moral ni histórica, ha sabido exaltar la fidelchemanía de manera que ya hubieran querido Hitler o Stalin. Algunas de las tomas desde abajo del dictador, agigantado, con las manos chulescamente colocadas en los flancos, las piernas abiertas, la bota militar en primer plano, harían reír o parecerían caricaturescas si no supiéramos, como sabemos, que son admirativas y que quieren causar lo que causan: miedo, espanto. Y ver al inicuo Sartre, junto a la no menos vil Simone de Beauvoir, bizqueando y sonriendo abyectamente al tirano y a su querido Comandante, no hace sino reforzar los argumentos en contra de esa inconcebible e interminable agonía cubana, aún jaleada, cincuenta años después por un público aletargado que se cree muy listo. ¡Sursum Korda!
Publicado el 17:25 en Cuba, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (9) | TrackBack (0)
Con la aparatosa llegada de los Reyes Magos a todos los hogares se prolonga y se terminan en España las fiestas de Navidad. Los Magos advirtieron una señal en la estrellería y la siguieron hasta verla hecha carne en un establo, en Belén. Importa poco si fueron tres o cuatro, ni si es verosímil que pudieran hacer ese viaje en tan corto espacio de tiempo, lo que importa es la carga simbólica: respeto y regocijo ante la esperanza, siempre renovada, de que sobrevenga un nuevo orden que mejore las cosas, tan revueltas, de los países y de las personas. Por muy conjugado que haya sido ese gran acontecimiento en todos los modos y tiempos artísticos, por mucho que haya ido adaptándose a las costumbres de cada época, la manera más imaginativa de recrearlo sigue siendo el Belén o Nacimiento, desde que se inventara en Nápoles, allá por el siglo XVIII, y a este respecto Caja Madrid ha echado los restos con un magnífico Belén napolitano con el que ha temblado, nunca mejor dicho, el Misterio.
En torno a éste (la Virgen María , San José y el Niño Jesús), que permanece inmutable, cada cual es libre de armarlo como quiera, y contar en él lo que le parezca. A la rica y magnífica bibliografía sobre este tema, hecha de poemas, cuentos y villancicos, hay que añadir ahora el Libro de Visitantes de José Jiménez Lozano. El relato está armado exactamente como un Belén, y distribuido con el mismo detalle y mimo con el que cada cual, en su casa, narra esta historia inmortal a través de las figuritas que va adquiriendo año tras año. Son igualmente imprescindibles la mula (JJL la hace habladora) y el buey, que calientan y protegen el improvisado paritorio. Los pastores no pueden tampoco faltar. Acuden a la cita, avisados por los ángeles, los pastores con sus ovejitas y sus burritos cargados de humildes regalos. También hay posaderos sin corazón, mujeres piadosas que ayudan en lo que sea, niños traviesos que ofrecen gallinas robadas al Niño, soldados romanos, sobrecogidos por esa luz que inunda de manera increíble el mundo, mercaderes astutos que tras la visita de los Astrólogos huelen el tráfico de reliquias. El establo está a rebosar de personas y de animales.
La noche es fría y llena de prodigios. Entre ellos una estrella cometa cuya estela siguen tres Reyes Astrólogos, advertidos por el cobarde y malvado Rey Herodes (a quien JJL se permite la ironía de convertir en un moderno líder político, muy preocupado por su imagen) de que ahí se está fraguando algo muy grande, hasta que llegan al establo y completan con su visita el retablo… Y como en esos belenes caseros en los que los niños ponen un dinosaurio, un tanque o un indio apache, Jiménez Lozano, tras la visita al establo de los “tres de Oriente” introduce la de otros cuatro Magos universales: Descartes, Pascal, Hegel y Spinoza. No podía el Niño soñar con más destacados maestros. Ni tan bien buscados. Lástima que Dios no juegue a los dados.
