Publicado en Libertad Digital (Dragones y Mazmorras) el 15 de febrero de 2003 con el título de "Paz en la guerra. 2".
Ya sé que no estamos en primera línea, pero parece que estuviéramos en el frente. Al menos ahí nos ha llevado la multitud exasperada que se ha echado a la calle para declarar la guerra a la guerra, ya que no han podido impedirla.
Aquí es donde han empezado a perder toda razón, porque ahora ya no son opinión, sino masa y, como decía Kierkegaard, un individuo puede equivocarse, la muchedumbre, siempre. Me van a permitir que, una vez más, de la palabra a la mujer de mis desvelos, la sin par doña Emilia Pardo Bazán, pues estoy empardobazanada de varios meses y en algo se ha de notar hasta que llegue a término (espero que felizmente) el alumbramiento de lo que sobre ella estoy preparando.
No soy enemiga de la guerra —dice esta incomparable mujer—. Al contrario, juzgo que es un factor importantísimo de la civilización; que sin las guerras médicas no hubiera llegado la cultura griega a su apogeo; que sin las púnicas no hubiera prevalecido el mundo latino sobre el africano —¡y apenas significa y representa este suceso en el desarrollo histórico! — que sin las germánicas y coloniales romanas, el Cristianismo no se hubiera extendido tan rápidamente; que sin las de la Reconquista no existiría España, y sin la de la Independencia no tendríamos Edad Moderna, propiamente dicha, aquende el Pirineo.
Esto se puede leer en el libro titulado Al pie de la Torre Eiffel, crónica de la Exposición de París de 1889, artículo que le valió la indignación de los militares españoles pues lo que sigue es un varapalo ingeniosísimo contra la guerra en la paz, es decir, contra los militares convertidos en barrigudos funcionarios. Uno de ellos (me refiero a los primeros, no a los segundos), indignado, escribió una réplica titulada Al pie de la Torre de los Lujanes que le dio pie a ella para escribir una contrarréplica impagable, incluida en ese mismo volumen.
Pero volviendo a lo que les quiero decir: estas palabras las suscribiría yo punto por punto y añadiría que sin la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, no se hubiera podido detener el nazismo y sin la guerra actual no se podría detener el terrorismo y el avance en Occidente del islamismo, ya sea integrista o no, pues incluso el que no lo es, es para nosotros malo y para las mujeres, pésimo sin excepción, por lo que supone de amenaza a nuestra condición de seres libres, luego humanos. Aunque yo fuera pacifista y reprobara la guerra —actitud perfectamente respetable— una vez empezada ésta desearía que todo acabara para bien para los que defienden y representan mis valores. Pero no es así, como lo demuestran las pancartas de “Sadam te quiero” o “Ni americanos, ni judíos, no a los pueblos elegidos” que esgrimen los que nos han traído hasta aquí el frente, como decía al principio.
Gracias por tu entusiasmo, José Luis. A ver si me cunde el verano, porque como decía Ortega, "el campo embrutece"...
Publicado por: Julia Escobar | 30/07/2017 en 10:53
¡FANTÁSTICO!. Espero con ansiedad ese 'alumbramiento', porque yo también soy 'forofo' de Dª Emilia, el único retrato femenino que tenemos en la 'Galería de Retratos' del Ateneo de Madrid.
Publicado por: José Luis Millán | 22/07/2017 en 11:00