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15/04/2006

Comentarios

Enrique Pérez Mengual

Julia, después de leer tu última entrega, busqué un libro que desde hacía años no había vuelto a leer y que me pareció que venía muy a cuento. Se trata de "Cartas del diablo a su sobrino" de C. S. Lewis. Lo que más me gusta de este librito es la idea de que tenemos asignado un subalterno del reino de las sombras cuya encomienda principal es mantenernos "seguros" y "perdidos", incapaces de sentir eso que otro inglés definió como "ese algo despreciable que esconde todo escepticismo inactivo". Si lo recuerdas, el librito se cierra con un discurso en el Infierno, en la Cena Anual de la Academia de Entrenamiento de Tentadores para diablos jóvenes (me lo imagino como algo parecido a la fiesta de los Goyas, pero más divertido). La intervención corre a cargo de Escrutopo, un "diablo de mucha experiencia": en ella alude a que en ningún lugar tientan con tanto éxito como en las mismas gradas del altar. ¿Será verdad, como dice Escrutopo que "la delicada flor de la atrocidad sólo puede crecer en la proximidad de lo Santo"? Desde luego lo que no es casualidad es que, después de aquella experiencia atroz de la 1ª Guerra, Lewis y otros muchos se convirtieran. Comentas que la edad puede tener que ver con tus actuales inquietudes religiosas.Es probable. Vuelvo al libro de Lewis. Viene a decir Escrutopo a su discípulo: dejemos que el hombre crea que el tiempo es propiedad suya, que no advierta que no puede hacer ni retener un solo instante de tiempo, que no se percate de que "todo el tiempo es puro regalo". Efectivamente, es lógico que muchos nos identifiquemos con ese personaje de Woody Allen que quiere pertenecer a una iglesia como la católica, solvente, con tradición, a ser posible dentro de la facción menos rígida, porque, como dice su personaje: "sé que la palabra "quizás", es una percha demasiado débil para colgar en ella toda una vida"

javier

Y he comprobado que no se pierde el tiempo yendo a misa. Aunque el otro día un amigo me manifestaba su rabia de que las iglesias estuvieran llenas. Y a ti qué más te da, le respondí. A mí no me gusta el fútbol (a mis hijos, sí) y me la suda por completo que los estadios se abarroten.

javier

No hay que interrogarse tanto. Si lo sabré yo, que no paro de darle vueltas al asunto... para no parar en nada... o en lo de toda la vida...

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