Publicado el 23:50 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)
No me tengo por una persona tranquila (en el sentido de “sin inquietudes”), al contrario. Me jacto de interesarme por todo, de estar abierta a las novedades, de no rechazar nada de plano (a no ser que lo conozca muy bien y me disguste), de escuchar y, sobre todo, de actuar. Aquí está mi perdición, hago tantas cosas, me lío tanto, acepto tantas tareas y se me ocurren tantos proyectos que no me queda tiempo para recrearme en mí misma, cosa que también me gusta, como resulta evidente.
Este preámbulo tiene por objeto explicar cómo, no siendo rutinaria, soy sin embargo ritualista. No me refiero a los ritos anuales, más o menos colectivos, que nos dicta (o sugiere) el calendario sino aquellos, totalmente privados, que nos imponemos nosotros mismos, como es mi caso. Seguro que hay otras motivaciones ocultas, burdo sería el negarlo, pero ¡ay! me temo que sean insondables. Mi asiduidad, me consta, admira (y exaspera) a algunos de mis amigos y desespera a mis enemigos. Pero yo no defraudo ni a unos ni a otros.
Por ejemplo, Las Jornadas de Traducción Literaria de Tarazona. Llevan quince años celebrándose y he asistido a todas, aunque no siempre me han invitado sino que, las más de las veces, he tenido que pagar como cada quisqui y residir, si se tercia, en la austera hospedería del Seminario Diocesano. ¿Por qué? Pues porque, absurdamente, me siento vinculada al proyecto de la Casa del Traductor, en cuyo patronato estuve en sus orígenes, por razones que preferiría olvidar pues están ligadas a una de las etapas más antipáticas de mi carrera profesional (fui Presidenta de APETI hasta que los intérpretes jurados dieron un sucio golpe de estado, pero este capítulo lo dejo para mis memorias, eso sí, sin mencionar nombres no vaya a ser que les guste), y aunque ya nada tenga (afortunadamente) que ver con la gestión institucional de la Casa, en ningún sentido, siento que es mi deber asistir puntualmente, de no impedírmelo mi estado de salud y, cosa rara, jamás he estado enferma esos momentos –puro otoño– tan peligrosos como bellos.
Hay en esas Jornadas (he hablado mil veces de ellas), algunos fieles, en general profesores universitarios o traductores literarios profesionales, tan avezados y resabiados como yo, que acuden a la cita con bastante asiduidad. Los encuentro ahí, año tras año, pero alguna vez han faltado. Yo no. Han cambiado los directores de la Casa del Traductor, desde el fundador, Francisco Uriz, pasando por Maite Solana y ahora Mercedes Corral; ahí estoy yo para felicitar al nuevo y recordar a los anteriores. Han cambiado también los alumnos de las distintas facultades de traducción que proliferan por el suelo patrio y que acuden a Tarazona, llenos de curiosidad y, a veces, de sano escepticismo. Estos muchachos, “absolutamente modernos” se muestran generalmente ajenos, cuando no contrarios (benditos sean) a la politización que marcó a los que han dirigido y todavía dirigen las asociaciones profesionales de traductores y de escritores en nuestro país y regiones adláteres. Ahí estoy yo para comprobar y regocijarme de que no entiendan las alusiones políticas al uso, bueno, mejor sería decir “al desuso”, con que salpican sus discursos muchos de los protagonistas.
Cosas de viejos, les digo, que no saben adaptarse a la democracia. Porque aunque hay de todo, desde luego, prevalece la vieja guardia. Huelga decir que de signo izquierdista, pero lo explicito por si acaso alguien se equivoca. Esto tiene una explicación que se hunde en el pasado. Dichas asociaciones fueron creadas, por lo general, en época franquista y estaban concebidas no sólo como un instrumento de reivindicación laboral, al amparo de la ley, sino también como un cómodo refugio de disidentes que veían así la posibilidad de reunirse y de viajar. Esto ha durado mucho tiempo y todavía hay algunos supervivientes de esa época que siguen liderando las asociaciones y propiciando la sucesión con nuevas oleadas de nostálgicos que, por edad, lo son de lo desconocido. Eso es lo malo, que no han sabido adaptarse a los tiempos y todavía creen que luchan contra el maligno cuando en realidad luchan contra sus propios fantasmas.
Por último está el aliciente estético: la hermosura apabullante del trayecto, que yo hago por la carretera de Burgos, vía Riaza, Ayllón, San Esteban de Gormaz, El Burgo de Osma, Soria, Ágreda, hasta llegar a Tarazona. Esta ruta, a diferencia de la oficial (la autopista de Barcelona), además de menos frecuentada, todavía está llena de tramos ribereños que despliegan en su arbolado, y con todo lujo de detalles, la riqueza cromática de la estación otoñal. Sólo por eso vale la pena desplazarse hasta Tarazona. No creo que hubiera sido tan fiel de realizarse esos comicios en invierno, ni tan siquiera en primavera o verano, a pesar de haber quedado contagiada, desde muy joven, por el virus de la traducción, contra el que no hay vacuna, ni cura, ni falta que hace.
Publicado el 21:05 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
Hoy, Día de Todos los Santos y víspera de Difuntos, recuperada la salud y el seso y cosas igualmente importantes como el sosiego, pongo por caso, he decidido regresar a ese desafío que, hará pronto dos años, lancé al ciberespacio cuando creé este blog, ¡ay! tan desatendido últimamente. No es la única vez que me ausento, pero esta vez he superado mi propio récord ¡tres meses! Y sin embargo, no he dejado de recibir un número de visitas lo suficientemente grande como para incrementar proporcionalmente mi culpabilidad. Lo cierto es que no se puede tirar la piedra y esconder la mano, nadar y guardar la ropa, estar en misa y repicando. Quien la hace la paga, etc. etc...
No es casualidad que haya elegido este día para iniciar mi rehabilitación. Estas fechas, y lo que conmemoran, me han estremecido siempre de manera especial, al ir vinculadas al recuerdo de mi abuela, la cual, como pagana que era, no nos ahorraba ninguno de los aspectos más escalofriantes de los cuentos y consejas que las rodean. En consecuencia, no puedo evitar hacer recapitulación de mis sentimientos hacia nuestros "fieles difuntos" (de pequeña, lo de fieles lo entendía como adjetivo y no como el sustantivo que es y me parecía injusto que todos los difuntos merecieran ser llamados así, sin distinción de virtudes ni felonías), a quienes debemos un piadoso recuerdo y una oración e incluso, si se puede, una visita al cementerio ¿por qué no?
Como cada año, esta noche también encenderé las lamparillas de las que hice acopio hace tiempo en la tienda de "El Mielero", en Riaza, hermoso lugar donde me refugio los días de asueto y, si no fueran suficientes, consumiré las velas que sean precisas para honrarlos. La lista es, lógicamente, más larga que la del año pasado y esta vez la tengo que encabezar con pérdidas especialmente dolorosas para mí como la de mi madre, una mujer intensa y complicada a la que supongo que me parezco cada vez más, excepto en lo político.
Cuando estalló la guerra, ella, que pertenecía a una dignísima dinastía obrera, militaba en la CNT, llegando a ser Secretaria de las Mujeres Libres de Vallecas, su barrio. Pasó después dos años en la cárcel (dramática experiencia que la traumatizó duramente) y luego se casó y tuvo siete hijos. A pesar de la prosperidad económica que mi familia llegó a alcanzar a los pocos años de terminada la guerra, gracias a determinados contactos y a la astucia de mi padre (por eso pudieron llevarnos al Liceo Francés y por eso me hace tanta gracia la ridícula leyenda que sostiene que los represaliados no podían abrir una cuenta en el banco, cosa que he oído recientemente con el lógico estupor), mis padres, y en particular mi madre, se consideraron siempre "rojos" (era el término que ella utilizaba, con orgullo y sin rubor alguno, rodeada de los cuadros y objetos valiosos de su lujosa casa) y, aunque no estimaban demasiado a los comunistas, pues no en vano persiguieron y mataron a los anarquistas durante la guerra, la derrota común y el sentimiento antifranquista les llevó a unirse. Durante años, muchos -en su mayor parte pintores y poetas- de los que, o bien no se habían exiliado, o no estaban en la cárcel (o después, cuando salieron de la cárcel o volvieron del exilio), pasaban por la casa de mis padres los domingos a celebrar reuniones semi clandestinas en las que se comía, bebía y (eso era lo que a mí más me gustaba) se cantaba un nutrido repertorio revolucionario -desde "La polonesa" hasta "Ay Carmela", pasando por "Hijos del pueblo que oprimen cadenas" y muchas más- que haría la envidia de Zapatero y de todos los que ahora van alardeando por ahí de familia republicana. Pero esto lo he reflejado en parte en mi novela Nadie dijo que fuera fácil , hecho que mi madre no me perdonó jamás ya que consideraba, con razón, que les presentaba como unos burgueses vergonzantes y unos revolucionarios de pacotilla. Dios me perdone.
Pues bien, para ella, para mi madre, flotarán esta noche en mi casa todas las lamparillas y velas que me queden, sin olvidar dedicar algunas - si pudiera un millar- a mi tío Antonio González, pintor y escultor, discípulo de Vázquez Díaz, a quien debo, además de una magnífica cabeza en piedra de Sepúlveda, para la que le serví de modelo a los 10 años, la imborrable experiencia de mi primera visita al Museo del Prado a los siete: cuando vi el "Saturno devorando a sus hijos" de Goya, quedé paralizada de terror, y tuve pesadillas durante mucho tiempo. Eso me creó una aversión inveterada por las escenas de violencia pero, afortunadamente, no por el Museo del Prado ni por mi tío que fue un ejemplo de bondad y de honradez intelectual toda su vida. Ahora puedo mirar ese cuadro de frente, con la repugnancia que me merece y sin embargo no puedo ver películas tipo "la matanza de Texas". No maduramos.
Volviendo a Goya, cuando hace unos años traduje "La carta sobre los ciegos" de Diderot, encontré una reflexión sorprendente que me permitió comprender muchas cosas. Para reforzar su teoría de que la dignidad humana entra por los ojos, el filósofo ponía como ejemplo de extrema y casi inimaginable crueldad el que a un pintor se le pudiera ocurrir representar en toda su crudeza cosas tan terribles como ¡Saturno devorando a sus hijos!, pues la visión de ese horror (siempre según Diderot) sería insoportable para la sensibilidad de cualquier ser humano y, de ocurrir lo contrario, algo malo le pasaría a esa "condición humana". Cuando escribió esto faltaban unos cuantos años para que naciera el pintor que se atrevió a hacerlo. Ese inesperado encuentro literario me ha ayudado a reforzar mis sentimientos ilustrados, asumiendo su evidente ingenuidad, y a expresar sin complejos la repugnancia que todavía experimento al respecto. ¿Maduramos?.
Publicado el 23:55 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
¡Que barbaridad! Hace dos meses no me asomo por la quimera y no por eso he medrado en otros ámbitos. Todo por culpa del tiempo. Con el tiempo pasa eso, que pasa… Ilusión es creer que porque dejemos de hacer algo será en beneficio de lo que tenemos que hacer de todos modos, como trabajar por ejemplo. Me ha pasado con mi quimera como con esos amigos muy queridos a los que por no hacerles una llamada o una visita que tememos corta acabamos por no llamarles nunca. Sin embargo tampoco he abandonado del todo a los que se dicen mis “huérfanos” (iojanan, M., vuestra orfandad me abruma y reconforta y vosotros, amigos que me habéis reprendido por otros medios, gracias por no olvidarme), pues cada lunes, he colgado escrupulosamente en silva de varia lección (la otra página que alberga la quimera) los artículos que iba publicando en “La Gaceta de los Negocios” con puntualidad mercenaria. Tal vez hubiera debido –y eso haré a partir de ahora- poner el enlace en mi página principal. Así no podré resistir la tentación de completar la entrada, aunque sea brevemente. ¡Como si no hubiera material fuera y dentro de nuestras fronteras para nutrir nuestro imaginario! Tal vez ese exceso de material haya supuesto también un problema a la hora de escoger tema… ¡Pero basta de excusas! Como decía John Ford en “La legión invencible”, disculparse es un signo de debilidad y no es precisamente el momento de aflojarse.
Empezaré por lo que no comenté en abril, mes que pasé casi por entero en Francia y en Bélgica y hace tiempo que no saqué tanto provecho de un viaje que fue mitad de vacaciones y mitad de trabajo. Eran los días anteriores a las elecciones francesas y pude palpar muy de cerca la repelente ñoñería de la izquierda y la vitalidad de la derecha. Vi cómo la que se pretendía Juana de Arco se convertía en la madrastra de Blancanieves y como el “lobito bueno” desdeñaba comérsela en persona para entregarla a las fauces de las urnas. Visité Port-Royal-des-Champs, sus desoladas aunque ordenadas ruinas. Paseando por La Solitude, me hice la ilusión de que captaba la « presencia real», el solitario desdén de esos señores y señoras jansenistas a los que tanto odiaba Luis XIV y pensé en José Jiménez Lozano, que los añora y que tanto ha hecho para contagiarnos a los demás esa admiración, esa añoranza. Por la tarde rematamos esa visita, realmente campestre (¡qué bien se portó la naturaleza aquel día transparente y lavado!) honrando la memoria de los alumnos más aventajados de ese interesante movimiento espiritual, los señores Pascal y Racine, cuyos restos reposan en la iglesia de Saint-Étienne-du-Mont, en español San Esteban del Monte, o montés, que me gusta más. Esa iglesia es sensacional y constituye el epicentro de lo que un personaje de la novela de Max Gallo que estoy traduciendo denomina “el Círculo Sagrado de París, que es como decir de Francia”, formado, además de por la citada iglesia, por Notre-Dame del Sena, las arenas de Lutecia, las murallas de Felipe Augusto, la Sorbona, el Panteón y la antigua vía romana que ahora es la rue Saint-Jacques (la de la torre vacilante del poema de André Breton). Para rematarlo en San Esteban están las reliquias de Santa Genoveva, la patrona de París que salvó a la ciudad de las hordas de Atila. Como creo que me estoy pasando (y hasta puede que cometiendo una indiscreción editorial) me callo por hoy y confío que por poco tiempo.
Publicado el 23:04 en Literatura | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
Me cuenta un testigo directo que, en Medellín, durante el ya clausurado IV Congreso de la Lengua, Mercedes Cabrera, ministra que es de Educación del gobierno de Zapatero, inició su único discurso con la siguiente cita: “como dice la Biblia, en el libro del Génesis, en el principio fue el Verbo”.
Juan, el Evangelista, cuando escribió estas palabras no podía sospechar que iba a ser descubierto su plagio tan fácilmente. Lo cierto es que los representantes de las muchas academias que tiene nuestra amada lengua se daban codazos y cierto rector español, cuyo nombre me encantaría poder decir, pero ¡ay! omitiré, comentó: “menos mal que los medios no se han dado cuenta”. Los medios no, pero los asistentes sí y a nadie se le pide secreto de confesión en esos cotarros, que yo sepa.
Lo de confundir a los clásicos tiene una larga tradición socialista. La anécdota de Felipe González, acariciando una testa infantil llamada Héctor y felicitándose de que la gente pusiera a sus hijos nombres “bíblicos”, es casi una leyenda urbana.
Por su parte, Rosa Regás, siempre docta, explicaba a una de sus famosas nietas que Barrabás, del que la niña no había oído ni hablar, era uno de los ladrones que crucificaron junto a Jesucristo, y lo ponía como ejemplo de lo desinformada que está la juventud en materias tan importantes para el “imaginario” literario. A la pobre la educaron en la más rancia tradición nacionalcatólica pero hace ya tanto que se le habían olvidado los detalles.
Porque, según ha contado la gran escritora a un periodicucho de su cuerda –esto es de extrema izquierda- de Buenos Aires, a ella siempre la ha perseguido la ultraderecha. Y lo siguen haciendo, de forma que cuando sale a la calle, en Madrid claro, la gente la escupe y la insulta. Los taxistas la echan de sus vehículos en cuanto la reconocen –sabemos lo ilustrado que es el gremio- y doquiera que vuelva sus ojos no encuentra más que desprecio a su alrededor. Todo porque ella es muy valiente, muy roja y sobre todo muy importante, y porque Madrid está lleno de ultraderechistas.
Cada vez que la invitan al extranjero la buena señora no pierde la ocasión de renegar de su país y de rebajar el valor de nuestra democracia. Supongo que al leerla creerán que Zapatero gobierna de milagro, cercado por un lobby fachendoso que le impide sacar a todos los criminales de la cárcel y llevar adelante su fabulosa Alianza de civilizaciones… en Afganistán. La niña mimada de todos los regímenes, ingrediente de todas las sopas, jaleada, premiada y recompensada bajo Franco, bajo el PSOE y bajo el PP, quiere seguir llamando la atención de sus compañeros de juegos, quiere ser patética, y vaya si lo consigue.
Publicado el 23:56 en Actualidad, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (7) | TrackBack (0)
Ayer, día que el gobierno convirtió en "el día de la Bestia", mientras la gente se dirigía indignada hacia el Ministerio del Interior para protestar por la infamia, yo asistía, a unos pocos metros de ahí, a la presentación del libro de José María Calleja, Castro, la mentira barbuda. La transición de Cuba a la democracia. La sala no estaba ni la mitad de llena que si el libro hubiera tratado de lo que se le supone “lo suyo”, es decir, el País Vasco, pero tampoco estaba vacía. Calleja narra en el libro lo que él ha visto en sus viajes a Cuba, la pegajosa realidad de un país bajo vigilancia intensiva, donde hay todavía 24 periodistas encarcelados, como mencionó Raúl Rivero, que le servía de presentador y que, como recordarán, escapó de esas mismas cárceles, entre otras cosas por la presión española. Una operación de salvamento que inició el PP y que remató el PSOE en la graciosa personita de Trinidad Jiménez, ingerencia que no sé si le habrán perdonado todavía, pero recuerdo con qué alegría presentaba ella al poeta, recién llegado a España, al “todo Madrid”, acompañada de Carmen Calvo y ninguneando, como suelen hacer los políticos, en particular, los de izquierdas, a quienes les precedieron en esa misión salvadora, como si la idea fuera enteramente suya. fue, recuerdo, un acto semiclandestino, en el que no hubo convocatoria pública y las invitaciones se hicieron por teléfono, lo que no impidió que hubiera un importante despliegue de "medios amigos". ¡Y los organizadores pretednían que aquel acto no fuera "político" sino "literario", como si tal cosa fuera posible estando esas señoras y Fidel Castro en juego. Ellas de cuerpo presente y él por alusiones. “Como un cura casposo del régimen nacionalcatólico del franquismo, Ramonet lleva viviendo años del cuento de amenazarnos con el fin del mundo por culpa del pecado del capitalismo y sigue defendiendo, a fecha de hoy, el paraíso de Fidel. Ese reducto exótico, esa dictadura con barba que ha plantado cara al enemigo principal: Estados Unidos.
Ramonet defiende a Castro como quien acaricia un bob tail con una copa de bourbon en la mano y la chimenea encendida al fondo del salón del chalé.”
Magnífica de veras esta cala que augura lo mejor sobre el libro. Y si hicieran falta más argumentos, baste el hecho de que aquellos mismos que en su momento aplaudieron la biografía “a dos voces” de Castro/Ramonet, califican con mucho desprecio al libro de Calleja de “flojito”. Tengo que reconocer que Calleja, que no es santo de mi devoción, no se mordió la lengua en esta ocasión, ni cuando habla del País Vasco, ni cuando habla de Cuba. Para plasmar su poco aprecio al régimen cubano llegó a afirmar prefería morirse de aburrimiento tomándose un café con leche en Suiza que “divertirse” de lo lindo bebiéndose un daiquiri en la Isla desafortunada, lo cual me recordó aquella frase de González cuando dijo –antes de la caída del Muro- que prefería morir de un navajazo en una esquina de Nueva York que vivir un día en la Unión Soviética (o algo parecido). Calleja , que trabaja donde trabaja (CNN plus) y que sigue considerándose de izquierdas (enfermedad de la que acaban siempre por “curarte”), mencionó los penosos acontecimientos del día, es decir, la victoria de ETA, quejándose de que le habían hundido ese acto de presentación y que estaba visto que no podía quitarse la chapela ni un segundo de su vida desde hacía veintitantos años. Acto seguido, muchos de los que ahí estaban se fueron al Ministerio del Interior, menos yo que me fui a la radio, porque tenía que hablar de un libro de un escritor rumano, Max Blecher, el cual, a pesar de estar a años luz de todo lo que pueda tener que ver con la política y la prosa de la vida (lírica pura), sin embargo tiene un título que le hacía disparatadamente oportuno respecto a lo que estaba ocurriendo ese día en nuestro país y en el mundo: Acontecimientos de la irrealidad inmediata
Otrosí,
Publicado el 22:32 en Cuba, Literatura | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)
El 23 de febrero no sólo se recuerda el infausto y felizmente fallido golpe militar que lleva su nombre, también se conmemora la fiesta de San Policarpo, obispo de Esmirna y padre de la iglesia primitiva. Policarpo nació hacia el año 60, siendo emperador Vespasiano y fue cristianado bajo Tito. Es un testigo de segunda generación, para entendernos, pues conoció a muchos de los que trataron a Jesús en la intimidad. Fue discípulo de San Juan Evangelista, como también San Ignacio y precisamente fue el Apóstol quien les nombró obispos de Esmirna y Antioquía, respectivamente. Cuando Ignacio pasó por Esmirna, camino de Roma y del martirio, Policarpo tuvo ocasión de abrazar a su antiguo condiscípulo, el cual se apresuró a encargarle que escribiera en su nombre a los fieles de Oriente, para mantener viva y unida a la Iglesia. El resultado fue una famosa carta de Policarpo a los Filipenses, de cuyas excelencias se hacen eco, entre otros, San Ireneo y San Jerónimo y que fue muy leída en las iglesias en tiempos de este último. A los ochenta años, Policarpo viajó a Roma para visitar al papa Aniceto y conseguir unificar la fecha de la Pascua en Oriente y Occidente, acuerdo que no llegó a fraguarse a pesar de la coincidencia de objetivos. En tiempos de Marco Aurelio, Policarpo, ya muy anciano, fue condenado a morir en la hoguera, lo que hizo en olor de santidad pues, según los testigos, las llamas se apartaron de su cuerpo, que despedía un fuerte olor a incienso, de forma que los sicarios del procónsul tuvieron que alancearle para terminar con su vida.
San Policarpo no sólo ha llamado la atención de eruditos e historiadores; algunos rasgos de su carácter, como por ejemplo la sencillez y frescura de sus prédicas, unidas a la indignación que le producía cualquier herejía –y había muchas–, fueron transmitidos por su discípulo Ireneo (Herejías) y recogidos con entusiasmo por Flaubert. Es conocido el interés de este gran novelista por la hagiografía –ahí están Las tentaciones de San Antonio y La leyenda de San Julián el Hospitalario para demostrarlo–, así como el desdén que sentía por su propia época, hasta el punto de que (creo que lo he comentado ya muchas veces) clasificaba la Historia en tres etapas: “Paganismo, Cristianismo y Estupidismo” y emprendió la ingente labor de recoger toda suerte de estupideces en un "tontario". Por tanto, no es de extrañar que repitiera constantemente las palabras que profería San Policarpo cuando le poseía esa “santa indignación” mencionada por San Ireneo: “¡Dios mío, Dios mío! ¡En qué época me has hecho vivir!”. Los amigos del escritor, contagiados por esa admiración, celebraban con él, cada 23 de febrero, “la san Policarpo”, durante un banquete algo rabelesiano donde despotricaban contra las costumbres de la tan denostada época que les había tocado soportar a su vez. El amado discípulo de Flaubert, Guy de Maupasant, llegó incluso a imprimir un papel de cartas para las invitaciones, con una imagen del santo, rareza de la que encontré un ejemplar por pura chiripa y que he intentado escanear para reproducirlo aquí; en él se puede ver al santo, cuya ingenuidad ha sido perfectamente captada por el artista, en actitud de alarmada perplejidad, y en torno a su imagen la famosa admonición: "Mon Dieu, mon Dieu, dans quel temps m'avez vous fait vivre!"
Otrosí,
Publicado el 22:08 en Actualidad, Literatura, Religión | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
Recuerdo que en la película de Eric Rohmer, Aventures de Reinette et Mirabelle, las dos protagonistas, Reineta y Mirabel (y traduzco sus nombres porque la pretensión del autor era referirse a esos dos frutos), discuten si es mejor la corte o la aldea. Mirabel, que es una urbanita irredenta, no soporta el silencio del campo y Reineta, que es de pueblo, le contesta que nada hay más bullicioso que la naturaleza, excepto justo antes del alba cuando, sólo por unos segundos, todo calla. Y la lleva a su pueblo para que compruebe que los insectos, pájaros, animales de la granja, el viento, la lluvia, los torrentes, así como los ruidos del trabajo doméstico y rural, que se van apagando conforme discurre el día, sólo se detienen por completo en ese preciso y brevísimo momento del que prácticamente nadie es consciente.
Que el silencio se oye, lo sabemos todos cuando cambiamos el tráfico de nuestras ciudades por esa mansedumbre. ¿Oyes el silencio? –preguntamos a quien nos acompaña, o lo pensamos si vamos solos– cuando llegamos a algún remanso de paz. Sólo después se empieza a distinguir hasta qué punto ese silencio está poblado de gamas distintas de sonidos que nunca llegan a molestarnos. Por lo cual se podría decir que el silencio es la ausencia de ruidos molestos y ahí entramos en la plena subjetividad. ¿Molesta el ladrido de un perro? A mí no, y junto a los ruidos que detallaba Reineta, los ladridos en la noche (sobre todo si son aislados) también simbolizan para mí el silencio del campo. Pero nada representa mejor al silencio que ver comunicarse a los sordos entre sí, con su expresivo lenguaje de signos: la contemplación de esa verdadera isla de silencio total en contraste con el bullicio que les rodea, y al que ellos permanecen completamente ajenos, acolcha mis sentidos auditivos con tanta acuidad como lo pueda hacer un día de niebla.
Todo esto para llegar a que hace unos días vi el documental de Philip Gröning, El gran silencio, sobre la vida de los monjes en la Cartuja de Grenoble. Es una película larguísima y lo parece. El director nos hace sentir el peso de cada uno de los minutos transcurridos visionándola. Y aun así entiendes que no has captado ni la mitad de lo que debe ser ese remedo de la eternidad que practican en vida los cartujos, como si estuvieran escenificando acá, con toda su humana torpeza, lo que les aguarda en el más allá una vez que hayan sido juzgados, perdonados y recompensados. Al ver y oír todo ese silencio sublimado pensé en dos citas literarias. La primera es de Rimbaud y muy famosa: Elle es retrouvée, quoi? L’Éternité, c’est la mer allée avec le soleil (Ha sido encontrada, ¿el qué? la Eternidad, es el mar que se ha ido con el sol); la segunda es mía y corresponde al final de La Asamblea de los muertos: “Silencio: solidaria paciencia de lo vivo rindiendo su tributo ante lo muerto, Secreto: rincón sagrado de imposible perdón. Soledad: agudo son de cristal atravesando el tiempo limpiamente.”
Publicado el 12:11 en Cine y televisión , Literatura | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
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